La única regla que rompemos Capítulo 17 #2
90%

Capítulo 17 #2

Ethan les observa las manos entrelazadas.

Mantiene la expresión seria, pero sin rastro de enfado.

—No voy a decir que esto no me sorprenda.

—Lo sé —responde Emma.

—Conozco a Nathan desde hace mucho tiempo. Sé cómo se pone cuando está enamorado, aunque nunca lo haya presenciado.

Nathan suelta un suspiro corto.

—¿Estás diciendo que soy fácil de leer?

—Miras a Emma como si fuera la única persona en la habitación.

Nathan no responde.

Ethan mira a su hermana.

—¿Eres feliz?

Emma siente que la pregunta la golpea en algún punto muy hondo.

Mira a Nathan.

Está tenso, esperando su respuesta.

—Lo soy.

Ethan asiente.

—Entonces no tengo derecho a impedirlo.

Nathan cierra los ojos un instante.

Emma le aprieta la mano.

—Pero —continúa Ethan—, sí tengo derecho a pediros que seáis sinceros conmigo.

—Lo seremos —dice Nathan.

—No me refiero solo a contarme las cosas cuando pasan. Me refiero a no esconder problemas, dudas ni decisiones importantes.

—Entendido.

—Si te entra miedo, Nathan, habla con ella. No desaparezcas.

Nathan asiente.

—Si crees que no puedes seguir, no dejes a Emma atada a una promesa que no piensas cumplir.

—No lo haré.

—Y Emma…

Ella levanta la vista.

—No aceptes menos de lo que él pueda ofrecerte. No conviertas el miedo en una excusa para quedarte en una situación que te hace daño.

A Emma le escuecen los ojos.

—No lo haré.

Ethan los mira a los dos.

—Quiero protegerte.

—Lo sé.

—Pero no quiero controlar tu vida.

—Lo sé.

—Eres mi hermana. Me voy a preocupar. Puede que haga demasiadas preguntas. Puede que al principio me cueste veros juntos.

Nathan le aprieta la mano.

Emma guarda silencio.

—Pero lo acepto —dice Ethan.

La frase parece poca cosa.

Pero lo cambia todo.

Emma nota que le caen las lágrimas.

—¿Lo aceptas?

—Sí.

—¿De verdad?

—De verdad.

Nathan parece tan aliviado que Emma casi sonríe.

Ethan lo señala con el dedo.

—Pero no creas que eso te libra de todas las preguntas.

—No lo creía.

—¿Me lo dirás si algo va mal?

—Te lo diré.

—Y no la tratarás como un secreto.

—No.

—Y no vas a aprovecharte de que eres mi mejor amigo para creer que puedes hacer lo que te dé la gana.

—Jamás haría eso.

—Lo sé.

Ethan sonríe por fin.

—Por eso lo acepto.

Nathan baja la mirada.

—Gracias.

—No me des las gracias por no ser un idiota.

—Estás siendo generoso.

Ethan mira a Emma.

—¿Quieres estar con él?

A Emma se le acelera el corazón.

La pregunta podría sonar a permiso, pero no lo es. Ethan le pregunta directamente qué quiere ella.

—Quiero.

—Pues está con él.

Emma abraza a su hermano.

Ethan la rodea con los brazos y cierra los ojos un instante.

—Te he echado de menos —murmura.

—Yo también a ti.

—¿Estás bien aquí?

—Lo estoy.

—¿Te cuida?

Emma se aparta y mira a Nathan.

—Lo intenta.

Nathan levanta las cejas.

—¿Que lo intento?

—Siempre me estás preguntando si he comido.

—Eso es cuidarte.

—Eso es controlar —dice Ethan.

—No ayudas —responde Nathan.

Ethan se ríe.

Por primera vez, la tensión se disuelve del todo.

...

Tras la conversación, Ethan va a deshacer la maleta.

Emma se queda en el salón con Nathan.

Los dos se sientan uno al lado del otro, todavía cogidos de la mano.

—¿Estás bien? —pregunta Nathan.

—Lo estoy.

—¿Segura?

—Lo estoy.

—Pareces emocionada.

—Lo estoy.

—¿Por qué?

—Porque pasé tanto tiempo creyendo que nunca podría tenerte.

Nathan le lleva la mano a los labios.

—Ahora puedes.

—Ya has oído a Ethan.

—Lo he oído.

—¿Le crees?

—Sí.

—Yo también.

Nathan se inclina y la besa en la frente.

—Ojalá hubiera hablado con él antes.

—Hablaste con él cuando estabas preparado.

—Tú estabas preparada antes que yo.

—Tenía miedo.

—Lo sé.

—Pero ya no quiero esconderme.

—No nos esconderemos.

—¿Tampoco de Olivia?

—Ella ya lo sabe.

—¿Tampoco de Caleb?

—Se dio cuenta antes que nosotros.

Emma se ríe.

