La última vez que vi a Sophie 2107 #2
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2107 #2

—Quiero escuchar la grabación completa del diecisiete.

—Lo sabemos —dice Ortiz.

Harris vuelve a abrir la carpeta.

—Hay otra cosa relacionada con North Road que tenés que conocer. No es una gran pista.

—Mostrámela.

Saca una copia manuscrita.

«17/09/99 — North Road Gas. Encargado nocturno, Harold Vance, no recuerda a la desaparecida.

Refiere presencia habitual de jóvenes y vehículos durante horario nocturno.

Menciona sedán oscuro estacionado cerca del teléfono público en varias ocasiones durante la semana anterior.

No puede precisar marca, modelo ni patente. Cree que podía ser azul o negro».

Leo la última frase otra vez.

—Azul.

—O negro —dice Ortiz.

—¿Cuándo se tomó esta declaración?

—El diecisiete de septiembre.

—Después de mi entrevista formal.

—Sí.

Ese papel no pudo darme el color. Al menos no antes de que yo lo dijera.

—¿Investigaron el auto?

—Con una descripción tan general y sin patente, modelo ni una noche concreta había muy poco que seguir. Vance tampoco pudo identificarlo posteriormente entre fotografías.

—¿Y la óptica rota?

—Volvieron a preguntarle por características del vehículo. No recordó ninguna luz dañada.

La coincidencia se reduce a lo que realmente contiene: un sedán oscuro, posiblemente azul o negro, visto varias veces cerca de un teléfono público. Nada demuestra que fuera el auto que yo vi ni que estuviera allí la noche del trece.

—¿Por qué nunca escuché hablar de esto?

—Porque el expediente contiene miles de detalles que nunca llegaron a los medios —dice Harris—. Y éste no produjo nada verificable.

—¿Mi padre lo sabía?

—Años después, cuando tuvo acceso a parte del expediente, sí.

Daniel nunca lo mencionó, pero tampoco le pregunté por cada llamada ni por cada nota de la investigación.

—¿Qué van a hacer ahora?

—Revisar lo que todavía pueda verificarse —dice Ortiz—. Personas vinculadas con Sophie, vehículos, recorridos, registros. Pero sin convertir una observación débil de 1999 en algo que no era.

Me levanto.

—Quiero una copia del registro telefónico.

—Podemos darte la parte autorizada cuando terminemos de prepararla.

—¿Y las declaraciones de Megan?

—También.

Llego a la puerta y me detengo.

—¿A qué hora cenamos esa noche?

Ortiz consulta sus notas.

—Evelyn declaró alrededor de las siete y media.

—La discusión fue durante la cena.

—Según las declaraciones, sí.

Miro mentalmente las horas otra vez: 17:11, 20:18, 21:07 y, cerca de las diez, Megan. Entre esos puntos hay una noche que durante años traté como una sola escena continua.

—Avísenme cuando esté lista la grabación del diecisiete.

—Lo haremos.

Daniel está sentado en el lobby del River Inn cuando llego. No lo llamé para avisarle. Levanta la vista del diario y se pone de pie.

—¿Pasó algo?

—Necesito preguntarte por una llamada.

Vamos hasta una esquina del lobby donde hay dos sillones alejados de la recepción.

—El trece de septiembre, a las nueve y siete de la noche, alguien llamó desde nuestra casa al teléfono público de North Road Gas.

Daniel frunce el ceño.

—Sí.

—¿Lo sabías?

—La policía me lo contó.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque ayer me preguntaste por mis conversaciones con Sophie, no por el registro telefónico.

La respuesta es tan simple que sigo.

—¿Pensabas que Sophie hizo esa llamada?

—En 1999 pensé que podía haberla hecho.

—¿Por qué?

—Porque sabía que quería irse y en aquellos primeros días intentaba hacer encajar todo con esa idea. Una llamada a un teléfono público parecía importante.

—¿A quién podía estar llamando?

—Nunca lo supe.

—¿Te dijo que alguien iba a ayudarla?

—No.

—¿Tenía amigos con auto?

—Seguramente conocía chicos que conducían. Eso no significa que alguno fuera a buscarla.

