La verdad del cuervo (Cristina Peterson 1) De Roberta para Roberta
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De Roberta para Roberta

Una no debería tenerle asco a su marido. Llevaba tres días pensando en ello; no le veía otra salida.

Así, sin venir a cuento, mi mundo se había ido a la mierda. Con un clic. Había sido un simple clic. Abrí el ordenador y de pronto todas las ilusiones, los planes para el futuro, la familia, todo se había ido por el retrete.

Lo que son las cosas, ahora no recordaba lo que estaba buscando, algo que en ese momento consideraba importante.

En la búsqueda de ese algo encontré la carpeta.

Era un tanto extraña, ni siquiera parecía una carpeta, el idiota había personalizado el icono con una mariposa de colores.

Estaba protegida, pero la clave no era la de siempre; eso también me resultó extraño.

Fotos de niños.

No recuerdo cuántas veces llegué a vomitar.

**** *

Nunca habíamos tenido un gran sexo. Lo hacíamos una vez al mes, más por cumplir que por necesidad. Ahora entendía por qué.

Habían pasado tres días desde que vi la carpeta por primera vez. No sabía cómo había podido esconder el asco. Dormir a su lado en la cama me resultaba insufrible. Tres noches.

En cuanto él se quedaba dormido y su respiración se volvía rítmica, me levantaba despacio, me volvía al salón y permanecía mirando el techo las horas que restaban para que amaneciera. Dormir se me hacía imposible.

Mi cabeza no paraba de darle vueltas, y por fin llegué a la única conclusión honesta conmigo misma y con mi conciencia. Tenía que pararlo, porque él no iba a parar.

Reprimiendo mis arcadas, me obligué a volver a mirar las fotos de nuevo. No había niños conocidos, lo que me hacía suponer que él no había hecho las fotos. No había dado el paso todavía, pero lo daría. Sabía cómo funcionaban esas cosas.

No me planteé ir a la Policía, la vergüenza sería demasiado grande. ¿Tenía que pagar yo por su depravación? El pueblo entero iba a mirarme a mí, sería la mujer del pedófilo lo que me quedara de vida.

Sabía lo que tenía que hacer.

Usaría ricina, se lo pondría en el café, que disimularía su sabor amargo. No existían pruebas para confirmar la exposición a la ricina. Su ingesta le provocaría un sangrado intestinal tan potente que en tres días sería fatal.

Tendría que esperar tres días más. Tres noches más.