La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 53
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CAPÍTULO 53

La inspectora Amaia Garmendia se está fumando un cigarrillo en un área de servicio de la autovía.

Se ha quedado en la zona de picnic que ahora está vacía.

Mira su reloj y sabe que Martín y Pedro están a punto de llegar.

Y así es, el coche de Osorio entra en el área de servicio y lo ve aparecer hasta que estaciona junto a unos contenedores.

Los subinspectores se bajan del coche y caminan hasta la vasca .

Hay silencio, después se miran, sus miradas lo dicen todo.

—Un lío de tres pares, ¿no? —suelta Pedro.

—Sí. ¿Dónde coño te habías metido?

—No te preocupes, Amaia. Ya hablaremos —le responde Sierra.

—Y tanto que ya hablaremos. Bien, escuchadme porque solo lo voy a repetir una vez, lo explicaré todo desde el principio porque ya sabéis que me ayuda a recordar cosas, ¿estamos?

El subinspector Sierra y Osorio prestan atención a su jefa sin perder detalle de absolutamente nada.

—Sabéis que Mendoza me ordenó ayudar a un amigo suyo, al ex comisario Santiago Ríos.

Él tenía una deuda con Jaime y Margarita, les dijo que encontraría a su hija, Noelia Crespo, como fuera ¿de acuerdo?

Alguien la secuestró hace cuatro años cuando ella estaba en un parque.

Ya no queda ni un puto testigo de aquello, el único era Santiago Ríos, pero como ya sabéis se lo han cargado.

Igual que ocurrió con Vicente Prado, que es quien investigaba el caso de Noelia en la comisaría de Segovia, y también los agentes de narcóticos que, según parece, fueron los que secuestraron a la niña.

Cuando asesinaron al ex comisario Ríos, Mendoza y yo fuimos hasta Segovia y unos sicarios quisieron asesinarnos.

Uno de ellos, un colombiano con muy malas pulgas, que es el que me cargué, tenía relación con un abogado, Rafael Pomares, que también está muerto, alguien había fingido su suicidio justo después de que Rocío y yo fuéramos a verle.

El que lo hizo es un chaval joven, de algo más de veinte años, no creo que tenga más de veintiséis.

Una cámara de un vecino lo captó saliendo de casa del abogado, y también nos seguía a Rocío y a mí.

Está claro que hay algo que no quieren que sepamos, detrás de todo eso hay algo muy oscuro.

Ese mismo cabrón se ha llevado a Rocío de un motel que está a diez kilómetros de aquí.

Yo me ausenté un rato y una furgoneta se la llevó.

De ella salieron dos tíos, ex militares seguramente, y ese chaval, el que mató al abogado.

Me han dejado este teléfono móvil, y creo que le han cortado un dedo a nuestra compañera…

lo que me han dicho es que espere instrucciones.

Nada más. También hay algo clave en todo esto, la criada que trabajaba en casa de Rafael Pomares ha desaparecido, podría ser que tuviera algo que ver con todo.

—¿Qué hacíais tú y Rocío en ese motel? —quiere saber Martín.

—¡Joder, Osorio! ¿De todo lo que he explicado solo te importa eso, o qué?

—No, jefa, es solo para ponerme en situación.

—Mi coño si que está en situación… no os ha de importar el por qué estábamos ahí, lo que tenemos que hacer es remover cielo y tierra para encontrarla.

—De acuerdo —añade Martín, y Pedro asiente dándole también la conformidad.

—¿Qué tal el caso de los muertos sin cerebro? —indaga Amaia.

—Joder, ¿de verdad lo quieres saber? —salta Osorio—. Porque eso es un puto desastre, estamos más perdidos que MacGyver en un Leroy Merlin.

—Dame los últimos detalles… Mendoza ya está despierto, pero su médico no le deja hablar por teléfono, pero con el comisario nunca se sabe. Si me llama quiero estar preparada. Ese es capaz de conseguir un teléfono y encerrarse en el lavabo para llamarme.

—Pues con lo de Tomás Blasco algo hemos avanzado, creemos que en el pasado ha estado involucrado en algún crimen, pero nada demostrado —explica Osorio—.

Pero tenemos que averiguar el motivo por el cual se veía con Felipe Carrera.

También hemos hablado con los enfermos que Agustín Díaz facilitó al hombre misterioso al que llama Ge por el tema ese del tal Hans.

Los tenemos protegidos para evitar que los secuestren.

—Bien, si con eso evitamos algunas muertes más será perfecto.

Escuchad, quiero que averigüéis todo sobre Tomás Blasco, creo que esa es la puta clave de todo…

pero el que ha detonado esto tiene que ser Felipe Carrera.

Tenéis que volver a la cárcel y sacarle la puta información. Haced que cante como sea…

En ese momento, el teléfono que le han entregado a Amaia comienza a sonar. Ella lo observa con temor, no quiere descolgar y tener que oír a Rocío gritar, eso la destrozaría. Pero, no tiene otra opción, entonces pulsa el botón verde.

—Dime —dice al descolgar.

—Te voy a pasar una dirección al teléfono con unas instrucciones, ese móvil tiene un chat interno —dice la misma voz de antes, y que la inspectora está segura de que es el chaval que las seguía—.

Entra ahí y haz todo lo que leas, ¿entendido?

Si no lo haces, tu querida amiga morirá…

y para que veas que todo esto sigue yendo en serio, presta atención.

Al otro lado de la línea se vuelve a oír un grito desgarrador. Sigue siendo igual a un cerdo cuando lo matan en el matadero. Es la agente Contreras la que vuelve a chillar con todas sus fuerzas, entonces, la voz le dice:

—Ocho, Amaia, le quedan ocho dedos. Sigue las instrucciones que leerás, ni más ni menos.