La cautela me sorprende menos que ayer.

—Megan dice que no pensaba irse esa noche.

Daniel asiente.

—También lo dijo entonces.

—¿Y aun así pensabas que la llamada podía ser de Sophie?

—Pensé muchas cosas durante esas semanas.

—¿Conocías North Road?

—Había pasado por ahí.

—¿Con Sophie?

—No que recuerde.

—¿Con mamá?

Daniel me mira.

—Viví en Bellwether doce años. Claro que alguna vez conduje por North Road con Evelyn.

No obtengo nada útil de la pregunta.

—Había un empleado que habló de un sedán oscuro cerca de ese teléfono durante la semana anterior. Azul o negro.

—Sí.

—Tampoco me lo contaste.

—Porque nunca creí que ese dato fuera sólido.

—¿Por qué?

—Porque después de que desapareció una chica en una ciudad pequeña, todo el mundo empezó a recordar autos, personas, ruidos y conversaciones. Algunas cosas importaban. La mayoría no pudo comprobarse.

—Yo también recordé un auto.

—Lo sé.

No hay acusación en su voz.

—¿Tenías un auto azul en 1999?

—No.

—¿Mamá?

—Un Volvo verde.

Lo recuerdo: enorme, lento para calentarse en invierno.

—¿Por qué dijiste que nunca estuviste seguro de que el auto explicara lo que le pasó a Sophie?

Daniel deja el diario doblado sobre la mesa baja.

—Porque durante años fue tratado como si fuera el principio de todo. Sophie salió, apareció un auto, Sophie desapareció. Pero yo sabía que antes de eso ya estaba ocurriendo otra historia.

—Ella quería irse.

—Sí.

—Quería hablar conmigo.

—Sí.

—Y alguien llamó desde nuestra casa a North Road esa noche.

Daniel me mira.

—Sí. Pero todavía no sabés cómo se relacionan esas tres cosas.

La frase me frena.

En mi cabeza llevo años ordenando la noche de la misma manera: cena, discusión, Sophie arriba, la mochila, después la calle y el auto. Una secuencia tan repetida que dejó de parecer una interpretación.

—Megan dijo que Sophie iba a hablar conmigo esa noche.

—Eso sí parece estar bastante claro.

Saco el teléfono.

—¿Qué hacés?

—Voy a llamarla otra vez.

Megan atiende al cuarto tono.

—¿Claire?

—Perdón por insistir. Necesito una cosa más. Cuando Sophie dijo que tenía que arreglar lo mío, ¿dijo cuándo iba a hablar conmigo?

Megan guarda silencio unos segundos.

—Esa noche.

—¿Estás segura?

—Sí. Porque le dije que me llamara después.

—¿Después de hablar conmigo?

—Sí.

Miro a Daniel.

—¿Dijo si iba a hacerlo antes o después de cenar?

—No.

—¿Mencionó una hora?

—No.

—¿La llamaste vos cuando ella no llamó?

—A la casa, sí.

—¿Cuándo?

—Más tarde. Cerca de las diez, creo.

—El expediente dice que hablaste conmigo.

—Sí.

—Pero no dice qué hablamos.

Megan tarda apenas un momento.

—No fue mucho. Pregunté por Sophie.

Espero.

—Y vos dijiste: «Que se fue».

Mantengo el teléfono contra la oreja.

—¿Te dije adónde?

—No.

—¿Dije que la había visto irse?

—No recuerdo que dijeras eso. Sólo «que se fue».

—¿Preguntaste cuándo volvía?

—Sí.

—¿Y qué contesté?

—Que no sabías.

Me quedo callada.

—¿Se lo contaste así a la policía?

—Les dije que había llamado y que había hablado con vos. No sé cuánto detalle quedó en esa primera declaración. Todo estaba pasando al mismo tiempo.

—Está bien.

—Claire...

—Después hablamos.

Cuelgo.

Daniel no pregunta qué pasó. Escuchó suficiente.

Aproximadamente una hora después de la llamada a North Road, yo había dicho dos palabras que todavía no sé cómo llegaron a mi boca.

Que se fue.

No recuerdo la conversación con Megan, pero la conversación existió.