La verdad del cuervo (Cristina Peterson 1) Lástima
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Lástima

Barbilla caída

Sacudir la cabeza

Hombros curvados

La siguiente entrevista de la ruta debía ser Pepa, al fin y al cabo, era la persona que había descubierto el cuerpo.

Yo ya me encontraba suficientemente repuesta de mi crisis del día anterior.

No era la primera vez que me ocurría algo así.

Quizás no tan fuerte. Mi tía, sin embargo, se llevó un buen susto.

No me había visto nunca tan pálida. Estaba tan preocupada que tuve que contarle algo para distraerla, así que le conté lo que había mantenido en secreto para mí misma desde hacía meses: la propuesta de John.

—Y bien, ¿qué vas a hacer? —preguntó a las bravas.

Mi tía y mi padre se habían estado evitando todo este tiempo. Habían tenido sus más y sus menos. Más menos que más. Pero era fácil evitar a mi padre; él se evitaba incluso a sí mismo.

Su hermana se había casado con un borracho con aires de grandeza, y la había dejado cuando las cosas no iban bien para, después, triunfar en su profesión en su país de origen. Eso había provocado cierto resentimiento que los años no habían ayudado a curar. Ahora yo le venía con esto.

—Todavía no lo sé —contesté. Y era verdad, no había tomado una decisión. Dicho esto, me fui a mi habitación y me quedé encerrada en mi cárcel de pensamientos el resto de la tarde.