2107
Harris no parece sorprendido cuando le digo que Megan Price habló con Sophie la tarde del trece de septiembre.
—Tenemos su declaración.
Estoy otra vez en la comisaría, esta vez en una oficina pequeña que da al estacionamiento. Ortiz está frente a una computadora y Harris dejó la puerta abierta. Nadie me hizo pasar por la sala de entrevistas.
—Entonces sabían que Sophie pensaba esperar hasta el fin de semana.
—Sabíamos que Megan dijo eso en 1999 —responde Ortiz.
—Y ahora volvió a decir lo mismo.
—Sí. La entrevistamos por videollamada.
Me siento frente al escritorio.
—¿Por qué no me lo contaron?
Harris acerca una silla.
—Porque el expediente tiene cientos de declaraciones. Estamos intentando darte información cuando sabemos cómo encaja, no convertir cada página en una revelación.
No puedo discutir con eso.
Ortiz abre un documento escaneado.
—Megan fue entrevistada por primera vez el catorce de septiembre a las cinco y veinte de la tarde. Volvió el dieciséis y otra vez la semana siguiente.
Gira la pantalla. La declaración está mecanografiada y al final hay una firma inclinada que apenas se parece al nombre de Megan.
Leo.
«La declarante manifiesta haber visto a Sophie Bennett por última vez aproximadamente a las 16:00 horas del 13/09/99. Ambas caminaron juntas desde Bellwether High School hasta la intersección de Main Street y Jefferson Avenue».
Más abajo:
«Bennett manifestó estar considerando trasladarse a vivir con su padre, Daniel Bennett, pero indicó que no lo haría inmediatamente. Según Price, Bennett esperaba resolver primero unas cosas en casa, incluyendo una conversación con su hermana menor».
Sigo hasta encontrar lo que busco.
«Price esperaba ver a Bennett en la escuela al día siguiente. Ambas habían acordado almorzar juntas».
—No dice «arreglar lo de Claire».
—Ésta es la primera declaración —dice Ortiz—. En la segunda aparece una frase más precisa.
Abre otro archivo y la encuentro casi enseguida.
«Price recuerda que Sophie dijo: “Primero tengo que arreglar lo de Claire”. Al preguntarle qué significaba, Sophie respondió que Claire no había hecho nada y se negó a explicar más».
La frase estaba allí desde 1999. No llegó veinticinco años después dentro de una llamada telefónica.
—¿La policía habló conmigo sobre esto?
—No encontramos una entrevista específica donde te pregunten qué podía querer decir Sophie —dice Harris.
—¿Por qué no?
—Tenías once años y tu hermana llevaba pocos días desaparecida. Ya te habían entrevistado varias veces. Es posible que decidieran no insistir con algo tan impreciso.
—O que pensaran que no importaba.
—También.
Sigo leyendo. Megan había dicho que Sophie estaba enojada con Daniel porque él quería que esperara, que no tenía un pasaje y que había empezado a separar ropa, pero todavía no había terminado de preparar sus cosas.
—Entonces la mochila abierta sobre la cama tampoco demuestra que estuviera por irse esa noche.
—No —dice Ortiz—. Es compatible con que estuviera preparando una salida. No establece cuándo pensaba hacerlo.
Pienso en la habitación de Sophie tal como la vi ayer: cama nueva, paredes grises, ningún objeto capaz de decidir por nosotros qué ocurrió allí.
—¿Qué hizo la policía con esto en 1999?
Harris se apoya contra un archivador.
—Al principio reforzó la posibilidad de una fuga planificada. Que a las cuatro de la tarde Sophie pensara esperar hasta el fin de semana no impedía que cambiara de idea después. Más adelante tu declaración sobre el vehículo adquirió mucha importancia y se abrió otra línea.
—Y las dos siguieron.
—Durante bastante tiempo.
Ya conozco esa parte.
—Megan dijo algo más —continúa Ortiz—. Algo que puede ayudarnos a reconstruir las últimas horas de Sophie.
—¿Qué?
—Habían quedado en volver a hablar esa noche.
—Eso no me lo contó.
—Probablemente porque ayer no llegaron a recorrer toda su declaración.
Ortiz busca otra página.
«Price manifestó que Bennett dijo que la llamaría esa noche después de cenar. No establecieron una hora exacta. Bennett no realizó la llamada acordada».
—¿Para qué iba a llamarla?
—Megan declaró que Sophie quería contarle cómo había salido una conversación en casa.
—Conmigo.
—Megan supuso que se refería a vos.
Miro la línea otra vez.
—¿La policía revisó las llamadas de nuestra casa?
—Sí.
Harris saca una carpeta del archivador.
—Pidieron a la compañía telefónica los registros de la línea Bennett. Hay varias comunicaciones salientes durante esa tarde y esa noche.
Deja una fotocopia delante de mí. La policía había marcado algunas líneas.
13 de septiembre de 1999.
17:11. Cuatro minutos.
17:46. Dos minutos.
18:03. Once minutos.
20:18. Seis minutos.
21:07. Sesenta y cuatro segundos.
Por primera vez no siento que los horarios sean recuerdos. Son puntos fijos.
—¿Quién hizo estas llamadas?
—El registro identifica el número de destino y la duración —dice Harris—. La investigación tuvo que reconstruir quién habló en cada caso.
Señala la primera.
—La de las cinco y once fue a la farmacia donde trabajaba Megan. Una empleada que conocía a Sophie dijo que fue ella quien llamó y preguntó por Megan. Megan estaba ocupada y no pudo ponerse al teléfono.
