La Vasca: El Caso Hans CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Felipe Carrera, que entró en Valdemoro en el noventa y cuatro, cumple treinta años de prisión por el asesinato de un hombre en Aranjuez, en Madrid.

Secuestró a su víctima, el varón de cuarenta y seis años salió de su trabajo sobre las nueve de la noche y no volvió a casa.

Felipe lo tuvo encerrado durante dos semanas en una casa abandonada a las afueras de la ciudad.

Lo sometió a diferentes tipos de tortura y al final, lo cortó por la mitad con una sierra y también lo dejó sin cabeza.

—¿Crees que puede tener alguna relación con el asesinato de Julián Herrero? —pregunta la agente Rocío Contreras—. Quizá ese cerdo ha convencido a alguien de fuera para que mate como hizo él.

—Ni idea —le responde Amaia—. Lo averiguaremos.

Pasan el control de la entrada después de enseñar sus placas y acceden a las oficinas. Pero, la visita a Felipe Carrera no será, quizá, como esperan.

—¿A quién ha dicho que vienen a ver? —les pregunta el funcionario.

—A Felipe Carrera Méndez —le indica la inspectora.

El hombre, que no debe de tener más de cuarenta años, teclea en el ordenador durante varios segundos sin decir ni una sola palabra. Se le nota nervioso.

—Esperen un momento —añade—, he de llamar al alcaide.

Hace una llamada por el teléfono, es corta y directa.

—Señor Menza, está aquí una inspectora de policía y pregunta por Felipe Carrera, ¿qué les digo?

—…

—De acuerdo, señor. —El funcionario cuelga el teléfono—. El director vendrá ahora, quiere hablar con ustedes.

—De acuerdo, gracias. —Amaia sale al exterior con la agente Contreras y se enciende un cigarrillo.

—¿Qué crees que ocurre? —indaga la agente.

—Ni idea. Por cierto, esta noche… ¿algo especial?

—¿Habías pensado en algo?

—Pues no sé… cumplimos otro mes más juntas, algo habrá que hacer, ¿no crees?

—Sí, algo haremos, podríamos…

La conversación es interrumpida por el alcaide de la prisión. Es un hombre alto y fuerte, viste en traje gris y una corbata azulada sobre una camisa de color blanca perfectamente planchada.

—Hola, agentes —les dice a las dos—. ¿Pueden venir a mi despacho, por favor?

Los tres cruzan la zona del patio por el exterior y suben unas escaleras hacia uno de los despachos, entran en el del fondo y el señor Menza las invita a sentarse en las sillas frente a su mesa.

—Han venido a ver a Felipe Carrera, ¿correcto?

—Así es, alcaide —le afirma Amaia—. Creemos que puede estar relacionado con un crimen ocurrido, al menos su modus operandi .

—Verán… he querido hablar con ustedes porque… este preso está en aislamiento por asesinar a otro preso.

—¿Y? —suelta la inspectora—. Sáquelo de ahí, queremos hablar con él… no entiendo a que viene tanto misterio con el funcionario de la entrada.

—Bueno —prosigue el alcaide—, lo cierto es que lleva en aislamiento algo más de una semana.

—¿Eso cuántos días son exactamente, alcaide?

—Doce —confirma.

—Sabe que eso está prohibido, ¿verdad?

—Por eso mismo están hablando ahora conmigo. Sé que es irregular que un preso pase tantos días en aislamiento, pero Felipe Carrera es un preso muy peligroso, créanme.

—¿Cómo mató al preso? —indaga Rocío.

—Se fabricó un pincho y le rajó el cuello. Lo pillaron en el patio jugando con su lengua, se la arrancó. La lanzaba al aire como si fuera una pelota de tenis.

—Tenemos que hablar con él, alcaide, sáquelo del agujero donde lo tenga metido.

Lo llaman el agujero , una celda de tres metros cuadrados en los sótanos de la prisión. Sin lavabo, sin agua y prácticamente sin respiración ni luz. Cuando dos funcionarios abren la puerta, el olor a orina y a heces se posa en sus fosas nasales al instante.

—¡Joder! —añade uno—. ¡Qué puto asco, hostia!

—Espabila, Felipe, tienes visita… hoy debe ser tu día de suerte.

El preso está débil. Le cuesta mover los músculos para andar, pero, aún así, escupe a la cara a uno de los funcionarios.

—Me cago en tu puta madre. —El funcionario le mete un rodillazo en las costillas y lo estampa contra la pared—. Como vuelvas a hacer una mierda como esa te meto la porra por el culo y te la saco por la boca, ¿te ha quedado claro, pedazo de mierda?

Amaia y la agente Contreras están sentadas en una sala de visitas, esperando a que traigan a Felipe.

—¿Qué le ocurre a Pedro? —pregunta Rocío.

—¿Por qué lo dices?

—Joder, Amaia, está todo el puto día bebiendo… ¿qué tiene en la cabeza?

—Por Pedro no te preocupes, yo me ocupo de él. Es un buen poli, y eso es lo que cuenta.

—Lo sé, pero…

La conversación es interrumpida por los dos funcionarios que abren la puerta de la sala, con ellos entra Felipe Carrera, esposado de pies y manos. Lo hacen sentar en una de las sillas alrededor de la mesa.

—Menuda sorpresa, dos putitas para mí… teníais razón, chicos, hoy es mi día de suerte.

—Pueden salir —les dice Amaia—, nosotras nos ocupamos.

—Bien, inspectora, avisen al terminar.

En la sala podría llegar a cortarse la tensión con unas tijeras. Los tres se miran pero ninguno dice nada. Aunque es Felipe el primero en saltar.

—Bueno, ¿cuál de las dos me la va a chupar primero?

Amaia le sonríe.

—¿Te crees muy gracioso, Felipe?

—Algo sí, no puede negarlo, ¿verdad?

—Veamos si acierto —indica Amaia—: Seguramente de pequeño sufriste malos tratos por parte de tu padre, fuiste un niño reprimido que tenía que ver como su familia se desmoronaba por culpa de sus borracheras…

sentías celos de otros niños, los veías felices con sus familias y tú siempre has añorado eso.

Te encerrabas solo en tu habitación soñando con poder salir de aquella casa que tanto odiabas…

y ahora, mírate, estás en esta cárcel pudriéndote, y cuando salgas de aquí serás un viejo al que todos odiarán.

¿Cuántas veces te pajeas solo en tu celda?

¿Cuántas pajas pensando en todas aquellas chicas que no te hicieron caso? ¿Cuántas…

—¡Basta, joder! —salta Felipe, furioso—. ¿Qué coño queréis de mí?

—Esto es España, Felipe, aquí no hay dos crímenes iguales por casualidades de la vida, y tú cometiste uno que ni en un millón de años se repetiría…

cortaste a un tío por la mitad con una sierra y le cortaste la cabeza —le explica la inspectora—.

Quiero saberlo todo, ¿entiendes?… Hay alguien por ahí que parece tenerte mucho cariño.