CAPÍTULO 20
Raúl Cuadras retrocede la grabación y vuelve a verla sin dar crédito a lo que ven sus ojos.
Un coche negro ha entrado en la urbanización y casi media hora después sale, pero si se pausa la grabación en el momento exacto, se puede ver a Sandra Vega estirada en la parte trasera del vehículo.
La cámara de la calle lo ha captado a la perfección.
—Joder —suelta su novio—. ¡Hijo de puta!
—Tenías razón, chico. Se la han llevado —le confirma Damián, el conserje. Hay que llamar a la policía…
—¿Para qué? No me hicieron ni caso —interrumpe Raúl.
—Pero ahora hay pruebas, chaval. Llamaré yo.
Damián llama a la policía local e informa de lo ocurrido. Le dicen que un chico ya dio parte de ese hecho, pero el conserje les confirma que hay pruebas de que alguien se la ha llevado y que tiene la matrícula del secuestrador.
Una patrulla de la local, otra diferente a la que antes había acudido, ha tardado trece minutos en llegar a La Rinconada.
—¿Qué ha ocurrido? —quiere saber uno de los agentes.
Damián les enseña las grabaciones y Raúl les explica todo lo ocurrido desde la llamada con Sandra.
—Pasa la matrícula a tráfico —le indica al otro agente—. Que los compañeros pasen nota a la Nacional y les digan que se trata de un posible secuestro.
—¿Posible? —salta Raúl.
—Chico, todavía hay que esclarecer lo ocurrido, todo apunta a que sí, pero hay que comprobarlo, ¿entiendes?
—¿No ven que mi novia está tirada en la parte de atrás del coche?
—Lo único que se ve es a la chica tumbada, ya está. Ni amordaza ni nada…
—Es increíble, puta incompetencia —interrumpe el joven.
—Tranquilícese, ya le hemos dicho que haremos todas las gestiones posibles y ya se ha procedido a facilitar la matrícula a los compañeros.
—Joder. —Raúl está enfadado, y por momentos, mucho más—. Ese tío ya puede estar en cualquier parte.
En ese momento, un mensaje por radio deja estupefacto al chico. El agente agarra la emisora sobre su hombro y responde:
—Adelante, central.
—Localizado el vehículo negro, la matrícula coincide. El coche está cerca de La Casa Quemada.
—¿Se ha localizado a la chica? —indaga el agente.
—Negativo, no hay nadie. Los compañeros de la Nacional van de camino con la científica.
Raúl Cuadras ha escuchado la conversación.
Se ha quedado sin palabras. Ahora ya es seguro que alguien se ha llevado a Sandra.
Pero, ¿por qué? Él sabe que es una buena chica, de buena familia y adinerada, pero quizá no tanto como para que alguien quiera secuestrarla, ¿o sí?
El terror invade su cuerpo, le vienen a la mente muchos casos de desapariciones en España que no han terminado nada bien.
Es consciente que a lo mejor ya no la vuelva a ver con vida, en un ataúd quizá.
Lo único que desea es que la encuentren lo antes posible.
De todas formas, él también tiene sus métodos para poder hacerlo, pero lo más importante es que conoce a gente que podría llegar a encontrarla. Ahora el tiempo corre en su contra.