La versión de Nora 32. La filtración #2
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32. La filtración #2

A las siete y diecinueve, la misma web que había publicado la identidad de Tesa sacó una segunda noticia.

El titular decía que la defensa intentaba presentar como pago corrupto un servicio de seguridad contratado para un acto institucional.

Debajo aparecía una fotografía parcial de la hoja de Inés.

La cantidad de Arco Seguridad estaba rodeada por un círculo oscuro, irregular al cerrarse junto al último dígito.

Daniel reconoció la marca antes de ampliar la imagen. Era Baeza.

Guardó la página completa, la dirección y la hora, pidió a un servicio de certificación que dejara constancia de la publicación y comparó la imagen con la fotografía que había tomado antes de entregar las copias.

El círculo coincidía, incluso en una pequeña prolongación que rozaba la columna de la fecha.

Aquella hoja no había pasado por la plataforma judicial, no se había enviado por correo y no figuraba entre los documentos aportados.

Daniel se la había dado en mano al inspector.

Aun así, eso no probaba que Baeza hablara directamente con Leza.

La hoja podía haber salido de su mesa a través de otra persona, con su permiso o sin él.

Lo que sí podía sostener era más limitado y suficiente para actuar: la copia confiada al responsable de la investigación había abandonado el cauce acordado y terminado en una noticia que ofrecía, antes de cualquier comprobación, una explicación favorable al entorno de Leza.

Daniel presentó un escrito urgente. Adjuntó las tres fotografías, una relación fechada de cada entrega y las dos publicaciones.

Solicitó preservar los registros de acceso y comunicación relacionados con la copia, apartar a Baeza y a su grupo de las diligencias todavía pendientes sobre el teléfono y la escena, y encomendar su práctica a otra unidad mientras se investigaba la salida de información.

No pidió detener al inspector ni afirmó conocer al destinatario final.

Definió únicamente el riesgo: si quien recibía cada solicitud podía anticiparla, ninguna conservación de pruebas llegaría a tiempo.

Baeza lo llamó menos de una hora después. No preguntó por la noticia ni por el origen de la fotografía. Dijo que repartir copias distintas para poner a prueba a los investigadores era una maniobra impropia y que Daniel tendría que explicar ante el juzgado por qué había ocultado la estrategia.

—No he alterado una sola línea de la hoja —respondió Daniel—. Tampoco he presentado tres versiones al procedimiento.

—Ha intentado tender una trampa a quienes están cumpliendo órdenes judiciales.

—Le entregué una copia de trabajo y le pedí que no saliera de su mesa. Esta mañana estaba publicada.

Al otro lado hubo un silencio breve. Daniel recordó la primera declaración de Nora y aquella manera del inspector de esperar a que ella dudara para ofrecerle una frase más conveniente.

—No sabe quién tomó esa fotografía —dijo Baeza.

—Por eso he pedido que lo investiguen.

Baeza terminó la llamada sin necesidad de amenazarlo.

Había convertido la advertencia en una descripción bastante clara de las consecuencias profesionales que podían caer sobre Daniel si el juez rechazaba su razonamiento.

Meses atrás, aquel riesgo habría bastado para hacerlo revisar el escrito en busca de una retirada digna.

Esta vez lo leyó únicamente para comprobar que cada afirmación seguía pudiendo sostenerse.

La resolución provisional llegó al final de la tarde.

El juez ordenaba asegurar los registros y requería a la jefatura policial la designación de un equipo diferente para las actuaciones digitales pendientes.

La posible revelación de información se investigaría en un procedimiento aparte.

Baeza no quedaba declarado culpable de nada; simplemente quedaba apartado de las diligencias que aún estaban pendientes.

A Nora no le sorprendió que hubiera sido Baeza. Se quedó quieta al otro lado de la mesa, como si el nombre del inspector la hubiera devuelto también a la sala de comisaría, la pantalla donde ordenaron sus mensajes y aquella frase que intentaron escribir por ella.

—Él ya sabía lo que tenía que preguntarme —dijo.

—Dirigió el interrogatorio y recibió la copia que se filtró. Aún tenemos que demostrar qué más hizo y con quién habló.

—Pero ya no puede leer lo siguiente antes que nosotros.

Daniel pensó en los funcionarios y agentes que seguían teniendo acceso, en las copias que podían haberse hecho y en una organización que no dependía de un solo hombre.

—Hemos cerrado una vía. No todas.

Nora asintió. Era consciente de que habría más personas implicadas.

Cuando Daniel volvió al despacho, encontró tres llamadas de Marta Rius. La cuarta entró mientras dejaba la cartera en el suelo.

—Han autorizado que repita el examen con la copia de contraste fuera de la unidad de Baeza —dijo la perita—. El índice no mostraba todo lo que había dentro.

Daniel miró la carpeta donde conservaba las tres versiones. Dos no habían dejado de ser hojas de trabajo. La tercera, en cambio, había señalado por dónde estaba escapando la información.

—¿Qué ha encontrado?

Marta tardó apenas un segundo en contestar.

—No quiero explicarlo por teléfono. Ven al laboratorio.