CAPÍTULO 76 (Naia)
La firma de los papeles del divorcio con Mikel tuvo lugar un martes por la mañana, en una notaría luminosa y silenciosa cerca del paseo marítimo.
Mikel vestía un traje impecable, con la corbata ajustada al milímetro. Firmó sin levantar la voz y guardó cada copia en su carpeta.
—Has tomado una decisión firme, Naia —dijo él firmando la última copia con un bolígrafo Parker de plata, sin levantar la vista del papel—. Solo espero que no te arrepientas cuando el ruido de fuera vuelva a reclamar tu atención.
Dejé el bolígrafo sobre la mesa de caoba y exhalé un suspiro largo, sintiendo una extraña ligereza en el pecho.
—Durante mucho tiempo creí que, si todo estaba en orden, nada podía salir mal —le dije—. Y nos acostumbramos a no hablar de lo que no encajaba.
Mikel asintió despacio, guardando sus copias en una carpeta de piel con una mezcla de resignación y fría distancia.
—Que te vaya bien, Naia.
Se levantó, me dio un apretón de manos formal, casi de socio comercial, y salió del despacho notarial sin mirar atrás.
Salí a la calle poco después. El sol se reflejaba en las cristaleras de los edificios.
El pómulo derecho aún conservaba un tono amarillento.
Caminé hasta una cafetería, pedí un café solo y me senté junto a la ventana.
No tenía planes para la tarde ni carpetas pendientes en el bufete.
Dejé el móvil dentro del bolso y bebí despacio.