—Entonces ya solo quedan nuestros padres.

Nathan se pone serio.

—¿Quieres decírselo?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Luego.

—¿Luego de qué?

—¿Cuando vuelva a la residencia?

A Nathan se le encoge el pecho ante esa posibilidad.

Emma lo nota.

—Estás preocupado.

—Lo estoy.

—¿Por qué?

—Me gusta tenerte aquí.

—Lo sé.

—Y me gusta saber que, cuando vuelvo, estás en el cuarto de al lado.

—A mí también me gusta.

—Pero puedes volver cuando quieras.

—Lo sé.

—Y seguiré yendo a verte.

—Lo sé.

Nathan le toma la cara entre las manos.

—No quiero que pienses que nuestra relación depende de este piso.

—Ya no lo pienso.

—¿Estás segura?

—Lo estoy.

—¿De verdad?

—De verdad.

Emma lo besa.

El beso es breve, pero basta para que Nathan sonría.

—Estás más segura de ti misma —dice él.

—Tu hermano dio el visto bueno.

—No tenía que aprobar nada.

—Pero ayudó.

—Lo sé.

Ethan vuelve al salón unos minutos después.

—¿Os estáis besando?

Emma se aparta de golpe.

Nathan se mantiene más tranquilo.

—Sí.

—Era una broma.

—Tú has preguntado.

Ethan los mira a los dos.

—Voy a tener que acostumbrarme a esto.

—Te acostumbrarás —dice Emma.

—Pero no lo hagáis en la cocina cuando yo venga a por comida.

Nathan levanta una ceja.

—¿Vas a invadir nuestra cocina?

—También es mi piso.

—Has estado fuera un semestre.

—Y sigo pagando parte del alquiler.

—Llevas dos meses sin pagar.

Ethan mira a Emma.

—¿Ves cómo es?

—Ya lo veo.

—Acabo de aceptar la relación y ya me están echando de casa.

Emma se ríe.

La sensación de estar entre los dos le resulta familiar, pero ahora hay una diferencia esencial.

Nathan no oculta la forma en que la mira.

Ethan se da cuenta.

Y no intenta impedírselo.

…

Más tarde, cuando Ethan se va a dormir a la habitación que todavía comparte con Caleb, Emma se queda en la cocina con Nathan.

La puerta del piso está cerrada, pero la habitación transmite una sensación de apertura que antes no tenía.

—¿Eres feliz? —pregunta Nathan.

Emma se apoya en la encimera.

—Lo soy.

—¿De verdad?

—¿Vas a seguir preguntando?

—Puede.

—Entonces sí.

Nathan se acerca más.

—No sabía cómo iba a reaccionar Ethan.

—Yo sabía que no intentaría controlarme.

—Tenías más fe en él que yo.

—Tenías demasiado miedo.

—Lo tenía.

—¿Y ahora?

—Sigo teniendo miedo.

Emma le toca el pecho.

—¿Tienes miedo?

—¿De qué?

—De lo mucho que ha cambiado todo.

Nathan le cubre la mano con la suya.

—Lo tengo.

—Pero no quieres volver atrás.

—No.

—¿Ni por un segundo?

—Ni por un segundo.

Emma se acerca y le besa la mejilla.

—Yo tampoco quiero volver atrás.

Nathan la abraza por la cintura.

—Volveré a hablar con Ethan cuando haya descansado.

—No hace falta que le sueltes otro discurso.

—No será un discurso.

—¿Y qué será entonces?

—Le diré que te quiero.

—Ya lo sabe.

—Quiero decírselo mirándolo a los ojos.

Emma sonríe.

—¿Intentas demostrar algo?

—Intento no esconderme.

Ella apoya la frente en la de él.

—Entonces estaré a tu lado.

—Lo sé.

—No voy a dejar que huyas.

—Lo sé.

—Y no voy a aceptar que me trates como un error.

—Nunca fuiste un error.

—Dilo.

—Nunca fuiste un error.

—Más.

—Eres la elección más verdadera que he hecho en mi vida.

Emma cierra los ojos.

Nathan la besa.

El beso es lento y tierno, con la calma que les faltó cuando empezaron a acercarse.

Cuando se separan, siguen abrazados.

Por primera vez, Emma no tiene que mirar a la puerta antes de tocarlo.

No tiene que apartarse cuando Ethan está en la otra habitación.

No tiene que esconder la sonrisa cuando Nathan le coge la mano.

La relación no ha hecho más que empezar.

Todavía quedan las conversaciones con sus padres, los cambios de rutina y la necesidad de averiguar cómo serán los dos juntos fuera de ese apartamento.

Pero lo más difícil ya ha pasado.

Ethan lo sabe.

Nathan ha elegido.

Emma ya no espera a que él decida si puede quererla.

Ya lo ha decidido.

Y esa noche, los dos se quedan juntos en la cocina, sin necesidad de esconder lo que sienten.