La única regla que rompemos Capítulo 17
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Capítulo 17

Su hermano se entera

Emma se pasa toda la mañana intentando fingir que no está nerviosa.

Ethan vuelve esa tarde.

El viaje, que al empezar parecía lejano, llega por fin a su término, y a Emma se le encoge el estómago solo de pensar en verlo. No porque tenga dudas sobre Nathan, sino porque sabe que, después de la conversación, nada podrá seguir oculto.

Hasta ese momento, la relación existe solo entre ellos dos.

Nathan la besa en la cocina.

La coge de la mano en el coche.

Le prepara café.

Le dice que la quiere antes de irse al entrenamiento.

Pero, para el resto del mundo, siguen siendo solo Emma Carter y Nathan Brooks, la hermana del mejor amigo y el hombre que siempre ha formado parte de la familia.

Ethan es la primera persona que debe saberlo.

No porque Emma necesite su permiso.

Nathan lo dejó muy claro.

Sino porque Ethan importa demasiado como para que se entere por casualidad.

Emma está sentada a la mesa de la cocina, con un libro abierto delante, cuando le vibra el móvil.

Llego en veinte minutos.

El mensaje es de Ethan.

Lo lee dos veces.

Nathan está en el dormitorio, acabando de arreglarse. Va a buscarlo a la estación, pero los dos han decidido que se lo contarán todo en cuanto vuelvan al apartamento.

Juntos.

Emma mira hacia la puerta del pasillo.

—¿Nathan?

—Ya voy.

—Ethan está a punto de llegar.

—Lo he visto.

Aparece unos segundos después con una camisa oscura y unos vaqueros. Lleva el pelo mejor peinado de lo habitual y la tensión se le nota en la cara.

Emma sonríe.

—Estás nervioso.

—No lo estoy.

—Sí que lo estás.

—Estoy intentando parecer tranquilo.

—No hace falta.

—Sí que hace falta.

—¿Por qué?

Nathan se acerca y le coge la mano.

—Porque si parezco nervioso, Ethan se dará cuenta de que ha pasado algo antes de que crucemos la puerta.

—Se va a dar cuenta de todas formas.

—Lo sé.

—Entonces no tiene sentido.

Nathan le lleva los dedos a los labios.

—¿Estás lista?

Emma respira hondo.

—Lo estoy.

—¿Segura?

—No.

Nathan arquea las cejas.

—Estás usando mi respuesta.

—Aprendí de ti.

Sonríe, pero no se le borra la preocupación.

—No voy a dejar que afrontes esto sola.

—Lo sé.

—Si Ethan te hace alguna pregunta que no quieras responder…

—Lo diré.

—Emma.

—Sé lo que hago.

Nathan le estudia el rostro.

—¿Segura?

Emma se levanta.

—Te elijo a ti.

La declaración parece tranquilizarlo.

Nathan le toca la cara.

—Yo también te elijo a ti.

La besa.

El beso es breve, pero lleno de certeza.

Cuando se separan, Emma siente una punzada de miedo.

—¿Crees que se enfadará?

—No lo sé.

—Deberías saberlo. Es tu mejor amigo.

—Ethan puede ser impredecible cuando está preocupado.

—Querrá protegerme.

—Lo sé.

—¿Y vas a dejarle?

—Dejaré que pregunte. Lo que no dejaré es que decida por ti.

Emma le aprieta la mano.

—Está bien.

Nathan coge las llaves.

—Vamos.

…

Cuando llegan, la estación está a rebosar.

Nathan aparca cerca de la entrada y Emma lo acompaña hasta el andén. El tren de Ethan ya se ve a lo lejos, va reduciendo la marcha.

Nathan le coge la mano.

No la suelta cuando los primeros pasajeros empiezan a bajar.

El gesto es público, sencillo y definitivo.

Emma baja la vista hacia sus manos entrelazadas.

Durante semanas, los dos evitaron cualquier gesto que pudiera delatar lo que sentían. Ahora a Nathan parece darle igual quién los vea.

Está nervioso, pero no se echa atrás.

Cuando Ethan aparece, con una maleta y una mochila, los localiza con la mirada casi de inmediato.

Lo primero que ve es la mano de Nathan sobre la de Emma.

