La verdad del cuervo (Cristina Peterson 1) Enojo
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Enojo

Fosas nasales ensanchadas

Sudoración

Mentón alto

Al día siguiente, cuando repasaba en el despacho la próxima conferencia que tendría que ofrecer, recibí una llamada de teléfono. Se trataba de Rosa, que me pedía que me reuniera con ella en el cuartel de la Guardia Civil del pueblo lo antes posible.

Tras avisar a Paca para que se quedara pendiente de mi tía por si necesitaba algo, me dirigí hacia allí. Me resultó un poco difícil salir de las garras de la Paca sin contar exactamente a dónde iba con tanta prisa, pero conseguí salir airosa.

Tras presentarme en el cuartel, la persona de recepción me acompañó muy amablemente hasta el piso superior, donde se encontraban las oficinas.

Al final del largo corredor me esperaba mi amiga, tan nerviosa que estaba a punto de dar saltitos.

Estaba acompañada de un hombre moreno, muy alto y atractivo que, según supe después, se trataba del brigada José Antonio Miñana, superior de Rosa y perteneciente al Grupo de Homicidios del Equipo Territorial de la Policía Judicial.

Era un hombre imponente. Iba vestido con el uniforme reglamentario, impecablemente limpio y planchado. Destilaba orden por todos sus poros. Su mirada, sin embargo, era tímida. Sonrió antes de hablar, mostrando una dentadura perfecta.

—Usted debe ser Cristina Peterson, un placer extraño, dadas las circunstancias.

—El brigada ignoró mi cara de desconcierto y me estrechó la mano con ímpetu—.

Rosa me ha hablado de usted, de su currículum y de su vinculación con el SAC.

Aquí, en San Juan, estamos faltos de recursos, y francamente el caso nos viene un poco grande, no solo en cuanto a personal, sino en lo que implica el asunto en otras esferas.

No entendía absolutamente nada y, teniendo en cuenta mi acostumbrada impaciencia, me sorprendí a mí misma por cómo conseguí esperar a que el brigada terminara de explicarse.

—Lo siento, entiendo por la expresión de su rostro que no ha sido informada.

El resumen breve es el siguiente: hace ocho días se encontró el cuerpo sin vida de Damián González, conocido como padre Damián, asesinado en sus dependencias privadas.

—Fui asintiendo conforme mi cerebro iba procesando la información—.

El caso ha comenzado a enquistarse. Siendo franco, no estamos avanzando a la velocidad esperada.

Lo que le estoy pidiendo, de forma extraoficial, es que nos ayude.

Mañana procederé a informar a mis superiores para que esta colaboración se convierta en oficial.

Sé que la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo (SACD), sección de la Guardia Civil análoga al SAC, se encuentra desbordada, con lo que aceptarán de buen grado esta colaboración.

Si está de acuerdo, la dejo con la sargento Rosa Galera para que la ponga al día de los detalles .

Rosa me miró suplicante, yo le devolví una mirada airada.

No tenía ningún interés en meterme en ese lío.

Sabía cuál era el papel que esperaban de mí y no estaba dispuesta a colocarme en esa situación.

¡Qué fácil lo habían planteado! Usar a uno de los mejores perfiladores de España, por no decir al mejor, para que les confeccionara los perfiles de víctima y agresor, y elaborara las hipótesis psicológicas que ayudaran a la resolución del caso.

Pero yo no estaba dispuesta ni mucho menos. Sabía lo que eso implicaba, habiendo conocido a la víctima y, muy probablemente, al agresor.