Incertidumbre
Morderse el labio
Arrugar la frente
Entrecerrar los ojos
Me senté en la silla del despacho e inspiré varias veces para tranquilizarme. Miré la mesa, perfectamente ordenada: los bolígrafos en su lugar, la grapadora en la esquina superior derecha, todos los archivadores alineados. Revisé la mesa de nuevo.
¿Dónde coño estaban las cartas?
Mis manos comenzaron a temblar y el sudor impregnó mis axilas. Antes de que me diera cuenta, empecé a notar los latidos de mi corazón en los oídos.
Miré por todas partes. Levanté los montones de folios que mi primo tenía en el otro lado de la mesa y nada. Busqué en las estanterías, en el armario. Nada.
Intenté tranquilizarme. ¿Faltaba algo más?
Sí, todos mis apuntes para el simposio de Washington. OK, eso era más raro. Tal vez no tuviera nada que ver con el caso. ¿Quizás?
Salí como alma que lleva el diablo a la salita:
—Tía —casi grité, ella levantó la cara estupefacta—, ¿sabes dónde están mis documentos? Los que tenía encima de la mesa. No están. He buscado por todas partes .
—Tranquila, mi niña —dijo levantándose—. Están en el armario del despacho.
—No están —negué con una voz mucho más aguda de lo que esperaba—. He mirado por todas partes.
—Sí, hijita, sí. Espera que te lo enseño.
Despacio y ayudada por mí, la llevé hacia el despacho.
Abrió el armario y, como yo le había dicho, no había nada. Sin embargo, lentamente se agachó y abrió un pequeño cajón que estaba disimulado entre las vetas de la madera, y ahí se encontraban todos los documentos perdidos, ordenados a la perfección, y por supuesto, también las cartas.
Respiré profundamente, a fin de calmar unos nervios completamente alterados.
No entendía por qué a mi tía se le había ocurrido guardar todo ahí ni qué hacía ese cajón secreto en el armario, pero me sentí tan aliviada…
Una vez los deposité en la mesa, una absurda idea cruzó mi mente. Recordé vagamente la conversación con Marcela, todas esas prohibiciones. ¿Y si…?
No dediqué ni un segundo a madurar mi idea, cogí el teléfono y llamé a Rosa. Tenía que verla enseguida.