La única regla que rompemos Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

La conversación no termina de golpe. Siguen hablando mientras recogen la cocina, mientras él se prepara para el entrenamiento y mientras ella intenta ordenar los libros de la mesa.

Nathan le cuenta la primera vez que sintió celos de alguien que se acercaba a ella. Fue en su último curso de instituto, cuando un chico empezó a acompañarla a la parada del autobús.

—Me dijiste que no dejara que me llevara en coche.

—Conducía demasiado rápido.

—Ni siquiera lo conocías.

—Sabía lo suficiente.

—Te plantaste en la puerta del instituto tres días.

—Pasaba por allí.

—Tú estudiabas en la otra punta del instituto.

—Tenía cosas que hacer.

Emma se ríe.

Nathan también.

—Siempre has sido muy protector.

—Intentaba no ser otra cosa.

—¿Ya me deseabas entonces?

—No como te deseo ahora.

—Pero sentías algo.

—Sí.

—Estabas muy confundido.

—Lo sigo estando.

—Pero ahora eres sincero.

—Lo intento.

Emma le toca la mano.

—Tienes que dejar de decir que solo lo intentas.

Nathan la mira.

—¿Por qué?

—Porque te creo.

Su expresión se suaviza.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Incluso cuando tengo miedo?

—Sobre todo entonces.

Él le besa los dedos.

El gesto se ha vuelto habitual en apenas unos días, pero a Emma el corazón le sigue reaccionando cada vez que Nathan lo hace.

—¿Cuándo vas a hablar con Ethan? —pregunta ella.

—En cuanto vuelva.

—¿Quieres decirle que estamos juntos?

Nathan se queda en silencio.

Emma lo nota.

—No tienes que responder ahora.

—Quiero hacerlo.

—¿Pero?

—No sé si estás preparada.

La pregunta la sorprende.

—Lo estoy.

—¿Segura?

—Lo estoy.

—No quiero ponerte en una situación que no hayas elegido.

—La elijo.

—Sabes que, después de esto, ya no podremos fingir delante de tu familia.

—No quiero fingir.

—¿Quieres que tus padres lo sepan?

Emma lo piensa.

—Quiero que lo sepan cuando sea el momento adecuado. No quiero que se enteren por Ethan ni por nadie más.

—Ethan no se lo dirá.

—Lo sé.

—¿Sigues queriendo esperar?

—Quizá solo hasta que hayamos hablado con él.

Nathan asiente.

—Está bien.

Emma se da cuenta de que parece aliviado.

—¿Te da miedo decírselo?

—Sí.

—Acabas de decir que no tienes que elegir entre él y yo.

—No. Pero aun así me da miedo que las cosas cambien.

—Cambiarán.

Nathan la mira.

—No me estás ayudando.

—Soy sincera.

—Lo sé.

—Pero que las cosas cambien no significa perderlas.

—¿Estás segura?

—No. Pero lo creo.

Nathan sonríe.

—Estás aprendiendo de mí.

—Puede ser.

…

Nathan se va al entrenamiento a primera hora de la tarde.

Antes de salir, besa a Emma en la cocina y le sujeta la cara unos segundos.

—Vuelvo luego.

—Lo sé.

—No salgas sin avisarme.

Emma arquea las cejas.

—¿Es una orden?

—Es una petición.

—¿Y si no te aviso?

—Me preocuparé.

—Puedes preguntarle a Olivia.

—Me dirá que hable contigo.

—Tiene razón.

—Lo sé.

Emma lo agarra por el cuello de la camiseta.

—Vete a entrenar.

—Ya me voy.

Nathan le besa la frente.

Esta vez no hay titubeo.

No hay miedo de que alguien los vea por la ventana ni de que el gesto signifique demasiado.

Emma se queda en la puerta mientras él se aleja por el pasillo.

Cuando Nathan mira hacia atrás, ella sigue allí.

Él sonríe.

—Te quiero —dice.

Emma siente un calor que se le extiende por el pecho.

—Yo también te quiero.

La puerta se cierra.

...

El entrenamiento es intenso, pero Nathan se siente distinto.

No porque los problemas hayan desaparecido.

Sigue habiendo preguntas sin respuesta. Ethan sigue fuera. Todavía no han hecho oficial su relación. La posibilidad de perder la amistad más importante de su vida sigue siendo un miedo real.

Pero ahora Nathan ya no intenta fingir que Emma es una amenaza.

Es la mujer a la que ama.

Y tiene que comportarse como alguien que tuvo el valor de elegirla.

Caleb nota el cambio en cuanto Nathan pisa el hielo.

—Has hablado con ella.

—Sí.

—¿Y?

—Me quiere.

Caleb sonríe.

—Pareces sorprendido.

—Lo sabía. Pero oírlo es otra cosa.

—¿Vas a seguir con esa cara de idiota enamorado?

—Probablemente.

—¿Y Ethan?

—Hablaré con él en persona.

—Buena decisión.

Nathan se ajusta los guantes.

—No quiero que parezca que le pido permiso.

—Pues no se lo pidas.

—Quiero que sepa que es algo serio.

—Lo sabrá.

—Quiero hacerlo todo bien.

Caleb lo observa.

—No tienes que hacerlo todo a la perfección.

—Lo sé.

—Solo tienes que dejar de huir.

Nathan mira el hielo.

—No lo haré.

Durante el entrenamiento juega mejor que en los últimos días. No porque esté del todo tranquilo, sino porque la decisión de hablar con Ethan le da un rumbo.

El miedo deja de ser un muro.

Pasa a ser solo algo que tendrá que superar.

…

Emma pasa la tarde con Olivia.

