La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 57
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CAPÍTULO 57

Beatriz y Noelia salen de la casa, no les ha resultado difícil, están solas, aunque realmente estaban dentro con dos cadáveres: el de Pelayo y su hijo Alex.

Dos pervertidos cabrones que lo único que querían era pasárselo bien con ellas.

Lo único que desea Beatriz es poder salir de esa urbanización, y si alguien pasa con el coche para que las pueda recoger, mucho mejor.

Quiere llegar a una comisaría lo antes posible y denunciar lo que está ocurriendo.

Ya han sido muchos años encerrada, cumpliendo órdenes, transportando bandejas con bebidas de un lado hacia otro, planchando la ropa, dejándose penetrar…

ahora por fin está más cerca de una salida.

La Corporación está en un lugar secreto, y muy pocos conocen su ubicación.

Los clientes, los pocos que van al lugar, son llevados con antifaces y dormidos con sedantes durante todo el trayecto.

El edificio es grande y acristalado, en la fachada hay un cartel en el que se indica que en esas oficinas hay una empresa aseguradora, de las más importantes del país.

Cuando los clientes están dentro, solo acceden a salas en las que no hay ventanas, nadie puede adivinar en qué lugar están.

Tiene vigilancia veinticuatro horas y está todo registrado por cámaras de vídeo vigilancia.

El parking parece un búnker, y el interior del edificio también.

En la última planta, que es la séptima, está el despacho de Gamma , el tercero en la sucesión del mando.

Es quien dirige la sede de Madrid, una de las más importantes y la primera en posicionarse como de las más rentables de todo el mundo.

—Tenemos un ESC que ha salido de su ubicación —le dice un hombre a Gamma al entrar en su despacho después de llamar a la puerta—. Hemos mandado a un coche hacia allí.

—¿Has intentado contactar con el cliente? —le pregunta Gamma .

—Sí, señor, pero no responde a la llamada.

—¿Quién es? —quiere saber.

—El señor Pelayo Íñiguez.

—El señor Íñiguez es uno de nuestros mejores clientes.

—Lo sé, señor. Por eso no es normal que el ESC haya salido del perímetro. El señor Íñiguez es muy estricto con esa norma.

—Bien. Tenme informado. Encontrad a la ESC.

Un profesor de una universidad y científico británico, fue pionero en la implantación de chips en el cuerpo humano.

La Corporación tiene dinero para hacer lo que ellos quieran, y gracias a esos chips pueden tener controladas a las chicas y niñas que tienen trabajando para ellos.

Beatriz y Noelia tienen ese chip en el brazo, y al salir de la casa de Pelayo han activado unas antenas que hay justo en el exterior, que son las que han indicado a La Corporación que marchan del lugar.

A partir de ahí, ya les pierden el rastro.

Gamma ha salido de su despacho, pocas veces lo hace, y cuando eso ocurre es porque ha de hacer algo importante, y las otras ocasiones es porque se marcha del edificio.

Lo hace por un acceso secreto cerca del hall de ascensores.

No pasa por delante de ningún empleado en ningún momento y lo sigue siempre uno de los guardaespaldas.

Cuando Gamma ha llegado a la tercera planta, un hombre trajeado y armado con un arma de corto alcance le abre una puerta.

Al entrar siente calor, demasiada, la temperatura en la sala es alta, está hecho a propósito, es para que la chica que hay atada en la silla no lo pase demasiado bien.

Bueno, realmente lo pasa muy mal. El calor produce angustia y sufrimiento, es lo que quieren.

—Me han hablado mucho de ti —añade Gamma .

La joven no dice nada, solo lo mira y muestra una cara de repugnancia.

—Al menos podrías hablar, nadie te lo impide —le suelta él—. Lo bueno del ser humano es que podemos hacerlo, es una buena manera de comunicación, ¿por qué no lo pruebas?

—No tengo nada de lo que hablar contigo —le dice ella—. No sé quién cojones eres, pero lo que tengo claro es que no llegas ni a ser una mierda… eres media mierda.

—Muy graciosa, bonita. No creo que me hables así cuando veas lo que tenemos preparado para ti.

—¡Cabrón! —grita la joven.

—Me voy a marchar, solo he bajado para saludarte. La verdad es que para La Corporación es importante tener aquí a una agente de policía —le confiesa, y después abre la puerta de la sala, pero antes de salir le dice—: Encantado de haberte conocido, agente Rocío Contreras.