Capítulo 12
La pulsera de la luna
La fotografía en color que habían encontrado en la consigna llevaba dos días sobre la mesa sin examinar a fondo. Adrián la cogió aquella tarde y la observó durante varios minutos. Después dijo:
—Mira esto.
En la muñeca izquierda de Isabel: una pulsera plateada con un colgante en forma de luna creciente. El mismo símbolo que aparecía en el membrete de varios documentos internos del Proyecto Herencia.
Y en el logo de la Fundación Valverde.
—No es un símbolo genérico —dijo Elena.
—No. Es específico. Lleva décadas siendo el mismo.
—Estaban juntos —dijo Elena.
—La forma en que Isabel escribe sobre él en la declaración... hay algo personal debajo. Algo herido.
—Alguien que te ha traicionado no es lo mismo que alguien que simplemente te ha hecho daño.
—No. Para que haya traición primero tiene que haber confianza.
Silencio. Un silencio de los que tienen peso.
—Adrián —dijo Elena—. ¿Estás bien con todo esto? No hablo de la investigación. Hablo de lo que estás descubriendo sobre Gabriel.
Adrián tardó en responder.
—Mi abuelo pasó treinta años intentando hacer lo correcto y no terminó de conseguirlo. Eso es difícil de ver. Pero lo entiendo. A veces la verdad llega tarde. —Pausa. —Pero llega.
—Pero llega —repitió Elena en voz baja.
Se miraron. Fue uno de esos momentos sin nombre preciso. Cuando ves en el otro una manera de entender el mundo que se parece a la tuya de una forma que no esperabas encontrar.