Terror
Respiración acelerada
Temblores
Incapacidad para parpadear
Carmen estaba recogiendo la ropa sucia de las habitaciones.
Tenía que poner unas cuantas lavadoras. Estaba más tranquila, Luisito había vuelto a ser el mismo de siempre.
Llevaba varios días en los que se portaba mejor y estaba realmente contento.
Carmen también, sus miedos habían comenzado a calmarse.
El problema principal, que se hiciera pis en la cama, también había desaparecido como por arte de magia.
«Toquemos madera», pensó Carmen. «Luisito lleva días sin mojar la cama, todo un éxito. Y, por si fuera poco, la muerte del padre Damián, que Dios lo tenga en su gloria, ha permitido que los domingos no tenga que volver a ver al pesao del Carlos».
Los niños habían estado jugando tranquilamente en su habitación con sus juguetes durante toda la tarde.
Se los oía reír sin parar y a Carmen le alegraba el alma escucharlos.
Sin embargo, al pasar por la habitación para recoger la ropa de los niños, vio algo que le heló la sangre: el Superman de Pablito comenzó a acariciar las partes íntimas del Spiderman de su hermano Luisito, mientras profería gemidos lujuriosos.
Acto seguido, Luisito, saltó como un resorte y, gritando con furia, comenzó a golpear a su hermano con el muñeco por todas partes: en la cabeza, en la cara, en el cuerpo, con una fuerza que parecía sobre humana, hasta que Carmen pudo sujetarlo y calmarlo.
Así permanecieron los tres, llorando en silencio hasta que llegó la noche.