Negación
Levantar la cabeza
Frases cortas
Apartarse
Antes de dirigirnos a casa de Gisela, le pedí a Rosa que realizara una comprobación muy sencilla, pero que sería clave para enfocar adecuadamente el interrogatorio. La respuesta a esta llamada confirmó mi teoría; por fin estábamos llegando a alguna parte.
Gisela nos recibió mucho más nerviosa que en la ocasión anterior. Sospechaba que esta segunda visita sería más incisiva, y estaba en lo cierto. En este caso, el interrogatorio lo dirigiría yo:
—Gisela, querríamos que nos aclarara algunas dudas que han surgido durante el curso de nuestras investigaciones.
Tragó saliva, y asintió. Yo continué:
—Sabemos que la mañana del crimen no llegó usted a su casa a las nueve y media de la mañana.
Gisela negó mi afirmación con la cabeza y dijo:
—No sé de dónde sacar eso, pero no…
—Y lo sabemos —continué sin esperar a que terminara de hablar— porque esa mañana se encontraba usted en su casa a las ocho de la mañana, recibiendo al personal de la empresa de gasoil .
Esta vez su rostro no mostró emoción alguna. Se congeló.
—Por tanto, me gustaría que nos explicase por qué nos mintió.
Pero Gisela apretó los labios y se mantuvo callada durante los cincos siguientes minutos en los que permanecimos en su domicilio.
Era obvio que no pensaba responder, así que nos marchamos.
Eso sí, le explicamos de manera clara que mentir a la autoridad en un caso de homicidio estaba considerado obstrucción a la justicia.
De camino al coche, Rosa no pudo contenerse más y me preguntó:
—Bueno, ¿me vas a explicar cómo supiste lo de la empresa de gasoil?
—Fácil —dije mientras le mostraba una sonrisa jocosa—, ella misma lo comentó en la merienda en casa de mis tías.
Ese lunes, como todos los habitantes del pueblo que disponen de depósito de gasoil para alimentar la calefacción, debía estar en su casa a las ocho de la mañana. De otra manera, no se lo llenarían.