La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 31
45%

CAPÍTULO 31

El chaval que ronda los veinticinco años, guapo, elegante y bien repeinado que está siguiendo a Rocío y a Amaia, se enciende un pequeño puro mientras espera a que salgan de la casa del abogado Rafael Pomares.

Mientras saborea cada una de las caladas como si fuera la última, recuerda la llamada que ha tenido un rato antes.

—¿Qué pasa? —le ha preguntado el hombre.

—No te lo vas a creer… han venido a ver al abogado.

—Hijas de puta. Lo van a enfilar al imbécil ese… como se vaya de la lengua… quizá hoy no, pero ese es de los que al final cantan.

—¿Qué propones? —le preguntó el chaval.

—Pues lo que pone en el contrato, mata al abogado. Que parezca un suicidio. ¿Tienes todo lo necesario?

—Claro, está en el coche.

—Bien. Pues de momento deja a las policías y ocúpate de él. Llámame cuando termines.

—¿Y qué hago con la chica?

—Le das un teléfono de esos de prepago y que espere la llamada, como siempre.

—Hecho.

El chaval vuelve a dar una nueva calada y observa las casas que hay a su alrededor.

No le sorprenden las de La Moraleja, ha estado en otras mucho más elegantes y majestuosas.

Desde su posición ve como la inspectora y la agente salen de la casa del abogado.

Después de que Amaia se fume un pitillo, las dos se suben al coche y se marchan.

El chaval coge su pequeño puro, le da una última calada, lo apaga bien asegurándose que no puede volver a prender y lo guarda en una pequeña caja metálica dentro del coche.

No quiere dejar rastro de su ADN por ahí.

Eso ya lo aprendió hace tiempo. Abre el maletero y busca entre todo lo que tiene.

Al final la encuentra, es una cuerda de yute gruesa.

Lo único que tiene que hacer es el nudo a la soga, no es la primera vez que lo hace, el chico ya tiene experiencia en eso.

Como siempre suele decir «será coser y cantar».