La única regla que rompemos Capítulo 5 #2
29%

Capítulo 5 #2

—Solo estaba siendo amable.

—No te mira como si fuera solo amabilidad.

—¿Y cómo me mira?

Olivia inclina la cabeza.

—Como si intentara no mirarte.

Emma siente un escalofrío que le baja por los brazos.

—Ha puesto una regla.

—¿Qué regla?

—Que no puede pasar nada entre nosotros.

Olivia se queda callada un momento.

Luego pregunta:

—¿Eso ha dicho?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque vivo aquí.

—¿Solo por eso?

—Porque soy la hermana de Ethan.

—¿Solo por eso?

Emma no contesta.

Olivia se cruza de brazos.

—¿Crees que intenta protegerse a sí mismo?

—Intenta protegerme a mí.

—No te he preguntado eso.

Emma se queda mirando el café de la encimera.

—Puede ser.

—¿Y tú?

—Yo también intento protegerme.

—¿De qué?

Emma respira hondo.

—De mí misma.

A Olivia se le suaviza la expresión.

—Te da miedo que no sienta lo mismo.

—Me da miedo que sí lo sienta.

Su amiga no dice nada.

Emma por fin pela la fruta, aunque no tiene ganas de comer.

—Si no siente nada, pasaré vergüenza. Pero si siente algo, todo se pone peor. Porque es el mejor amigo de Ethan. Porque vivimos juntos. Porque hay una regla. Porque si pasa algo y sale mal, no pierdo solo a un hombre.

—¿Y pierdes también a tu hermano?

—No lo sé.

—Ethan te quiere.

—Lo sé.

—No va a dejar de quererte.

—No es tan simple.

—Quizá sea más sencillo de lo que tú lo pintas.

Emma mira a su amiga.

—No lo entiendes porque nunca te has enamorado de alguien a quien no podías querer.

—Me he enamorado de gente de la que no debía.

—¿De quién?

—De un tío que no sabía que yo existía.

—Eso no cuenta.

—Para mí sí contaba.

Emma sonríe por primera vez desde que empezó la conversación.

Olivia coge una uva de la bolsa.

—Mira, no digo que tengas que declararte a Nathan ni saltarte la regla. Solo digo que conmigo no hace falta que finjas.

—No estoy fingiendo.

—Claro que sí.

Emma respira hondo.

—Quiero besarlo.

La confesión le sale tan baja que casi se pierde entre los ruidos de la calle.

Olivia se queda inmóvil, con la uva entre los dedos.

Emma cierra los ojos.

Ahora que lo ha dicho, ya no puede retirarlo.

—Quiero besarlo —repite—. Y odio desear eso.

—¿Por qué?

—Porque cree que sigo siendo una niña. Porque no debería mirarme así. Porque no debería gustarme que lo haga.

—¿Te mira así?

Emma se arrepiente de haber contestado.

—A veces.

—¿Cómo?

—No lo sé.

—Emma.

—Me mira la boca.

Olivia se lleva una mano al pecho.

—Por fin.

—No digas eso.

—¿Me estás diciendo que Nathan Brooks, el hombre del que llevas años enamorada, te mira la boca y aún crees que no siente nada?

—Puede que solo esté distraído.

—Claro.

—Podría ser.

—¿Y ayer también estuvo a punto de tocarte la cara?

Emma se queda inmóvil.

—¿Cómo lo sabes?

—Acabas de confirmármelo.

—No he confirmado nada.

—Lo has confirmado con tu silencio.

Emma le quita la uva de la mano a Olivia y la vuelve a meter en la bolsa.

—No hizo nada.

—Pero quería.

—No lo sé.

—Sí que lo sabes.

Emma se apoya de espaldas en la encimera.

—Dijo que no puede pasar nada.

—¿Y tú lo aceptaste?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que piense que intento aprovecharme de la situación.

—¿Y lo estás intentando?

—No.

—¿Entonces por qué pones esa cara?

Emma se pasa una mano por el pelo.

—Porque no sé si podré seguir disimulando.

Apenas ha terminado la frase cuando una llave gira en la cerradura.

Emma y Olivia se miran.

Nathan.

Emma nota que se le enciende la cara.

