La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Raúl Cuadras, el novio de Sandra Vega, al darse la vuelta ha podido comprobar que la persona que le ha preguntado qué es lo que hacía es una mujer que debe rondar los setenta años, de cabello canoso y cara de muy mala hostia.

—Disculpe, señora, es que he de revisar una cosa.

—No vas a revisar nada, eso es propiedad privada, tú no puedes entrar ahí.

—Mi novia vive en esta urbanización, alguien se la ha llevado y he de revisar las cámaras.

—Vamos a ver, joven, te repito que esto es propiedad privada y no puedes estar aquí, y mucho menos entrar en la garita. O te marchas o llamo a la policía…

—¿Qué ocurre aquí, doña Amparo?

Damián, el conserje del turno de día, acaba de llegar a la garita con una bolsa de basura en las manos por la que asoman varias ramas rotas.

—Este chico quería entrar a robarte —le responde la mujer.

—Oiga, señora, yo no quiero robar nada —confiesa Raúl—, le he dicho que mi novia ha desaparecido y solo quería ver las putas cámaras, joder.

—Escucha, chico, mantengamos la calma, ¿de acuerdo? —le pide Damián—. Explícame qué es lo que te ocurre.

—Sandra Vega vive en esta urbanización, en la calle del final, la de fachada blanca. Es mi novia y creo que le ha podido ocurrir algo, solo quiero revisar la grabación de las cámaras para poder comprobar algo.

—¿Por qué no llamas a la policía?

—Ya he llamado y han estado aquí. Ni los ha visto, ¿verdad? No pueden hacer nada, solo me dicen que vaya a poner una denuncia a la comisaría. ¿Usted tiene llaves de la casa?

—No, aquí no tenemos llaves de nadie.

—No hagas caso de este ladrón, Damián, yo de ti llamaba a la policía y que se lo lleven —añade la mujer.

—Tranquila, doña Amparo, váyase a casa y yo me ocupo… no se preocupe.

La mujer no pronuncia ni una palabra más. Se marcha enfurruñada hacia su domicilio gesticulando con los brazos en alto.

—Doña Amparo es una mujer muy especial —explica el conserje—, hay que saber llevarla. Bueno, chico, te voy a ayudar.

—Gracias, Damián. De verdad, muchas gracias.

—No lo hago por ti, lo hago por Sandra. Es una buena chica, y muy simpática, si de verdad es tu novia has tenido mucha suerte.

Los dos entran en la garita y el conserje prepara la grabación de las cintas de seguridad. Tarda unos ocho minutos en poder dar con el vídeo que puede esclarecer algo sobre la desaparición de la joven, y cuando Raúl Cuadras observa la cinta solo puede pronunciar una palabra:

—Joder.