Lo segundo, la forma en que Emma está plantada a su lado.

Ethan se detiene.

Emma nota cómo la tensión recorre el cuerpo de Nathan.

Su hermano los mira unos segundos.

Luego sigue andando.

—Hola —dice Ethan.

—Hola —responde Emma.

Nathan le suelta la mano solo para abrazar a su amigo.

Ethan le devuelve el abrazo, pero el abrazo dura menos de lo normal. Se aparta y vuelve a mirarles las manos.

—Estáis juntos los dos?

La pregunta es directa.

A Emma se le enciende la cara.

Nathan no aparta la mirada.

—Sí, lo estamos.

Ethan asiente despacio.

—Desde cuándo?

—Desde hace unos días —responde Nathan.

—Unos días.

—Sí.

—Y habéis decidido contármelo ahora?

—Quería decírtelo en persona.

Ethan mira a Emma.

—Estás bien?

—Sí.

—Estás segura?

—Lo estoy.

Su hermano le escruta el rostro, como si intentara averiguar si está diciendo la verdad.

Emma vuelve a cogerle la mano a Nathan.

—Yo elegí esto.

Ethan mira el gesto.

—Vámonos a casa —dice.

El camino hasta el coche transcurre en silencio.

Nathan mete la maleta de Ethan en el maletero. Emma se sienta detrás, pero Ethan sube a su lado. Nathan conduce.

La distribución de los asientos le resulta familiar. Durante años, Ethan se sentaba delante y Emma viajaba detrás. Ahora Nathan está al volante, Ethan a su lado y Emma los observa por el espejo.

Nadie habla durante los primeros minutos.

—¿Cómo fue el viaje? —pregunta Emma.

—Bien.

—¿Conseguiste arreglarlo todo?

—Sí.

—¿Estás cansado?

—Un poco.

La conversación es superficial y todos lo saben.

Ethan mira a Nathan.

—¿Me vas a contar cómo empezó?

Nathan no aparta los ojos de la carretera.

—Podemos hablar cuando lleguemos.

—¿Por qué?

—Porque no quiero tener esta conversación mientras conduzco.

—¿Tienes miedo de perder la concentración?

—Tengo miedo de que hagas una pregunta que requiera más atención.

Ethan casi sonríe.

Emma nota que la tensión cede un poco.

—No voy a gritar —dice Ethan.

—Lo sé.

—No voy a pegarte.

—Lo sé.

—Pero voy a hacer preguntas.

—Lo sé.

—Y puede que algunas respuestas no me gusten.

Nathan aprieta las manos sobre el volante.

—Estás en tu derecho.

Ethan mira a Emma.

—¿Y tú?

—Yo también.

—¿De verdad quieres esto?

Emma mira a su hermano por el espejo.

—Sí.

—¿Aunque conoces a Nathan desde hace tantos años?

—Sobre todo porque conozco a Nathan desde hace tantos años.

Ethan se queda callado.

Nathan le lanza una mirada por el retrovisor.

Emma ve la gratitud en sus ojos.

...

Cuando llegan al apartamento, Ethan deja la maleta en el recibidor y entra en el salón. Nathan cierra la puerta y Emma se queda a su lado.

La situación es extraña.

Ese apartamento se ha convertido en el lugar donde ella y Nathan aprendieron a acercarse el uno al otro. Fue allí donde discutieron, se besaron, confesaron lo que sentían y decidieron dejar de fingir.

Ahora Ethan está sentado en el sofá, en el mismo sitio donde Emma se quedó dormida y Nathan la llevó en brazos al dormitorio.

Él conoce ese lugar.

Pero no sabe lo que pasó allí.

—Sentaos —dice Ethan.

Nathan mira a Emma.

Los dos se sientan en el sofá, muy juntos, pero sin tocarse al principio. Ethan se sienta en el sillón de enfrente.

Durante unos segundos, nadie habla.

Emma siente que le toca a ella empezar.

—No quería que te enteraras por otra persona.

Ethan asiente.

—Lo sé.

—Cuando te fuiste, todavía no estaba segura de lo que pasaba.

—¿Y ahora?

—Ahora sí.

—¿Quieres a Nathan?

La pregunta le acelera el corazón.

