La verdad del cuervo (Cristina Peterson 1) Furia
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Furia

Piel enrojecida

Pies separados

Gritar

Era increíble. Increíble. Carlos era mi amigo, pero no se trataba de eso. Yo era experta en comunicación no verbal, podía reconocer a un pedófilo y Carlos no lo era. No lo era y no iba a permitir que lo trataran como tal.

Sin asegurarme completamente de si lo que sentía era emocional o racional, me dirigí como una fiera a la sala donde se encontraba la jueza preparando la declaración con el brigada Miñana.

Al entrar, supe inmediatamente que estaba metiendo la pata hasta el fondo, pero una vez allí, decidí que lo mejor era meterla del todo, al menos escucharían lo que tenía que decir.

Tanto la jueza como Miñana me miraron estupefactos por la interrupción. Nadie en su sano juicio entraría así en una reunión de ese calibre.

—Buenas —dije a modo de introducción—. Mi nombre es Cristina Peterson.

Me gustaría expresar mi más sincera repulsa por la detención del civil Carlos Escudero —dirigí mi mirada a la jueza—.

Le va a destrozar la vida a ese muchacho.

¿No lo entiende? Carlos no es el culpable de esos abusos.

Lo sé porque me dedico a la investigación en comunicación no verbal desde hace casi diez años y puedo asegurar…

No llegué a terminar la frase. El brigada Miñana se puso en pie de un salto y me sacó a empujones de la sala.

No dijo ni una palabra, pero su mirada… Su mirada mezclaba todo tipo de emociones: enfado, ira, decepción. Y, además, anticipaba que la cosa no iba a quedar así.

Me dio la espalda y cerró la puerta tras él.

Yo me quedé mirando la puerta como una idiota durante varios minutos. Hundida, decidí volver a casa de mi tía Asun, pero claro, la cosa no iba a resultar tan sencilla.