CAPÍTULO 67
Cuando el subinspector Martín Osorio entra en el bar del Luque, ve a su compañero Pedro Sierra sentado en la mesa habitual de siempre mientras se está bebiendo una copa llena hasta arriba de orujo.
—¿Llevas mucho aquí? —le pregunta a Sierra.
—Unos veinte minutos. Amaia me ha dicho que en una hora nos veamos en la sala de reuniones.
—Lo sé. Me ha enviado un mensaje para decírmelo. Oye, ¿cómo estás?
—Como si me hubiera pasado un camión por encima, Martín.
—¿Vas a decirme ya qué cojones te ocurre? Creo que me lo debes, Pedro.
—Joder, Martín, a ti no se te olvida nada, eh.
—No me toques los huevos, anda. Ya sabes que lo único que quiero es ayudarte.
A Pedro Sierra le gusta beber, pero los últimos meses lo ha estado haciendo con mucha más frecuencia.
Amaia y el equipo lo han notado alterado, diferente, ya no era el Pedro de siempre, y él lo sabe, claro que lo sabe.
Es consciente de que está metido en un buen lío. En uno de tres pares de cojones.
—Me endeudé, tío. Estuve tiempo apostando en carreras ilegales de galgos —se sincera Sierra—.
Comencé con eso y luego me tiré hacia las peleas de gallos y a la ruleta.
Lo perdí todo, Martín, absolutamente todo.
El alcohol me lo pago gracias a préstamos que he ido pidiendo…
pero el mayor error que he hecho ha sido pedir dinero a un corredor de apuestas, y ahora no puedo pagarle y le hago favores, favores muy caros.
—Joder, Pedro, ¿de qué coño hablas? ¿Cómo has podido meterte en esa mierda?
—Lo sé, Martín, estoy muy metido en toda esa puta mierda y no puedo salir, es un puto laberinto, joder.
—¿A quién le pediste dinero? ¿Quién es el corredor de apuestas?
—Al gitano ese que tienen enfilado hace tiempo en comisaría, a Gabriel Requena.
—¿Al Requena? —salta Martín, sorprendido—. ¿Te has vuelto loco, o qué?
—Hace un rato me ha llamado Gabriel, quiere verme. Me ha dicho que he de hacer algo por él, que el interés ha subido.
—¡Joder! Montamos un operativo y le jodemos bien, Pedro. Ese cabrón no se saldrá con la suya…
—No puedes hacer nada, Martín. Ninguno de nosotros podemos hacer nada.
—¿Por qué?
—Ese cabrón tiene a mi madre. Os dije que estaba ingresada, pero es mentira. El gitano la tiene retenida en algún lugar, si no hago lo que me pide la matarán.