Emma mira a Nathan.

Él no interviene.

No intenta responder por ella.

—Sí —dice ella.

Ethan sigue en silencio.

—¿Desde cuándo? —pregunta él.

Emma respira hondo.

—No lo sé exactamente. Unos cuantos años.

—¿Unos años?

—Empecé a darme cuenta de que me gustaba a los dieciocho.

Ethan se pasa una mano por la cara.

—Tenías dieciocho años.

—Lo sé.

—Y nunca me lo dijiste.

—Tenía miedo.

—¿De mí?

—De todo.

—¿Pensabas que no lo aceptaría?

—No lo sabía.

Ethan mira a Nathan.

—¿Y tú?

Nathan mantiene el gesto serio.

—Me di cuenta antes que ella.

—¿Antes que ella?

—Sí.

—¿Y nunca dijiste nada?

—No.

—¿Por qué?

—Porque pensaba que sería traicionar nuestra amistad.

Ethan se queda callado.

Emma siente que la tensión vuelve.

Nathan continúa:

—No quería que pensaras que me acercaba a tu familia por ella. No quería convertir lo que teníamos en algo raro. Así que intenté ignorarlo.

—¿Cuánto tiempo?

—Años.

—¿Y lo conseguiste?

—No.

Ethan mira a su hermana.

—¿Sabías que él sentía algo?

—Lo sospechaba.

—¿Y seguiste ocultándolo?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque Nathan nunca hizo nada. Pensaba que a lo mejor me lo estaba imaginando.

Ethan respira hondo.

—Los dos os habéis pasado años sufriendo en silencio.

—Eso parece —dice Emma.

—¿Y decidisteis aclararlo mientras yo estaba fuera?

Nathan responde:

—No estaba planeado.

—¿Cómo pasó?

Emma nota cómo se le calienta la cara.

Su hermano los observa a ambos.

—¿Os besasteis?

—Sí —dice Nathan.

—¿Cuándo?

—Después de que se mudara aquí.

—¿Y antes de eso?

—Ya había algo entre nosotros.

—¿Cuánto?

—No sé cómo medirlo.

—¿Siempre respondes así?

Nathan lo mira.

—Cuando la pregunta no tiene una respuesta exacta.

Ethan se echa hacia atrás en el sillón.

—No quiero saber los detalles.

Emma siente alivio.

—Pero quiero saber cuáles son tus intenciones.

Esa palabra pesa.

Nathan no se mueve.

—Mis intenciones son serias.

—¿La quieres?

—Sí.

—¿Se lo has dicho?

—Sí.

—¿Y ella te cree?

Emma responde:

—Ahora, sí.

Ethan mira a su hermana.

—¿Ahora?

—Tenía miedo de que solo estuviera en esto porque vivíamos juntos.

—¿Y tú?

Nathan dice:

—Le expliqué que la quería desde antes de que se mudara aquí.

Ethan asiente despacio.

—¿Estás seguro?

—Lo estoy.

—¿Sabes que ella no es una fase pasajera?

—Lo sé.

—¿No es una aventura?

—Lo sé.

—¿No es algo prohibido que quieres solo porque no puedes tenerlo?

—Lo sé.

Ethan se inclina hacia delante.

—¿Y entonces por qué has tardado tanto?

Nathan mira a Emma.

—Porque tenía miedo de perderlo todo.

—¿Crees que ahora podrías perderlo todo?

—Podría.

—¿Por qué?

—Porque si le hago daño a Emma, te lo hago a ti también.

Ethan no le quita los ojos de encima.

—Si le haces daño a Emma, no será por haberte enamorado. Será porque mientas, porque escondas cosas o porque trates lo que sientes como algo desechable.

Nathan asiente.

—Lo sé.

—¿Sabes lo que ella quiere?

—Quiere sinceridad.

—Eso no es todo.

Nathan mira a Emma.

Ella siente cómo la mano de él busca la suya y la encuentra.

—Quiere que la elijan —dice él.

Ethan vuelve a mirar a su hermana.

—¿Es eso?

—Así es.

—¿Quieres que te elija incluso cuando sea difícil?

—Sí.

—¿Y tú lo elegirías a él?

—Ya lo he hecho.