—Dijo que volvería más tarde —susurra Olivia.

—Puede que el entrenamiento haya acabado antes.

—¿Le vas a decir que lo sé?

—No.

—¿Le vas a decir que estás enamorada?

—No.

—¿Le vas a decir que quieres besarlo?

—Olivia.

Las dos oyen abrirse la puerta.

Nathan entra en el salón. Su voz llega hasta la cocina mientras habla con alguien por teléfono.

—Enviaré el informe después de comer. No, el entrenador ya lo sabe. Ya está todo solucionado.

Emma mira a Olivia para pedirle que se calle.

Nathan sigue hablando mientras cruza el salón. No sabe que hay alguien en la cocina porque Emma no le ha dicho que ha llegado su amiga.

—Tengo que colgar.

Los pasos se acercan.

Emma se queda quieta.

Olivia se lleva un dedo a los labios.

Nathan aparece en la puerta de la cocina.

Lleva ropa de entrenamiento, con la camiseta del equipo pegada al pecho y el pelo algo húmedo. Lleva una toalla al hombro y su expresión cambia en cuanto las ve a las dos.

—Hola —dice Emma.

—Hola.

Nathan mira a Olivia.

—Tú debes de ser Olivia.

—Y tú debes de ser Nathan.

—He oído hablar de ti.

—Espero que fueran cosas buenas.

—Depende de quién me lo haya contado.

Olivia sonríe.

Emma nota que la tensión aumenta entre ellos, aunque Nathan parezca relajado. Deja la toalla en la silla y abre la nevera.

—¿Estabais hablando?

—Sí —responde Emma.

—¿De qué?

—De comida.

Olivia la mira.

—¿De comida?

—Dijiste que habías traído cosas.

—Es verdad.

Nathan coge una botella de agua.

—Pues os dejo seguir.

Sale de la cocina antes de que Emma pueda decir nada.

Olivia espera unos segundos.

—Lo ha oído.

—¿Qué?

—No sé. Pero algo ha oído.

—No ha oído nada.

—Emma, ha entrado en la cocina y te has puesto pálida.

—Me he sorprendido, nada más.

—Lo sabe.

—No lo sabe.

—Acabas de admitir que quieres besarlo.

—A ti.

—¿Y estaba en el pasillo?

—No.

—¿Segura?

Emma mira la puerta.

El salón está vacío.

Aun así, la sensación de que Nathan ha oído parte de la conversación sigue ahí.

…

Olivia se queda en el piso una hora más.

Nathan sigue en el salón, contestando mensajes y fingiendo que no las oye hablar en la cocina. Emma sabe que está ahí. Nota su presencia aunque no lo vea.

Cuando Olivia por fin se levanta para irse, abraza a Emma junto a la puerta.

—Me lo cuentas si pasa algo.

—No va a pasar nada.

—Eso mismo decías antes de admitir que tú también querías besarlo.

—Yo nunca he dicho que no fuera a pasar nada.

—Lo ha dicho él.

Emma mira hacia el salón.

Nathan está sentado en el sofá con el móvil en la mano. La televisión está encendida, pero no está atento a la pantalla. Tiene la mirada clavada en un punto cualquiera.

—Estaré bien —dice Emma.

—Lo sé.

Olivia baja la voz.

—Pero no sé si él lo estará.

Emma frunce el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Pregúntale.

—Olivia.

—Buenas noches, Emma.

Su amiga abre la puerta y se marcha antes de que Emma pueda detenerla.

Nathan levanta la vista.

—¿Siempre se va en mitad de una conversación?

—Le gusta dejar a la gente con la curiosidad.

—Ya me he dado cuenta.

Emma cierra la puerta.

El apartamento queda en silencio.

Nathan sigue en el sofá, pero tiene el cuerpo tenso. Sostiene el móvil sin mirar la pantalla.

Emma se queda junto a la puerta.

—Has vuelto temprano.

—He acabado antes el entrenamiento.

—¿Va todo bien?

—Todo bien.

Emma se da cuenta de que él miente.

—¿Has oído algo?

Nathan levanta la vista.

—¿Sobre qué?

—La conversación.

—¿Qué conversación?