CAPÍTULO 66 (Naia)
La sala de reuniones del bufete tenía una mesa demasiado larga y unos ventanales que dejaban entrar una luz fría.
Naia estaba junto a los responsables de cumplimiento; Maka, frente al expediente mercantil.
Aritz dejó la bolsa de equipo en el suelo y sacó únicamente las imágenes que había incluido en su informe.
El empresario ocupaba una silla al otro lado de la mesa. Su abogado hojeó el informe sin llegar a mirarlo.
—¿De verdad van a apoyar una denuncia en el trabajo de alguien con antecedentes de adicción?
Aritz notó que el calor le subía por el cuello. La respuesta impulsiva le llegó antes que las palabras. La dejó pasar.
Naia cerró la carpeta que tenía delante.
—No estamos evaluando la vida privada del perito. Estamos revisando la metodología, los archivos disponibles y los límites de sus conclusiones.
Maka intervino antes de que el abogado pudiera responder.
Explicó qué originales se habían recibido, quién los había custodiado y qué documentos internos permitían contrastar las fechas.
No afirmó que una sombra demostrara un fraude.
El informe identificaba incompatibilidades entre las fotografías, los registros de mantenimiento y la secuencia temporal declarada por la empresa.
—Las imágenes admiten interpretaciones —dijo el abogado.
—Por eso no he presentado una interpretación como una certeza —contestó Aritz—. Puedo explicar qué se observa, qué no encaja y qué archivos he comparado. No puedo decir quién modificó las imágenes si no hay pruebas que permitan atribuírselo.
Abrió la última carpeta. En dos fotografías, la posición de una pieza no coincidía con la que aparecía en el registro de inspección. La diferencia no demostraba por sí sola el fraude, pero obligaba a aclarar cuándo se había tomado cada imagen y quién había tenido acceso al material.
Naia señaló las fechas que no cuadraban con la documentación contable. No acusó al empresario de haber ordenado la manipulación. Pidió que se conservaran los originales y que el expediente se remitiera al órgano competente para valorar los siguientes pasos.
El abogado volvió a revisar sus notas. Esta vez no encontró una respuesta inmediata.
La reunión no terminó con una victoria ni con una confesión. Se acordó preservar la documentación, completar las comprobaciones pendientes y estudiar la presentación de una denuncia si los indicios quedaban corroborados. Era menos espectacular de lo que Aritz había imaginado, pero más sólido.
Cuando salieron al pasillo, Naia se detuvo junto a la máquina de café. Durante un momento pareció que iba a hablar de los diez años perdidos. Miró la bolsa que él llevaba al hombro.
—Has explicado bien lo que no puedes demostrar.
—No quería prometer más de lo que sé.
—Bien —dijo ella—. No lo hagas nunca.