La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

Cecilia ya no responde. A través del respiradero solo hay un silencio estremecedor. Sandra no quiere creer que esa chica que también estaba secuestrada puede llegar a estar muerta. «¿Qué quería decir Ceci con lo de que hay algo que no encaja?». Se pregunta. Quizá esa pregunta nunca tenga respuesta.

Observa a su alrededor. Ese lugar es oscuro y frío. Verdaderamente aterrador. La cerradura vuelve a oírse, la puerta se abre. El hombre de la máscara blanca, esa que da tanto miedo, entra y se queda de pie, mirándola.

—¿Qué has hecho con Cecilia? —indaga.

—Túmbate en el colchón —le ordena el hombre.

—No.

—No te lo voy a volver a repetir. Túmbate en el colchón o te ocurrirá lo mismo que a Cecilia.

Sandra traga saliva. Ahora sabe que a Ceci le ha ocurrido algo. Posiblemente esté muerta.

—Túmbate —le vuelve a ordenar el hombre—. Conseguir a otra chica no me costará nada, tampoco sería difícil cortarte el cuello… túmbate, por favor.

La joven obedece, no tiene otro remedio. Si consigue seguir con vida quizá encuentre en algún momento la manera de salir.

—Súbete el vestido —le pide el hombre de la máscara.

Sandra obedece. Lentamente, se sube el vestido blanco y sucio dejando ver su sexo. Ahora, el secuestrador saca de su bolsillo una pequeña cámara de fotos Sony y enfoca hacia la chica mientras se acerca hacia ella.

—No te muevas. —El hombre aprieta el botón de capturar imagen varias veces. Observa la pantalla digital y desecha algunas.

—¿Qué haces? —quiere saber Sandra.

—Te he dicho que no te muevas.

El tipo de la máscara, esa tan aterradora, hace varias fotografías más y le pide a la joven que ahora se quite el vestido y se quede desnuda.

—Y ahora, siéntate, apóyate contra la pared y abre las piernas. —El hombre no ha de hacer fotos de la chica con las piernas abiertas, no es importante para el plan, eso lo hace solo para él, quizá por obscenidad.

Sandra vuelve a obedecer, no le queda otra.

Evita a toda costa sentirse sucia, no quiere darle poder a ese horrible hombre que le pide esas cosas obscenas.

Ella es fuerte, sabe que, de una manera u otra, saldrá de ahí con vida.

El secuestrador hace varias fotografías más y desecha, de nuevo, las que no le gustan.

Se guarda la cámara en el bolsillo y le indica que ya se puede vestir.

—Más tarde volveré —añade él—. Te traeré comida y agua.

La puerta vuelve a cerrarse cuando el hombre sale de la sala, Sandra llora, no puede evitarlo, sabe que cuando ese cerdo vuelva con comida y agua será para volverla a dejar dormida y ocurrirá eso tan terrible que no quiere ni imaginar.

Pero, es en ese momento, cuando se le ocurre un plan, y está segura de que no fallará.