La última vez que vi a Sophie 2111
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No porque lo recuerde, sino porque aparece en otra página del expediente.

Ortiz me llama poco después de las nueve y me pide que vaya a la comisaría. Cuando llego, Harris está frente a una computadora con dos registros abiertos en la pantalla.

El primero es el que vimos hace días.

La llamada que Sophie hizo intentando encontrar a Megan.

Debajo, en una hoja distinta:

13/09/99 — 21:11 — North Road Gas, teléfono público → mismo número — 00:27.

Miro ambos registros.

—Es la farmacia.

—Sí —dice Harris—. El mismo número.

Cuatro horas antes, Sophie había llamado desde nuestra casa y había preguntado por Megan. A las nueve y once, alguien llamó desde el teléfono público de North Road al mismo lugar.

Ortiz abre una carpeta.

La policía habló con una empleada de la farmacia el 15 de septiembre de 1999. No llegaron a ella específicamente a través de North Road. Megan había contado que existió un segundo intento de comunicarse con ella aquella noche, y los investigadores reconstruyeron esa llamada.

Ortiz coloca una copia delante de mí.

15/09/99 — Declaración de Lisa Haines. Empleada, farmacia.

Leo.

Haines manifiesta que el 13/09, aproximadamente a las 21:10, recibió una llamada en el teléfono principal del establecimiento.

Una persona de sexo femenino preguntó por Megan Price.

Haines indicó a la persona que esperara mientras buscaba a Price, quien se encontraba en la parte posterior del local.

Al regresar al teléfono, la comunicación había finalizado.

Más abajo:

Haines describe la voz como probablemente joven, sin poder proporcionar edad aproximada. No reconoce a la persona y no recuerda que haya dado su nombre.

Vuelvo al horario.

21:11.

Veintisiete segundos.

—Haines dijo que era una mujer joven.

—Dijo que la voz le pareció joven —corrige Ortiz—. Dos días después de escucharla.

La precisión importa.

—Podía ser Sophie.

—Sí.

Sophie había llamado a esa misma farmacia a las 17:11, también buscando a Megan. Cuatro horas después, desde North Road, una voz femenina vuelve a preguntar por ella.

Harris se apoya en el respaldo de la silla.

—Es una conexión fuerte. No una identificación de voz.

—¿Qué otra mujer iba a llamar desde un teléfono público para preguntar por Megan esa noche?

—No lo sabemos.

No me deja convertir la dificultad de encontrar otra explicación en prueba de que sólo existe una.

Sigo leyendo.

Hay una declaración de Megan adjunta, también del quince.

Price manifiesta que Haines le informó poco después de las 21:10 que una mujer había llamado preguntando por ella y había cortado antes de que pudiera atender.

Price no sabe si la persona era Sophie Bennett.

Refiere que Sophie había intentado comunicarse con ella anteriormente ese día en el mismo establecimiento.

La frase siguiente conecta otra parte de la noche.

Price indica que este segundo intento fue una de las razones por las que llamó al domicilio Bennett más tarde esa noche.

Por eso Megan llamó cerca de las diez.

Y habló conmigo.

Ya sé lo que le dije.

Que se fue.

Harris abre el anexo técnico de la compañía telefónica. La llamada de las 21:11 estaba registrada allí desde 1999. También existe una anotación que indica que los investigadores pidieron identificar el número marcado.

Lo que no aparece entre los documentos conservados es la respuesta a esa consulta.

—Entonces, ¿cómo saben ahora que era la farmacia?

Harris señala las dos pantallas.

—Porque cruzamos directamente los números. El marcado desde North Road a las 21:11 es exactamente el mismo al que Sophie llamó desde tu casa a las 17:11.

Los comparo.

Son idénticos.

No pueden afirmar que la policía no haya hecho ese mismo cruce en 1999.

Sabemos que pidió identificar el número y que ya tenía las declaraciones de Lisa Haines y Megan.

Lo que falta es la respuesta formal a la consulta o una nota que diga expresamente que la llamada de North Road tuvo como destino la farmacia.

Ortiz encuentra una anotación manuscrita:

Posible segundo intento de S. Bennett por contactar a M. Price. Sin confirmar identidad de la persona que llamó. Origen desconocido.

La policía tenía las piezas.

Lo que no sabemos es hasta qué punto consiguió unirlas.

Veinticinco años después, una parte de esa nota sí puede corregirse.

El origen ya no es desconocido.

North Road Gas.

Harris coloca una hoja en blanco sobre la mesa y escribe tres horarios:

21:07 — Casa Bennett → North Road Gas

21:11 — North Road Gas → farmacia / Megan

≈22:00 — Megan → Casa Bennett

Miro la secuencia.

