CAPÍTULO 69 (Aritz)
En el estudio, la luz de la tarde entraba oblicua, dibujando rayas doradas sobre el suelo de cemento y las estanterías llenas de cámaras viejas.
Liam estaba sentado en el taburete alto de la esquina, sosteniendo entre las manos mi vieja réflex analógica, la que pensaba regalarle en cuanto cumpliera los diez años.
—Papá, ¿me enseñas otra vez cómo se mide la luz sin mirar la pantalla? —me pidió el crío, frunciendo el ceño con una concentración absoluta.
Me acerqué a él, me agaché a su lado y le pasé la mano por encima para guiar sus dedos hacia el anillo de diafragmas del objetivo.
—No se trata solo de mirar los números, fiera —le expliqué con calma, sintiendo el calor de su hombro contra el mío—.
Se trata de entender qué parte de la escena te importa de verdad.
Si quieres contar la verdad de lo que ves, a veces tienes que dejar que las sombras se queden oscuras.
No todo tiene que estar iluminado para ser hermoso.
Liam asintió despacio, ajustando la rosca con delicadeza. Sin previo aviso, levantó la cámara, me apuntó directamente a los ojos y apretó el disparador.
Clic.
El sonido seco del obturador mecánico resonó en el silencio del taller.
—Ya está —sonrió él con picardía, bajando la cámara.
—¿Me has hecho una foto a traición? —le reproché fingiendo una falsa indignación.
—Sí. Dani dice que las mejores fotos son las que la gente no se espera porque así no ponen cara de posar —respondió Liam con total naturalidad, bajándose del taburete de un salto—. Voy a ver si el tío Dani tiene más papel de dibujo.
Me quedé allí de pie, solo en medio del estudio, con el eco de sus pasos resonando hacia la trastienda.
Nuestra vida seguía siendo frágil. Sabía perfectamente que la sobriedad no era un trofeo que se gana una vez y se guarda en la estantería, sino una disciplina diaria, un músculo dolorido que exigía atención constante.
Todavía había días en que la culpa me pesaba en la nuca y mañanas en que la sombra del pasado amenazaba con empañar el presente.
Miré mis manos. Ya no temblaban. Desde la calle llegó el ruido de un autobús y alguien cerró una persiana en el edificio de enfrente.