AÑO 2005 #4
¿Era posible? Sí... Aarón... era Aron, ¡estaba vivo! ¿Pero cómo? Una sonrisa se dibujó en mi rostro y todo comenzó a tener sentido nuevamente. Agarré mi mochila rápidamente, el teléfono y la billetera, y llamé a un taxi; tenía que verlo ya. No podía dejar pasar ni una hora más.
El taxista llegó después de veinte minutos.
Le dije solamente que se diera prisa. En el auto me daban vueltas muchas ideas en la cabeza; no tenía idea de si de verdad iba a lograr ver nuevamente a Aron.
¿Tal vez era una treta para algo? ¿Pero para qué?
Después de casi treinta minutos, llegamos a la avenida; estaba llena de gente transitando por todas partes.
Cuando llegamos exactamente a la dirección, me bajé y alcancé a ver un auto que destacaba demasiado entre los demás: un vehículo con lunas polarizadas.
Alguien bajó vestido elegantemente y se acercó hacia mí:
—¿Señor Noah?
—¿Sí?
—Su identificación, por favor.
Le mostré mi ID. Mientras la revisaba, él miraba a todas partes y me indicó muy decidido que me sentara en la parte de atrás.
Partimos rápidamente; el auto era de lujo.
Después de casi una hora llegamos a una casa que estaba muy hermética, parecida a un cuartel moderno, rodeada de altos muros que cubrían todo.
Me bajé del auto. Cuando me acerqué a la puerta principal de la casa, me di cuenta de que había dos cámaras muy bien instaladas, y una de ellas tenía intercomunicador. Escuché:
—¿Señor Noah?
—Sí...
—Un momento.
Se abrió la puerta. Adentro había dos hombres de pie, parecían guardaespaldas.
Eran muy altos, lo que me llamó la atención, ya que el promedio de altura local para varones no superaba el metro sesenta y cinco, y ellos medían más de un metro noventa.
No se ve a gente así muy seguido. No dijeron una sola palabra; solo me pasaron un detector de metales y me indicaron la entrada.
—La tercera puerta de la izquierda —dijeron.
Caminé lentamente y, cuando abrí la puerta, Aron estaba en la cama, conectado a un monitor cardíaco. A su lado estaba su madre. La reconocí de inmediato; a pesar de los años, la señora tenía el mismo semblante. No sabía qué decir.
—Lo siento tanto —fue lo único que logré pronunciar.
Aron miró a su madre y le hizo un gesto como diciendo: «Déjanos solos». Ella se paró, se acercó a mí y me dijo:
—Noah, no has cambiado nada.
Solo sonreí un poco, como agradeciéndole el comentario. Me senté en la silla que estaba vacía y Aron, mirándome, dijo con una voz muy baja producto de su recuperación:
—Noah, no sé cómo estoy vivo. Si estoy aquí es, literalmente, por obra y gracia del Creador. Pensé que no ibas a venir; la verdad, tenía la sensación de que estabas muerto.
—No. Cuando recibí tu mensaje estuve a punto de borrarlo, pero lo leí con más atención y logré ver el verdadero contenido...
pero estoy súper confundido. Hasta hace unas semanas estabas muerto; eso salió en los noticieros y la prensa estaba haciendo un seguimiento de tu caso.
Yo estaba devastado, la culpa me estaba matando.
—Entiendo... pero nada ha sido tu culpa. Todo tiene un propósito. Quiero que mires esto.
Señaló un pequeño televisor con un reproductor de video conectado. Me pidió que tomara el control remoto y lo encendiera.
El video comenzó a correr. Las imágenes eran muy nítidas; la pantalla estaba dividida en cuatro cámaras numeradas (Cam1, Cam2, Cam3, Cam4).
En la primera cámara apareció un hombre, aparentemente de mantenimiento, trabajando con un limpiador de pisos.
De pronto, y de forma muy rápida, soltó la máquina, sacó una pistola con silenciador y caminó a paso vivo, como sabiendo exactamente a dónde ir.
Pero, para esto, la seguridad ya estaba advertida: el hombre intentó entrar en una de las habitaciones, pero uno de los guardias logró detenerlo.
El sicario logró zafarse y, al no poder hacer nada más, a través de la Cam3 solo se vio cómo corría hacia las escaleras.
Finalmente, en la Cam4 —que claramente correspondía a la última cubierta del edificio, de unos quince pisos—, se vio al hombre correr hacia el borde y tirarse al vacío.
Esta vez no había manchas que taparan nada. Estaba impactado por lo que había presenciado; era increíble. Al final del video solo se veía a los guardias asomándose al vacío y luego corriendo hacia la puerta, me imagino que para ver el cadáver.
—¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —dijo Aron—.
Que cuando se acercaron al cuerpo tirado en la pista, lo sacaron rápidamente y limpiaron el lugar en menos de una hora.
Trataron de identificarlo, pero sus huellas no registraban ningún dato, no había fecha de nacimiento, ni partida de defunción. Es como si nunca hubiese existido.
Para mí era claro: la organización lo había mandado, pero al fallar, no le quedó otra opción que auto eliminarse.
—Después de ese momento, vinieron varias personas —continuó Aron—.
No eran policías; solo me dijeron que tenían que protegerme y que no me preocupara por mi familia ni por el trabajo.
Hasta este punto no sé quiénes son realmente, pero gracias a ellos estoy aquí, con una nueva identidad.