La primera llamada fue contestada y permaneció conectada durante sesenta y cuatro segundos. La segunda duró veintisiete. La tercera, según Megan y mi propia entrevista del diecisiete, la atendí yo.

—Si la mujer que llamó a la farmacia era Sophie, entonces Sophie estaba en North Road a las nueve y once.

—Sí —dice Ortiz.

—Y eso sería antes de la franja en la que durante años colocamos el momento en que la vi afuera.

Ortiz tarda un instante en responder.

—Tus entrevistas nunca fijaron una hora exacta para esa observación.

—Mi madre la colocaba más tarde.

—Tu madre dio aproximaciones. Vos también.

Durante años terminamos contando la noche como si Sophie hubiera seguido en casa hasta entonces. Harris señala que la investigación construyó esa secuencia probable combinando distintas declaraciones.

Si la llamada de las 21:11 fue de Sophie, esa secuencia tiene que revisarse.

No siento que algo se rompa.

La noche simplemente deja de tener el orden que le dimos durante años.

Todavía podría haber sido otra persona en North Road: una mujer cuya voz pareció joven, que conocía a Megan, sabía dónde trabajaba y llamó cuatro minutos después de que alguien desde nuestra casa se comunicara con ese mismo teléfono público.

Cada elemento hace más fuerte una posibilidad sin convertirla todavía en certeza.

—Entonces es razonable pensar que las dos llamadas están relacionadas.

Ortiz inclina apenas la cabeza.

—Sí. Pensarlo es razonable. Darlo por demostrado todavía no.

Pido que me muestren otra vez la declaración de Harold Vance.

17 de septiembre de 1999.

La leí hace días, pero las mismas líneas ocupan ahora otro lugar.

Vance trabajó aquella noche hasta las diez. Recordaba haber visto un sedán oscuro cerca de la estación en varias ocasiones durante la semana anterior. Quizá azul. Quizá negro. Sin matrícula, sin modelo y sin ninguna mención a una luz trasera dañada.

Tampoco podía afirmar haber visto a Sophie en la estación. Según su declaración, atendía el interior del local y desde la caja no tenía visión continua del teléfono exterior.

Harris abre una fotografía de 1999.

La estación era poco más que un edificio bajo con dos surtidores delante. El teléfono público estaba fijado a una pared lateral y protegido por un pequeño techo metálico. No quedaba frente a la caja.

Se podía utilizar sin entrar al local.

También era posible detener un vehículo al costado sin permanecer todo el tiempo dentro del campo visual de Vance.

Una persona podía acercarse al teléfono, usarlo y marcharse sin que el empleado fuera capaz de describirla después.

—¿Vance sigue vivo?

—Murió hace seis años —dice Harris.

No habrá una nueva entrevista que mejore su declaración. Lo que dejó en 1999 es lo que tenemos.

Ortiz y Harris volvieron a hablar con Megan esa misma mañana.

Ella no recuerda el segundo intento de llamada con suficiente detalle para aportar algo nuevo.

Recuerda haber trabajado aquella noche y llamar después a nuestra casa.

Cuando le mostraron su declaración de 1999, reconoció que ésa fue la versión que dio entonces.

—¿Le preguntaron si hoy cree que era Sophie?

—Sí.

—¿Y?

—En 1999 pensó que podía serlo. Hoy no tiene una base mejor para decidir.

No es la respuesta que más me gustaría escuchar.

Quizá por eso confío en ella.

Megan terminaba de trabajar a las nueve y media. Según su declaración, entre el viaje, cambiarse y hablar con su madre, llamó a nuestra casa alrededor de las diez. No aparece ninguna otra llamada desde el teléfono público de North Road a un número relacionado con ella aquella noche.

Sólo la de la farmacia.

Vuelvo a mirar los dos intentos.

17:11.

21:11.

—¿La primera llamada sí sabemos que fue de Sophie?

—Con mucha más solidez —dice Ortiz—. La empleada que atendió la conocía, la identificó por la voz y Sophie dio su nombre al preguntar por Megan.

Eso separa las dos llamadas con precisión.

A las 17:11, Sophie.

A las 21:11, una voz femenina que pareció joven y no fue identificada.

El destino es el mismo.

La persona buscada también.

Cuatro horas de distancia.

Harris vuelve a la hoja y marca tres puntos.

Casa Bennett.

North Road.

Terreno Dawson.

—No quiero que leas esto como una ruta demostrada —dice.

—Ya sé.

North Road queda al norte de nuestra casa y el terreno Dawson también. Existía una ruta posible que conectaba los tres lugares, pero eso no demuestra que nadie los haya recorrido en ese orden aquella noche.

