La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

Gabriel Requena abre la puerta del piso y de seguida un chiquillo de unos siete años va corriendo hacia él.

—¡Papá, papá!

—Hola, renacuajo. —Gabriel lo coge en brazos y le da un beso—. ¿Dónde está tu madre?

—En la cocina, haciendo la comida.

Eso ya se lo imaginaba Gabriel. El olor a las lentejas de la Mari se podía oler desde el rellano. Cuando entra en la cocina, la agarra por detrás y le estruja el culo.

—Cada día estás más buena, niña —le suelta.

—¿Ya vienes bebido? —le pregunta ella a la vez que le da un beso.

—No, Mari, déjate de mierdas, anda. Esas lentejas huelen que alimentan, eh.

—¿Ya me estás haciendo la pelota, nene?

—No, mujer. Por cierto, comeré rápido, el Pepe viene en un rato. Tenemos que hablar de negocios.

—¿Pepe? Ya sabes que ese tío no me cae bien y no me…

—¿Y desde cuándo mandas tú en esta casa, mujer? Te he dicho que luego viene Pepe, y punto.

Mari no dice nada. Se pone a remover las lentejas y las prueba.

—En cinco minutos estarán —le dice ella—. Avisa al niño y que se vaya lavando las manos.

A las dos y media, cuando ya han comido, suena el timbre del piso. Es Mari la que abre y ve a Pepe en el rellano.

—Hola, Mari —saluda—. He quedado con Gabriel.

—Lo sé. Pasa, anda, está en el despacho.

—Gracias, bonita.

Pepe el alicates , que así lo llaman, camina por el pasillo. Ya son muchas las veces que ha estado en el despacho de Gabriel hablando de negocios, ninguno bueno, por supuesto. Llama a la puerta y el gitano al otro lado le invita a pasar.

—¿Qué hay, compadre? —dice al entrar.

—Hola, hermano —saluda—. Pasa, hombre, siéntate.

Los dos se fuman un cigarrillo cada uno y se beben una copa de orujo. Charlan sobre el tiempo, de mujeres, de apuestas deportivas y, por supuesto, del clan de los Montoya.

—Bueno, al lío, Pepe. —Gabriel deja sobre la mesa una fotografía de Sandra Vega—. Hay que encontrar a esta paya.

—Es guapa —admite Pepe.

—Se llama Sandra y al parecer alguien se la ha llevado de La Rinconada.

—¿Tiene pasta?

—Bastante. Ella es modelo, y de buena familia.

—Dame más información, compadre.

Gabriel le explica todo lo que sabe sobre ella. Al menos la información que su novio Raúl le ha facilitado. El gitano saca un fajo de billetes de diez mil del cajón del escritorio y se lo lanza hacia Pepe.

—Con eso ya tienes para comenzar.

—Aprovecharemos antes de que venga el dichoso Euro.

—El Euro ese me come los huevos, de momento lo que vale aquí es la Peseta… así que dale caña. Ya sabes que estoy para cualquier cosa que necesites. Llama a los tuyos y encontrad a la paya.

—Hecho, Gabriel.