La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 44
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CAPÍTULO 44

Sandra Vega está tumbada en el colchón con los ojos cerrados.

Intenta contar mentalmente los segundos que pasan, pero no puede concentrarse.

Quiere estar quieta, inmóvil, su secuestrador no puede ver ni un solo movimiento en el momento en que entre por la puerta.

El olor que proviene del cubo en el que ella ha hecho sus necesidades se le está metiendo por las fosas nasales, hasta el fondo, tiene la necesidad de taparse la nariz, pero no lo hace, cualquier movimiento puede ser fatal y la puede llegar a descubrir.

Cuando han pasado varios minutos más, de eso está segura, escucha como se abre la puerta.

Ahora sí tiene miedo, está aterrada. Sabe que solo tiene una oportunidad, si la desaprovecha quizá ya no haya otra.

Oye los pasos del hombre, se lo imagina caminando con esa terrorífica máscara lentamente hacia ella, con ganas de poseerla, de poder penetrar su cuerpo y manejarla como si fuera un trozo de carne cualquiera.

En el momento en el que él está tan cerca de ella que casi se le puede llegar a oler hasta el after shave barato que lleva, es cuando Sandra agarra con todas sus fuerzas la bandeja y se la estampa contra la cabeza.

El impacto ha sido fuerte, tanto que el captor ha caído al suelo llevándose las manos a la cabeza del dolor.

La joven, con una fuerza prácticamente sobrehumana, golpea sin parar al tipo, una y otra vez.

Sandra Vega jamás había imaginado que podía llegar a tener tanta fuerza.

El secuestrador parece estar inconsciente, así que le quita la máscara.

Observa su rostro ensangrentado, le produce repugnancia.

Tiene incluso la boca un poco abierta y puede ver algunos dientes que están podridos.

Le dan arcadas. No se percata de un detalle muy importante porque está cegada de odio hacia ese hombre.

Continúa golpeándolo sin parar, una y otra vez.

Le revienta la cabeza y aplasta su cráneo con la bandeja.

Sabe que ha muerto, es consciente de que todo ha terminado, se siente más libre que nunca.

Se pone en pie, va esposada pero le da igual.

Avanza hacia la puerta y la abre, hay un pasillo muy largo con una escalera al fondo.

Mientras intenta salir de ese lugar le viene un pensamiento, ese hombre al que ha matado era diferente al que estaba acostumbrada a ver con la bandeja.

Había algo distinto, quizá la forma de su cuerpo, o la altura.

Sí, ese era un detalle importante en el que no se ha fijado, pero acaba de darse cuenta cuando el verdadero secuestrador baja por las escaleras del final del pasillo con una cuerda en las manos.

Ese hombre sabía que Sandra había vomitado, lo ha sabido desde un principio y ha mandado a otro para que se haga pasar por él.

La ha engañado. Se acabó, ya no hay salida para ella. El plan ha salido mal.