Capítulo 13
Necesarios
Las llamadas nocturnas empezaron sin que nadie las propusiera.
La primera fue de Elena, a las once de la noche, para comentar un dato nuevo. Hablaron cuarenta minutos sobre la investigación. Y después siguieron hablando sobre otras cosas. Sin agenda. Sin propósito concreto.
La segunda llamada fue de él. Medianoche. Le leyó un artículo académico en voz alta mientras Elena tomaba notas. Después ella le leyó un fragmento del artículo y Adrián dijo exactamente lo que necesitaba cambiar y por qué, sin suavizarlo.
Era bueno en eso. En decir lo que pensaba sin que sonara a ataque.
Una noche Adrián preguntó:
—¿Hay alguien?
Elena tardó en entender la pregunta. Cuando la entendió, algo en su pecho hizo un reajuste.
—No. Hubo alguien hace dos años. No terminó bien.
—¿Por qué?
—Porque trabajo demasiado y me implico demasiado y no siempre estoy donde se supone que debo. —Pausa. —¿Y tú?
—Tampoco. Desde hace un año y medio. Descubrí que la persona en quien confiaba me había estado mintiendo. —Lo dijo sin dramatismo. —Tardé en verlo porque no quería verlo. Eso me enseñó algo sobre mí que no me gustó.
—¿Qué te enseñó?
—Que a veces confundo la lealtad con la ceguera voluntaria.
Silencio.
—Yo confundo la independencia con el miedo a necesitar —dijo Elena.
Largo silencio cómodo. Del tipo en que lo dicho flota entre dos personas y ninguna siente la necesidad de cubrirlo.
—Buenas noches, Elena.
—Buenas noches.
Colgaron. Elena seguía mirando el techo. Pensando en que acababa de contarle a Adrián algo que no le había contado a Jaquelinne, su mejor amiga desde hacía doce años.