No le cuenta todos los detalles, pero reconoce que habló con Nathan de sus inseguridades y que él le aseguró que lo que sentía ya existía antes de que empezaran a vivir juntos.

—¿Y le crees? —pregunta Olivia.

—Ahora sí.

—¿Porque te lo dijo?

—Porque me lo explicó.

—¿Se sinceró?

—Más que nunca.

Olivia sonríe.

—Así que por fin lo escuchaste.

—Ya lo escuchaba antes.

—No. Antes buscabas señales que demostraran que no sentía lo suficiente.

Emma acepta la acusación.

—Tenía miedo.

—Lo sé.

—Y todavía lo tengo.

—Eso es normal.

—¿Tú crees?

—Estás enamorada del mejor amigo de tu hermano. Es una situación complicada.

Emma la mira.

—¿Crees que saldrá bien?

Olivia no responde enseguida.

—Creo que tienes que dejar de pensar solo en el final.

—¿Por qué?

—Porque intentas vivir el principio sabiendo ya cómo acaba la historia. Así no funciona.

Emma sonríe.

—Hablas como si estuvieras escribiendo una novela.

—La que vive como si estuviera en una eres tú.

—¿Y Nathan?

—Está aprendiendo a ser el protagonista.

Emma se ríe.

La conversación ayuda.

No porque le quite las dudas, sino porque le hace ver que no tiene que resolverlo todo en un solo día.

Nathan no prometió que nunca tendrían miedo.

Prometió no ocultarle nada.

Con eso basta por ahora.

...

Cuando Nathan vuelve, encuentra a Emma sentada en el salón.

Se levanta en cuanto él entra.

Nathan deja caer la bolsa en el suelo y la abraza.

Emma le rodea la cintura con los brazos.

—¿Cómo ha ido el entrenamiento?

—Bien.

—Pareces cansado.

—Lo estoy.

—¿Quieres comer algo?

—Sí.

—He preparado algo.

Nathan la mira.

—¿Has cocinado?

—No te emociones. Es solo pasta.

—Me gusta la pasta.

—Aún no la has probado.

—Confío en ti.

Emma sonríe.

Van a la cocina de la mano.

El gesto parece sencillo, pero Nathan sabe que no lo es.

Durante la cena, Emma habla de Olivia, de sus clases y de su proyecto de la universidad. Nathan le habla de Caleb y del entrenamiento. Ninguno de los dos evita el tema de Ethan, pero tampoco dejan que acapare la velada.

Después, Emma pregunta:

—¿Vas a llamarlo esta noche?

—No.

—¿Por qué?

—Quiero hablar cuando pueda verlo.

—¿Vas a esperar a que vuelva?

—Sí.

—¿Y si tarda mucho?

—Esperaré.

Emma le aprieta la mano.

—No tienes que esperar para elegirme.

—Ya te he elegido.

—Entonces no pongas como condición hablar con Ethan.

—No es una condición.

—Pues lo parece.

—Quiero hablar con él porque merece oírlo de mi boca.

Emma asiente.

—Está bien.

—¿Estás lista para esto?

—Lo estoy.

—¿De verdad?

—De verdad.

—Si cambias de opinión…

—Te lo diré.

Nathan sonríe.

—Estás usando mis propias promesas en mi contra.

—Sí.

Se inclina sobre la mesa y le besa la mano.

—Te quiero.

Emma nota que la emoción le crece por dentro.

—Te quiero.

Nathan sonríe.

Esta vez, la palabra no encierra miedo.

Encierra una decisión.

…

Esa noche, antes de dormir, Nathan acompaña a Emma hasta su habitación.

Ella se queda de pie frente a la cama y lo mira.

—Vas a hablar con Ethan.

—Sí.

—Y vas a decirle que estamos juntos.

—Sí.

—¿Aunque haga preguntas?

—Las responderé.

—¿Aunque se asuste?

—Le daré tiempo.

—¿Aunque todo cambie?

—Ya ha cambiado todo.

Emma se acerca.

—¿Vas a esconderme hasta entonces?

—No.

—Pero tampoco tienes que anunciarlo.

—Lo sé.

Nathan le toca la cara.

—Quiero que lo decidas tú cuando estés lista.

—Estoy lista.

—Entonces, cuando tú lo digas, se lo contaremos.

—¿Juntos?

—Juntos.

Emma sonríe.

—Pareces muy seguro.

—Tengo miedo.

—No se te nota.

—He aprendido a disimularlo.

—No conmigo.

—No contigo.

Él la besa.

El beso es largo, pero tranquilo. Nathan le pasa la mano por el pelo y la aprieta contra sí hasta que los dos tienen que separarse para respirar.

—Buenas noches —dice él.

—Buenas noches.

Nathan deja la puerta abierta al salir.

Emma lo mira cruzar el pasillo.

Esta vez no hay duda.

Nathan se enamoró de ella antes de su primer beso.

Luchó contra ese sentimiento por Ethan, por la historia que compartían y por el miedo a perder a las dos personas más importantes de su vida.

Pero ahora había elegido.

No porque Emma estuviera en la habitación de al lado.

No porque vivir juntos los hubiera acercado.

No porque Ethan le hubiera pedido que cuidara de ella.

Nathan eligió a Emma porque la amaba.

Y cuando Ethan volviera, no la escondería.

No la trataría como un error.

No dejaría que el miedo volviera a decidir por él.

Emma cierra la puerta de su habitación, pero deja que entre la luz del pasillo por la rendija.

Por primera vez, la espera no le parece una amenaza.

Ahora es el camino hacia el momento en que Nathan reconocerá, delante de su hermano, la decisión que ya ha tomado en su corazón.