Por alguna razón, el estar aquí me da mucha paz.
Si me hubiese quedado en el hospital, estaría muerto.
No sé qué va a pasar conmigo después, pero lo que sí sé es que lo peor ya pasó para mí.
—Si tienes una nueva identidad, ¿entonces quieres decir que tienes un nombre nuevo?
—Mira en el primer cajón del escritorio.
Me acerqué al escritorio y, al abrir el cajón, encontré un expediente con varios documentos. Uno de ellos era un documento de identidad nacional con la cara de Aron, pero ahora decía: «Nombre: Jhonatan».
—Ahora me llamo Jhonatan. Me gustaba más Aron, pero me quedo con Jhon. Si esto me va a ayudar a sobrevivir los próximos veinte años, está bien.
Había logrado detectar que su apellido también era otro.
—Aron... perdón, Jhon. ¿Y tus hijas?
—A ellas también se les van a cambiar las identidades. Sabes, como policía, jamás había escuchado que a alguien se le pudiera cambiar la identidad así de fácil; legalmente es casi imposible. Pero al parecer existe alguna entidad que nadie conoce que puede hacerlo.
Aún me encontraba confundido con respecto a todo esto. ¿Acaso la organización del Jefe sabía de esta otra entidad, o era una organización enemiga que le estaba dando batalla? ¿Quiénes eran esos guardaespaldas gigantes? Se lo pregunté a Jhon.
—Como te mencioné, aún no logro identificarlos. Es decir, no se han presentado oficialmente; no hablan mucho. Creo que son parte de la policía internacional. ¿Lograste ver a los mastodontes de afuera, en la entrada?
—Sí, me llamaron mucho la atención.
—En toda mi vida de policía jamás había visto agentes con esa altura. Por eso digo que han venido de otro país, eso te lo puedo asegurar.
—¿Sabes cuánto tiempo más te vas a quedar aquí?
—Sí. Un doctor viene cada dos días y me dijo que podría ir a casa cuando me recuperara completamente, en más o menos quince días. Esa es otra cosa que quería contarte: tengo un nuevo lugar donde vivir. Es obvio que no podía quedarme en mi antigua casa.
—¿Y dónde están tus hijas ahora?
—Ellas están en la casa de mi madre, tienen vigilancia policial todo el día.
—¿Eso quiere decir que para la policía sigues vivo?
—Sí, pero solo algunos agentes de alto nivel tienen conocimiento, y solo ellos saben de mi cambio de identidad. Lamentablemente, hay muchos policías que no son confiables... Noah, creo que ahora sí me puedes contar en qué te has metido.
No tenía otra opción que contarle todo, aunque obviando algunos detalles. Después de todo lo que había acontecido, Jhon ya era parte de esto.
—Jhon, me tienes que prometer solo dos cosas: la primera es que todo lo que escuches en este momento es solo para ti, no puedes entregarle esta información a nadie.
Y la segunda es que vas a aceptar un pedido que te haré; no es nada difícil, y lo harás sin preguntar detalles ni el porqué. ¿Me lo prometes?
—¿A qué te refieres con lo del pedido?
—Necesito que me ayudes con algo que, estoy seguro, para ti es súper sencillo.
—Ok, dale... te lo prometo.
Le conté todo respecto a lo de la maleta y lo que se encontraba en ella, mis reuniones con la agente del Jefe, y lo del contrato de trabajo.
Le hice un resumen no tan extenso, pero obvié el nombre de Amanda; por alguna razón sentí que no debía decírselo, como si la estuviera traicionando. Le dije que se llamaba Samantha.
Cuando terminé de relatarle todo, Jhon solo miraba al frente con la mirada un poco perdida, asimilando todo lo que había escuchado. Finalmente, dijo:
—Ahora todo tiene sentido. Y lo has hecho muy bien; si fueras policía serías uno de los mejores.
Por todo lo que me has contado... esa gente lo tiene todo bajo control.
Por lo que sé, definitivamente nuestra policía no puede hacer absolutamente nada.
Es decir, para nosotros todo termina en una investigación y eventuales capturas, pero después el caso pasa al Poder Judicial y nos atan de manos.
Además, estas «personas», si se les puede llamar así, son muy... ¿cómo decirlo? ¿Poderosos?
—Sabes, pensé que te ibas a molestar después de contarte todo esto, porque te he involucrado directamente.
—No... sinceramente, ahora soy parte de esto. Pero, Noah... ¿te has dado cuenta de que esa mujer está enamorada de ti?
Sonreí un poco.
—Mmm, ella sabe lo de mi esposa... además, no lo creo.
—Está enamorada de ti —insistió.
No le había dado muchos detalles, solo le había mencionado los abrazos y cómo me tomó de la mano para rogarme que dejara el tema atrás. ¿Sería cierto? ¿De verdad se había enamorado? ¿Qué cosa habría visto en mí? No, no... tengo que dejar de lado todos esos pensamientos.
Como cambiando de conversación, solo dije:
—Jhon, necesito que me ayudes. Ahora que sabes todo, me vas a entender.
—Dime.
—En noviembre se va a celebrar la Cumbre Asiática aquí en la capital. Necesito tener acceso a las cámaras de video de la ciudad, específicamente las de las avenidas donde los autos de los mandatarios van a parar o pasar.
—¿Pero para qué quieres eso?
—¡Jhon, me lo prometiste!
Moviendo la cabeza como negando con incredulidad, aceptó: