Capítulo 15 #3
—Tú no pones nada fácil.
—Lo sé.
—Me quieres y aun así haces que todo parezca imposible.
—Estoy aprendiendo.
Emma sonríe.
—Vas mejorando.
Nathan le besa la frente.
—No quiero que te sientas algo pasajero.
—Me sentí así.
—No lo eres.
—Entonces dilo.
—No eres algo pasajero.
—Más.
Nathan la sujeta por la cintura.
—No eres una consecuencia del problema con la residencia. No estás aquí porque necesitabas un sitio donde quedarte. No eres una etapa, ni una distracción, ni una responsabilidad.
Emma siente un calor que se le extiende por el pecho.
—Entonces, ¿qué soy?
—Eres la mujer a la que quiero.
Las lágrimas vuelven.
—¿Vas a seguir diciéndolo?
—Tantas veces como haga falta.
—¿Hasta que te crea?
—Hasta que ya no necesites preguntarlo.
Emma le toca la cara.
—Yo también te elijo.
Nathan cierra los ojos.
—Lo sé.
—No lo sabes.
—¿No?
—No. Sigues asustado.
—Lo estoy.
—Entonces necesitas oírlo.
Nathan abre los ojos.
—Te elijo. No porque estés en tu apartamento. No porque mi hermano esté fuera. No porque seas la persona que siempre ha estado al lado. Te elijo porque eres tú.
Nathan la besa.
El beso no tiene la urgencia de los anteriores. Es profundo, lento, lleno de esa seguridad que había faltado estos últimos días. Emma le rodea el cuello con los brazos y Nathan la atrae hacia sí.
Esta vez, nadie se aparta.
Ninguna regla que repetir.
Ningún miedo que interrumpa el momento.
La mano de él le recorre la espalda y se detiene en la cintura. Emma nota el corazón de Nathan latir contra el suyo.
Cuando se separan, él mantiene la frente apoyada en la de ella.
—¿Estás bien? —pregunta él.
—Ahora sí.
—Debería habértelo dicho antes.
—Yo también.
—No tienes que culparte.
—Tú tampoco.
Nathan la abraza.
Emma se queda pegada a él, aspira el olor de su piel y siente cómo la tensión se le va del cuerpo.
Todavía hay preguntas sin respuesta.
La oficina de alojamiento aún podría liberarle la habitación.
Ethan todavía tendrá que lidiar con la nueva realidad cuando vuelva.
Aún no han hecho oficial su relación.
Pero algo cambió en esa conversación.
Emma dejó de huir antes de conocer la verdad.
Nathan dejó de esconder su amor tras el miedo.
Y, por primera vez, ella puede creer que él la elegiría aunque no estuviera en la habitación de al lado.
…
Más tarde, se sientan juntos en la cocina.
Nathan prepara té y Emma observa cada uno de sus movimientos.
—¿Vas a seguir cuidándome así?
—Sí.
—¿Incluso cuando vuelva a la residencia?
—Sí.
—¿Me harás el café?
—Si me dejas.
—¿Y me recogerás en la universidad?
—Si me lo pides.
—¿Y si no te lo pido?
—Puede que me ofrezca yo.
Emma sonríe.
—¿Estás intentando ser romántico?
—Estoy intentando ser constante.
La respuesta la conmueve más de lo que podría conmoverla cualquier gran gesto.
—Eso me gusta.
—¿Qué?
—Que te quedes.
Nathan le coge la mano por encima de la mesa.
—Dije que me quedaría.
—Ahora te creo.
Le besa los dedos.
—Puedes preguntármelo todas las veces que quieras.
—No quiero tener que preguntártelo.
—Entonces no te daré motivos para dudar.
Emma lo mira.
—Eso no puedes prometerlo.
—Puedo prometer que lo intentaré.
—Otra vez con esa palabra.
—Es una buena palabra.
—A veces.
Nathan sonríe.
Ella le aprieta la mano.
—No quiero que nuestra relación dependa de que nunca tengas miedo.
—Lo tendré.
—Entonces dímelo.
—Lo haré.
—No desaparezcas.
—No lo haré.
—No me trates como si fuera algo demasiado valioso para tocarlo.
Nathan se pone serio.
—Eres valiosa.
—Lo sé. Pero sigo siendo una persona.
—Lo sé.
—Entonces elige quedarte cerca, incluso cuando sea arriesgado.
Nathan le toma la mano y se la lleva a los labios.
—Elijo quedarme.
La conversación se alarga hasta bien entrada la noche.
No sucede nada importante. Ninguna revelación más allá de las que ya se han contado. Solo ellos dos aprendiendo a hablar sin convertir cada miedo en una amenaza.
Cuando Emma se va a su habitación, Nathan la acompaña hasta la puerta.
Ella se detiene frente a él.
—¿Vas a dormir?
—Sí.
—¿Vas a quedarte ahí mirando mi puerta?
—Puede.
Emma sonríe.
—No lo hagas.
—¿Por qué no?
—Porque ahora puedes llamar a la puerta.
Nathan mira la puerta entreabierta.
—¿Estás segura?
—Lo estoy.
Él toca el pomo.
—Buenas noches, Emma.
—Buenas noches, Nathan.
Nathan no entra en la habitación hasta que Emma se hace a un lado.
No hay prisa.
Se acerca, le toca la cara y la besa.
Emma se agarra a su camiseta.
—¿Me seguirás eligiendo si vuelvo a la residencia?
—Sí.
—¿De verdad?
—De verdad.
—¿Y si me echas de menos?
—Iré a verte.
—¿Y si yo te echo de menos a ti?
—Me llamas.
—¿Y si no lo hago?
Nathan sonríe contra los labios de ella.
—Lo sabré.
—¿Cómo?
—Siempre te muerdes la mejilla por dentro cuando me echas de menos.
Emma se ríe.
—Sabes demasiado.
—Aún estoy aprendiendo.
La besa otra vez y luego se aparta lo justo para mirarla.
La certeza no ha borrado todavía todos los miedos de Emma.
Pero ahora sabe que no tiene que enfrentarse a ellos sola.
Nathan no tiene dudas sobre lo que siente.
Solo le da miedo lo importante que se ha vuelto ella para él.
Y, aun con miedo, elige quedarse.