La verdad del cuervo (Cristina Peterson 1) Depresión
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Depresión

Mirada vacía

Movimientos letárgicos

Postura flácida

Me dirigí hacia el cuartel a todo lo que daban mis piernas —que no era mucho, teniendo en cuenta las cuestas que había en el trayecto— y nada más llegar subí a encontrarme con Rosa.

En el pasillo me crucé con el cabo Ojeda.

Me saludó con una sonrisa cínica. Automáticamente, mi cerebro lo registró como un acto sospechoso, pero no le di más importancia y seguí adelante.

Rosa se encontraba en su mesa, tenía la mirada perdida del que se encuentra tan superado por las circunstancias que no sabe ni por dónde empezar a moverse.

Cuando me vio, se levantó y me dijo que no era un buen momento, que estaba con otro tema importante.

No me amilané y le dije mirándola a los ojos:

—No me vengas con chorradas, Rosa. Tenemos que hablar.

Por mi tono, Rosa debió pensar que no le quedaba otra, me llevó a la sala del café y cerró la puerta.

—Muy bien, Cris, ya te has enterado.

—Sí, ya me he enterado —repetí con acritud—, ahora cuéntame todo lo que sabes.

—Carmen Ramírez, la madre de los monaguillos, presentó este lunes una denuncia en la que acusaba a Carlos de abusos sexuales a sus hijos.

Me pareció tan absurdo que no le di importancia, pero los compañeros que llevan el caso lo han investigado y han decidido que hay indicios suficientes para detenerlo —explicó Rosa con los ojos inundados en lágrimas—.

No me lo puedo creer, Cris, Carlos nunca haría algo así.

Asentí. Yo tampoco podía creerlo. Basándome en mi experiencia, Carlos no daba el perfil de abusador infantil.

—Esto no tiene ningún sentido, Rosa. No te preocupes, tus compañeros lo aclararán.

—Pero es que hay algo más, Cris —continuó Rosa—, Carlos tampoco tiene coartada para el día del asesinato.

—¿Cómo? Pero si dijiste que estaba confirmada.

—Eso fue antes de saber que Ojeda no la había comprobado.

Maldito imbécil —escupió Rosa con la voz temblorosa por la ira—.

Mintió, no llegó a verificarla y ahora no podemos dar con la chica.

Al parecer está en Andorra esquiando, con el teléfono desconectado por el famoso roaming .

Nos hemos puesto en contacto con el hotel, pero de momento nada.

—Con lo que Carlos vuelve a ser sospechoso del asesinato del padre Damián —dije pensativa.

—Sí. Miñana y yo vamos a interrogarlo ahora.