La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

Martín y Pedro salen de la consulta del doctor Fonseca y ninguno de los dos comprende por qué no hay ni una sola cámara de seguridad en la clínica.

—¿Entiendes algo, Pedro? Una clínica de lujo con un médico con pinta de llevar un Rolex los fines de semana y no tiene ni una puta cámara… será cabrón agarrado.

—Quizá después de esto se las instale…

—Y una mierda, ¿no lo has oído? Le han robado un montón de veces y nunca se ha puesto nada, no creo que ahora se le encienda la bombilla.

El subinspector Sierra saca su Petaca del interior de la cazadora y le da un trago al whisky.

—Antes te cortabas —le dice el subinspector Osorio—-, pero ahora ya ni eso, compañero.

—Lo siento. No he podido evitarlo.

—Sé de gente que puede ayudarte, Pedro.

—No necesito ayuda. Estoy bien, de verdad.

La conversación es interrumpida por la melodía de llamada de El último mohicano que suena en el teléfono móvil de Martín.

—Es Amaia —indica antes de responder—. Dime, Amaia.

—¿Cómo os va?

—Acabamos de salir de la clínica del doctor Fonseca.

—¿Y qué os ha dicho?

—A ese tío le han robado más veces y no tiene ni una sola cámara el muy cabrón… pero escucha esto: la primera vez que Remedios se visitó en su consulta, hace ya varios años, adivina quién vino también el mismo día a hacerse una radiografía…

—Sorpréndeme, Martín.

—Felipe Carrera.

—¿En serio? Joder…

—No sabemos dónde está exactamente la clave en esa historia, pero mucha coincidencia, jefa.

—Demasiada… y nosotros no creemos en las coincidencias.

—Amaia, dame un momento, tengo otra llamada y es importante.

Osorio pone a la inspectora en espera, y eso solo puede significar una cosa: alguien con un dato muy importante posiblemente esté llamando, ya que en la brigada de homicidios que maneja la vasca lo más importante es un caso y prestarle atención a ella.

—Ya estoy aquí —dice después de recuperar la llamada.

—¿Quién era, Martín?

—¿Recuerdas que te hablé de un contacto amigo mío que me debía un favor? Me ha conseguido las cuentas de los padres de Agustín, el chaval que salió huyendo y fue atropellado… algo me olía mal así que le pedí los datos.

—¿Y bien?

—Será mejor que lo veas, Amaia. He quedado con mi amigo en diez minutos para que me dé toda la información … ¿nos vemos en el Luque? Es algo gordo, Amaia. Muy gordo.

—Bien. Nos vemos en una hora allí —le confirma ella.