CAPÍTULO 32
—Te has dado cuenta de que la novata está últimamente más feliz, más sonriente…
—¿Qué quieres decir, Martín? —quiere saber Pedro.
—Joder, pues eso, que me parece que sale con alguien.
—Bueno, ¿y qué? Deja a Rocío salir con quien le salga del chocho. Ya te dije una vez, y ella también te lo dejó claro, que las posibilidades con ella eran cero.
—Lo sé, Pedro, no hace falta que me lo recuerdes.
La puerta del Luque se abre y entran Amaia y la agente Contreras. Lo primero que hace la inspectora es pedir una copa de Bourbon, y Rocío se pide un botellín.
—¿Qué tenéis? —suelta la vasca , mirando sobre todo a Martín.
—Mira esto, jefa. —El subinspector Osorio abre una carpeta en la que hay diferentes folios—.
Estos son los extractos de la cuenta de Sonsoles y Luis, los padres de Agustín Díaz, el chaval que salió huyendo cuando se le preguntó por el muerto Julián Herrero.
Tengo un amigo que trabaja en un banco, tiene bastantes contactos…
—¿Por qué has querido saber sobre sus cuentas? —indaga la inspectora.
—Cuando entraron en la habitación del hospital, cuando hablábamos con el chaval, me fijé en el reloj del padre, ¿no os disteis cuenta? Aquello brillaba más que la mesita de noche de un gitano.
—¿Qué quieres decir, Martín?
—Pues que no me pega que ese tío tenga un reloj de esas características, y no era falso. Además, el chaval no solo me sacó ventaja por ser más joven y más delgado, el cabronazo llevaba unas deportivas que valían más que mi sueldo. Y, bingo, en esos extractos lo tienes todo, jefa.
Amaia observa detenidamente los documentos y comprueba que el matrimonio tuvo diferentes ingresos días antes de lo acontecido. Importes muy elevados que provienen de un número de cuenta desconocido.
—De puta madre, Martín, buen trabajo —lo felicita la inspectora—. Vamos a por los padres.