Frustación
FRUSTRACIÓN
Postura rígida
Ojos entrecerrados
Puños apretados
Al entrar en la sala, Rosa me escaneó de pies a cabeza con la mirada. Bueno, tampoco era para tanto. Me había maquillado un poco y había optado por algo más elegante que mis cómodos jerséis de cuello vuelto. ¿Y qué?
El cabo Ojeda también me miró, pero con una sonrisa soez y repugnante. Miñana, sin embargo, si notó algún cambio en mi indumentaria, no lo demostró.
Esa mañana teníamos la reunión de coordinación del equipo. Todos esperaban que yo tomara la palabra, así que, una vez servidos los cafés —no había ni una miserable galleta—, comencé:
—Creo que es el momento de hacer un resumen de lo que sabemos hasta ahora.
Mi objetivo es esclarecer la situación de los sospechosos respecto a la oportunidad y el motivo.
Aunque, con franqueza, creo que todavía quedan demasiadas cuestiones por aclarar, estamos en el camino correcto.
—Esto último lo dije más por apaciguar a mi audiencia que porque yo lo creyera a pies juntillas.
»Empezaré repasando los sospechosos que habían tenido motivos para asesinar al padre Damián.
— Me aclaré la garganta y comencé—: Si bien las sospechosas Dolores y Angustias son las que a ciencia cierta disponen de un móvil más plausible, no hemos descubierto ningún indicio que nos lleve a pensar que ellas pudieron asesinarlo.
—¿Las descarta como sospechosas? —preguntó Miñana.
—Sí —respondí con una seguridad que no poseía.
Me miró e hizo un gesto para que continuara—.
La otra persona de interés, Carlos Escudero, tiene una coartada sólida para el momento del crimen —dije mirando al cabo Ojeda, quien, sorprendentemente, rehuyó mi mirada—.
Hoy, por tanto, seguimos sin tener sospechosos claros para el crimen.
»Respecto a los motivos —continué—, ha sido descubierta recientemente una antigua rencilla que, aunque con alguna duda, se podría considerar como motivo para el asesinato. La pregunta consecuente es por qué ahora.
»En cualquier caso, esta rencilla nos ayuda a describir el carácter de la víctima como el de una persona vengativa y cruel, por lo que es factible que hubiera otras personas de las que no sabemos absolutamente nada que, afectadas por su personalidad, tuvieran motivos para asesinarlo.
»Además, hemos averiguado que Roberta nos mintió al confirmar que Gisela había llegado la mañana del crimen a las nueve y media a su casa, porque Roberta no había estado presente.
—No había estado presente porque estaba en otro lugar y con otra persona, y aunque yo no verbalizase este pensamiento, mi último comentario provocó la risita del cabo Ojeda, que fue seguido de forma infantil por el cabo Rubiales.
Por lo visto, ya se había corrido la voz.
Miñana intervino, esta vez con una tos seca que hizo que las risas de ambos se congelaran, y yo continué, haciendo caso omiso a esos dos del parvulario—: Lo que amplía la posibilidad de que otras personas pudieran asesinar al padre Damián al abrir el intervalo de tiempo en el que el difunto se encontraba solo en la casa parroquial.
—Estaba dando por cerrada mi exposición, cuando me acordé de las cartas—.
Ah, antes de que se me olvide. Dolores y Angustias me han traído unas cartas —dije hurgando en mi bolso, pero las cartas no estaban ahí—.
Oh, perdón, me las he debido de dejar en casa de mi tía.
El cabo Ojeda entrecerró sus ojos; en ellos percibí un brillo cruel. Aprovechó mi desconcierto para hacer un comentario por lo bajini a Rubiales sobre mi falta de profesionalidad.
—En esas cartas —continué lanzándole a Ojeda la mirada más asesina de mi repertorio—, se determina que la madre del padre Damián estaba más que asustada por el comportamiento errático de su marido.
»Por otro lado, estamos todavía a la espera del resultado del análisis toxicológico, pero estoy convencida que será positivo en ricina y esto pondrá en duda todo lo que se pensaba sobre las muertes por salmonelosis en el pueblo, las de los maridos de Roberta y Dolores.
De momento, sabemos que Pepa tenía acceso al veneno, pero es muy probable que otras muchas personas en el pueblo también lo tuvieran, porque, por lo visto, Pepa ha regalado esquejes de la planta.
—Bien —dijo Miñana—, ¿pero todo esto a dónde nos lleva?
Era una buena pregunta, para la que lamentablemente todavía no tenía respuesta. Ante mi silencio incómodo, continuó con un tono demasiado frío para mi gusto:
—En resumen: no tenemos nada sólido en qué basarnos para detener a nadie.
Pensaba que con usted a bordo nos moveríamos más rápido, pero veo que seguimos igual.
—Esta frase se me clavó como un puñal en el corazón.
Tragué saliva. Tenía razón, pero las cosas llevaban su tiempo.
No verbalicé mi pensamiento, sin embargo.
Mientras, Ojeda seguía riendo ya no tan por lo bajo—.
En fin —continuó—, ¿indíquenos cuál será su estrategia a partir de ahora?
Yo me encontraba más perdida que un pulpo en un garaje, pero respondí, aparentando una serenidad que estaba lejos de sentir:
—Pues…
No pude continuar porque al brigada Miñana le sonó el teléfono.
—Sí, entiendo, gracias. —Y colgó. Luego se dirigió a nosotros y dijo—: La reunión se aplaza hasta nueva orden. Se ha denunciado la desaparición de uno de nuestros sospechosos, Angustias Molinero. Quiero que todos se dirijan hacia su domicilio de inmediato.