Chapter 12
XI
Unos días después de la visita de las medialunas, Valeria llamó una noche, más tarde de lo habitual, con una risa cansada de fin de jornada.
—Mamá, tengo una consulta rara. A Fran le dieron un trabajo del colegio, un árbol genealógico, tiene que traer nombres y fotos hasta los bisabuelos. ¿Vos tenés fotos de tus padres, de los de Rubén? Necesito armarle el cartel para el viernes.
Nora dijo que sí, que tenía, que se las buscaba y se las mandaba con Valeria el fin de semana, y anotó, en un papel al lado del teléfono, los nombres que hacían falta: sus propios padres, los padres de Rubén, un tío abuelo del que Fran, evidentemente, necesitaba una foto para completar una rama del árbol que la maestra exigía completa.
Colgó, y se quedó un rato mirando el papel con los nombres anotados, pensando en la cantidad de árboles genealógicos del mundo entero que se arman así, con fotos de gente que tuvo hijos y siguió la cadena hacia adelante, sin ningún casillero para la gente que no tuvo la oportunidad de tenerlos, sin ninguna rama, por chica que fuera, reservada para alguien que apenas llegó a vivir veintitrés años y que sin embargo, de una manera que ningún árbol genealógico del mundo iba a poder mostrar nunca, también era parte de por qué Nora había terminado siendo, con exactitud, la persona que era.
No le mandó ninguna foto de Beatriz a Valeria esa semana, por supuesto, ni se le ocurrió que pudiera hacerlo.
Pero esa noche, buscando entre las fotos de los padres de Rubén para el cartel de Fran, se topó, sin buscarla, con la fotografía de Marta que Rubén había guardado en la caja de Cecilia, y pensó que a esa mujer tampoco le tocaba ningún lugar en ningún árbol genealógico de nadie, salvo el que Cecilia, algún día, decidiera dibujarle a mano, sin que ninguna maestra se lo pidiera.