La versión de Nora 35. No rellenarlo #2
81%

35. No rellenarlo #2

—En las entrevistas consta además que Nora expresó temor a parecerse a su padre.

Daniel se puso en pie casi de inmediato.

Nora sintió que se le encogía el cuerpo antes incluso de entender hacia dónde iba la discusión. Tiempo después había conseguido ponerle nombre a aquel miedo: no temía solo acabar en prisión, sino descubrir que había heredado de Tomás algo que no sabía controlar.

El juez permitió que la cuestión se tratara únicamente desde una perspectiva psicológica, sin convertirla en una inferencia sobre culpabilidad. La fiscal preguntó entonces si era habitual que una persona que había crecido junto a un agresor temiera reproducir comportamientos semejantes.

—Puede ocurrir —respondió la especialista—, pero ese temor habla de cómo la persona se percibe a sí misma, no de que vaya a comportarse como su agresor.

—¿El miedo, por tanto, no demuestra que se parezca a él?

—No. Describe un miedo.

Nora respiró despacio y notó que la tensión de los hombros empezaba a ceder.

La fiscal había intentado tender una línea entre Tomás y ella, pero la psicóloga se negaba a alargarla más allá de donde llegaban los datos.

Resultaba perturbador comprobar que una misma historia podía explicar por qué una persona había sufrido y, con apenas unas palabras desplazadas, servir para insinuar que acabaría pareciéndose a quien la había hecho sufrir.

Cuando la fiscal terminó, Daniel pidió formular unas últimas preguntas. Guardó unos segundos de silencio antes de acercarse de nuevo a la perita y redujo todo lo anterior a una sola pregunta.

—Si una persona no puede reconstruir de principio a fin un espacio de once minutos, ¿esa discontinuidad permite concluir que cometió aquello de lo que se la acusa?

—No.

—¿Permite concluir que no lo cometió?

—Tampoco.

—Entonces, ¿qué debería hacerse con ese vacío?

La especialista miró hacia el jurado antes de responder.

—No rellenarlo con una hipótesis. Si existen datos externos, deben examinarse: horarios, comunicaciones, pruebas físicas, información médica, testimonios.

La ausencia de memoria no contiene por sí misma una explicación de lo ocurrido.

Utilizarla como si fuera una confesión sería tan incorrecto como utilizarla como una coartada.

Daniel esperó antes de formular la última pregunta.

—¿Una memoria fragmentada es necesariamente una memoria falsa?

—No. Puede ser incompleta, puede contener errores y debe tratarse con cautela, sobre todo cuando los recuerdos aparecen después de mucho tiempo.

Pero no recordar una parte de lo sucedido no convierte a una persona en mentirosa.

Mentir implica afirmar deliberadamente como cierto algo que se sabe falso.

Nora permaneció inmóvil.

Había pasado años creyendo que los espacios vacíos de su memoria eran lugares que otros podían ocupar. Tomás lo había hecho después de la noche de su infancia; desde la muerte de Inés, la investigación había intentado hacer algo parecido con los once minutos.

También Nora había caído en esa lógica: había buscado recuerdos como si solo mereciera ser creída cuando pudiera ofrecer una versión completa y sin fisuras.

No necesitaba convertir cada hueco en una certeza.

El juez suspendió la vista durante unos minutos antes de continuar con las siguientes periciales.

En cuanto el jurado abandonó sus asientos, el murmullo regresó a la sala y varias personas del público se levantaron para salir al pasillo.

Nora buscó a Aurora, pero la tercera fila estaba vacía; probablemente había salido también durante la pausa.

Daniel recogió lentamente sus papeles.

—Ha ido bastante bien.

—Ha dicho que podría haber hecho cosas durante esos minutos.

—Porque es verdad.

Nora lo miró. Agradeció que no intentara suavizarlo.

—También podría haber matado a Inés.

Daniel sostuvo su mirada antes de responder.

—La perita ha dicho que una laguna permite afirmar que pudiste actuar. No permite decidir qué hiciste. Esa es la diferencia importante hoy.

Nora dejó escapar el aire con una sonrisa mínima que desapareció enseguida.

—A veces haces que parezca sencillo.

—Llevo tantos meses ordenando esto que ya no sé pensarlo de otra manera.

Nora se relajó durante unos segundos. Después Daniel recuperó la seriedad y cerró la carpeta de la psicóloga.

—La fiscal necesitaba que el jurado entendiera dos cosas: que la amnesia no te excluye físicamente del crimen y que tu pasado podría asociarse a una pérdida de control. Lo primero es cierto. Lo segundo tendrá que demostrarlo con algo más que una historia.

Nora miró hacia el lugar por el que habían salido los jurados.

—Cuando declare, quiero explicar lo de mi padre.

—Te preguntarán.

—No me refiero a contestar cuando me obliguen. Quiero decir que tuve miedo de parecerme a él. Si la acusación va a utilizarlo, prefiero que sepan qué significaba realmente.

Daniel permaneció callado unos segundos.

No intentó disuadirla ni la felicitó por la decisión.

Nora reconoció en aquel silencio una de las razones por las que había terminado confiando en él: cada vez con mayor frecuencia, Daniel se limitaba a comprobar que las decisiones importantes fueran realmente suyas.

—Lo prepararemos —dijo finalmente—. Pero sin convertirlo en una explicación de lo que no sabes.

—Eso ya lo he entendido.

Un funcionario se acercó para avisarles de que la sesión se reanudaría en pocos minutos. Daniel abrió entonces una carpeta gris que había permanecido debajo de las demás desde primera hora y la dejó sobre la mesa. Nora reconoció el encabezado de medicina forense y volvió a ponerse tensa.

—¿Qué viene ahora?

Daniel pasó el pulgar por el borde de las hojas sin abrir todavía el informe.

—Ahora dejamos durante un rato tu memoria en paz.

—¿Y hablamos de qué?

—De Inés. De las pruebas forenses. Y, sobre todo, de la hora en que murió.

No necesitó añadir nada más.

Durante meses, los once minutos habían ocupado el centro del caso porque eran el único lugar al que nadie podía entrar, y la acusación había aprendido a utilizarlos precisamente por eso.

Nora había acabado creyendo que la respuesta capaz de demostrar su inocencia tenía que estar allí, escondida en algún rincón de su propia mente al que todavía no sabía regresar.

Mientras Daniel abría el informe forense, comprendió que quizá la siguiente respuesta no dependía de recordar.

Si el cuerpo de Inés podía ayudar a determinar cuándo había muerto, aquella pregunta podía responderse con datos objetivos.