—¿Y las otras?
—A las cinco cuarenta y seis llamaron a Ruth. Ella declaró que habló con tu madre.
Eso es fácil de imaginar.
—A las seis y tres, tu madre llamó a tu tía Susan.
—¿Y las ocho dieciocho?
Harris mueve el dedo.
—Una pizzería.
Lo miro.
—¿En serio?
—En 1999 también cenaban.
—Mamá cocinó esa noche.
—Lo sabemos. El registro sólo prueba que la llamada se hizo. Hay una explicación en las declaraciones que vamos a revisar cuando reconstruyamos la noche completa.
Ortiz señala la última línea.
—La que nos interesa ahora es ésta.
21:07.
El número no me dice nada.
—¿De quién era?
—De un teléfono público.
—¿Dónde?
—En North Road Gas. No era el número comercial de la estación. Era el del teléfono público que había junto al establecimiento.
Me vuelvo hacia ella.
—¿Desde nuestra casa llamaron directamente a un teléfono público?
—Sí.
—¿Quién?
—No lo sabemos.
Miro otra vez la duración: sesenta y cuatro segundos.
—¿La llamada fue atendida?
—Sí.
—¿Quién atendió?
—Nunca se determinó.
—¿Cuándo decía yo que Sophie se había ido?
Ortiz abre otro documento.
—En las declaraciones de esa semana la salida quedó situada bastante más tarde. Vos la colocabas después de las nueve y media. Evelyn también habló de una franja posterior.
Vuelvo al registro.
A las 21:07 alguien estaba en nuestra casa utilizando el teléfono. En el otro extremo, alguien atendió un teléfono público de North Road.
El registro demuestra esas dos cosas. Nada más.
—¿La estación tenía cámaras?
—No encontramos una grabación útil —dice Harris—. Y para cuando la policía trabajó esa línea ya habían pasado varios días.
—¿Por qué llama alguien a un teléfono público?
—Puede haber acordado comunicarse con una persona que estaría allí. También puede haber conseguido el número de otra manera o incluso haberse equivocado. El registro no nos dice el motivo.
—¿La policía investigó la estación?
—Sí.
Ortiz me muestra una hoja de seguimiento. Entrevistaron al encargado nocturno y a otros empleados. Ninguno pudo identificar a Sophie ni establecer quién había utilizado o atendido el teléfono a las nueve y siete.
—¿Esto tuvo relación con el auto azul?
—Intentaron encontrarla —dice Harris—. No pudieron.
North Road. El nombre me resulta familiar.
—¿Es la carretera que va hacia donde encontraron los restos?
Harris niega.
—No directamente. Sale hacia el norte de Bellwether, pero para llegar a la antigua propiedad Dawson había varias rutas posibles. Que ambos lugares estén al norte no demuestra una conexión.
—¿Mamá sabía de la llamada?
—La interrogaron al respecto.
Ortiz abre la declaración de Evelyn y me deja leerla.
«Evelyn Bennett manifiesta no recordar haber realizado la llamada de las 21:07 al número indicado. Señala que el teléfono familiar podía ser utilizado libremente por sus hijas y que no reconoce el número».
Más abajo:
«Consultada sobre si Sophie Bennett podía haber conocido a alguien que utilizara el teléfono público de North Road, manifiesta desconocerlo».
—¿Sophie podía usar el teléfono sin permiso? —pregunta Ortiz.
—Sí.
Lo digo antes de pensar en las facturas que mi madre revisaba, en las preguntas y en el teléfono de la cocina. Podía usarlo. Eso no significaba que nadie supiera a quién llamaba.
—¿Y yo?
—También podías utilizar la línea.
—¿Me preguntaron si hice esa llamada?
Harris busca entre las hojas.
—Sí.
Encuentra una entrevista del 17 de septiembre, cuatro días después de la desaparición.
Leo el fragmento.
«P: ¿Llamaste a North Road Gas?
R: No.
P: ¿Sabés dónde queda?
R: No».
Sigo bajando. No hay una explicación.
—¿Hay audio?
—De esta entrevista, sí —dice Ortiz—. Todavía estamos terminando de digitalizarla.
—Quiero escucharla.
—Cuando esté lista.
La respuesta de la niña que fui parece firme: no llamé y no sabía dónde quedaba. Por ahora eso también tiene que quedarse donde está.
—¿Dónde estaba mamá durante esa entrevista?
—Según la portada, fuera de la sala durante la primera parte. Entró después.
Miro nuevamente el registro.
21:07.
No sé quién marcó ni quién atendió.
Ortiz vuelve a la declaración de Megan.
—Hay otra llamada relevante esa noche, pero fue entrante a tu casa.
—¿De quién?
—De Megan. En su declaración de 1999 dijo que llamó más tarde, aproximadamente a las diez.
Busca la línea.
«Price manifiesta haber llamado al domicilio Bennett más tarde esa noche y haber hablado brevemente con Claire Bennett».
—¿Conmigo?
—Eso declaró.
—¿Qué hablamos?
—Esta primera declaración no lo especifica.
Hablé con Megan aquella noche y no recuerdo haberlo hecho.
—¿Me preguntaron por esa llamada?
—No encontramos una pregunta específica sobre su contenido —dice Ortiz—. Puede que la policía considerara suficiente la declaración de Megan o que no pensara que aportaba algo.
No quiero convertir otro hueco cotidiano en una puerta hacia algo enorme. Tenía once años. Fue una llamada breve dentro de una noche que después repetí durante décadas.
Pero ocurrió.