Con las carreteras de 1999, de nuestra casa a North Road había entre diez y doce minutos en auto. De North Road al terreno, entre doce y quince.

Menos de media hora entre nuestra casa y el lugar donde encontraron a Sophie, con North Road cerca de una de las rutas posibles.

A pie, en cambio, Sophie no podía cubrir la distancia entre nuestra casa y North Road entre las 21:07 y las 21:11.

—Entonces, si Sophie hizo la llamada de las nueve y once, llegó hasta ahí en un vehículo.

—O había llegado antes —dice Harris.

Sí.

O no era Sophie.

Todavía hay más de una forma de leer la secuencia.

Camino hasta la ventana.

—La llamada de las nueve y siete salió de casa.

—Sí.

—Pero no saben desde qué aparato.

—No.

Podía haberse hecho desde el teléfono de la cocina, desde el inalámbrico de arriba o incluso con ese inalámbrico dentro de su alcance alrededor de la casa. El registro identifica nuestra línea, no el aparato ni la persona que lo utilizó.

Me doy vuelta.

—Si Sophie estaba en North Road a las nueve y once, no pudo hacer desde nuestra casa la llamada de las nueve y siete.

—Correcto.

—Entonces alguien la llamó.

Ortiz detiene el salto antes de que termine de convertirse en un hecho.

—Si primero aceptamos que era Sophie quien estaba en North Road.

—Sí.

Ahí está el límite.

No sabemos quién estaba junto al teléfono público a las 21:07.

Tampoco quién hizo la llamada desde nuestra casa.

Pero si Sophie fue quien atendió aquella primera llamada en North Road, había otra persona al otro extremo.

Harris y Ortiz están revisando el registro completo del teléfono público. Por ahora, la llamada de las 21:07 es la que aparece claramente vinculada con nuestra línea doméstica. Cuatro minutos después, desde ese mismo teléfono, salió la llamada a la farmacia.

No necesito que me expliquen otra vez por qué importa.

A las 17:11 Sophie había intentado hablar con Megan desde casa. A las 21:11 una voz femenina que pareció joven volvió a intentarlo desde North Road.

Entre ambas cosas, Sophie había cenado con nosotros, discutido con mi madre, discutido conmigo y llevado un papel a mi habitación.

Después, cerca de las diez, Megan llamó a nuestra casa.

Yo atendí.

Que se fue.

Pido copias de los registros y de la declaración de Haines.

Salgo de la comisaría poco después del mediodía y conduzco durante varios minutos antes de darme cuenta de que estoy yendo hacia North Road.

No corrijo el rumbo.

La estación ya no existe. El edificio fue demolido en 2011 y ahora hay una tienda de neumáticos en el terreno. Me estaciono enfrente y comparo la fotografía que Harris me envió con lo que hay hoy.

La ruta es más ancha. El arcén está pavimentado. No quedan el pequeño techo metálico ni el teléfono.

En 1999, una voz femenina llamó desde ese lugar a la farmacia y pidió hablar con Megan.

Puede haber sido Sophie.

Es lo máximo que puedo decir.

Abro la fotografía antigua. El costado del edificio, el teléfono y un espacio donde podía detenerse un auto sin quedar directamente frente a la caja.

Pienso en el sedán oscuro que Vance recordó haber visto durante aquella semana, pero no lo coloco allí esa noche.

Su declaración no me permite hacerlo.

Cierro la imagen y vuelvo a la hoja de horarios que fotografié en la comisaría.

21:07 — Casa Bennett → North Road.

21:11 — North Road → farmacia.

La primera llamada fue contestada y permaneció conectada durante sesenta y cuatro segundos.

La segunda duró veintisiete.

Las dos existen aunque yo no recuerde ninguna, y eso empieza a cambiar mi manera de mirar el caso.

Durante años confié más en una imagen que podía ver dentro de mi cabeza que en partes de aquella noche que habían quedado registradas fuera de mí.

Ahora la jerarquía empieza a invertirse.

El auto azul sigue existiendo porque dije que lo vi.

Sophie afuera también.

Pero las llamadas tienen horas, números y duración.

A las 21:07 una llamada desde nuestra casa fue atendida en el teléfono público de North Road y permaneció conectada durante sesenta y cuatro segundos. Cuatro minutos después, desde ese mismo teléfono, una voz femenina que pareció joven intentó hablar con Megan.

Todavía no sé si esa mujer era Sophie.

Tampoco sé quién llamó desde casa.

Pero si Sophie atendió la primera llamada y realizó la segunda, entonces alguien en nuestra casa sabía exactamente dónde encontrarla.