LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 68 (Aritz)
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CAPÍTULO 68 (Aritz)

La consulta de Marta olía a madera vieja y al papel de las carpetas que llevaba acumulando en las estanterías desde hacía lustros. Estaba sentado en la misma silla de skai verde, mirando fijamente mis zapatillas desgastadas.

—El domingo pasado estuve a punto de mandar todo al traste, Marta —le confesé, con la voz áspera y baja—.

No bebí, no compré pastillas. Pero sentí una rabia tan negra dentro de mí que me dio vergüenza mirarme al espejo.

Pensé: "Da igual lo limpio que estés, sigues siendo el mismo egoísta que arruinó la infancia de su hijo".

Marta se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas, con esa atención clínica y desprovista de lástima que tanto me costaba aceptar al principio.

—¿Y qué hiciste con ese pensamiento, Aritz? ¿Te lo tragaste y te castigaste en silencio, o hiciste algo diferente?

—Fui al estudio, me encerré con los negativos y... hablé con Dani —admití, rascándome la nuca con torpeza—. Al día siguiente también intenté ordenar lo que había pasado el domingo, sin fingir que lo tenía todo bajo control.

Marta asintió despacio, dibujando un pequeño círculo en la esquina de su libreta.

—La diferencia entre el Aritz de hace un año y el de ahora no es que ya no tengas pensamientos oscuros o sentimientos de culpa —explicó ella con voz pausada—.

La diferencia es que antes esos pensamientos eran una orden directa para autodestruirte, y ahora son solo ruido.

Aprendiste a escuchar el ruido sin obedecerlo.

—Aún me da pánico fallarle a Liam —murmuré, apretando los puños sobre las rodillas—. Él se merece un padre que no tenga que luchar contra su propia cabeza cada maldita mañana.

—Liam no necesita un padre perfecto, Aritz. Necesita un padre real —respondió Marta con firmeza—. Alguien que se equivoque, que reconozca sus errores, que vaya a terapia y que no le oculte la verdad de lo que cuesta levantarse. Eso es lo único que construye una confianza de verdad.