LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 65 (Naia)
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CAPÍTULO 65 (Naia)

La coincidencia apareció a las once y veinte de la noche, cuando Aritz llevaba tanto rato comparando archivos que las cifras empezaban a confundirse.

No encontró una firma, ni un nombre, ni una confesión.

Encontró algo más pequeño: en dos grupos de fotografías distintas se repetía el mismo patrón de exportación y una anomalía en los metadatos.

Maka acercó su silla a la mesa. A un lado estaban las imágenes que el padre había presentado en el procedimiento de custodia; al otro, las fotografías del almacén industrial. No parecían pertenecer al mismo caso. Tampoco demostraban, por sí solas, que alguien hubiera cometido un delito.

—¿Puedes asegurar que las ha manipulado la misma persona? —preguntó ella.

—No. Puedo decir que los archivos han pasado por un proceso parecido. Para atribuirlos a una persona necesitamos los originales, los registros de acceso y una comparación pericial completa.

Maka volvió a mirar las dos carpetas.

—Entonces no vamos a vender una sospecha como si fuera una prueba.

—Eso es lo que alguien ha intentado hacer con esas fotografías.

Aritz señaló una de las imágenes del caso de custodia. La habitación parecía caótica, pero el encuadre ocultaba la puerta y parte de la ventana. En la fotografía industrial, un recorte semejante borraba el elemento que habría permitido comprobar la escala. Era un indicio, no una conclusión.

—Puede ser el mismo proveedor de edición —dijo Maka—. Muchas empresas externalizan ese trabajo. Y si lo hacen, quizá podamos averiguar quién recibió los archivos. Pero no sabemos todavía si existe una relación entre el padre y la distribuidora.

La posibilidad no resolvía nada. Abría una pregunta que tendrían que demostrar sin contaminar ninguno de los dos procedimientos.

Maka separó los expedientes y anotó las diligencias pendientes: solicitar los archivos originales por los cauces procesales, preservar los soportes, documentar cada entrega y pedir una pericial independiente si la parte contraria discutía el análisis.

—El caso de custodia seguirá su curso —dijo—. No podemos convertirlo en una pieza de la investigación mercantil solo porque las imágenes se parezcan. Hay un niño en medio y no voy a permitir que lo usemos para construir una teoría.

Aritz asintió. Por primera vez en toda la noche, dejó de mirar las fotografías como si pudiera obligarlas a contar más de lo que sabían.

No habían encontrado una conspiración. Habían encontrado una coincidencia que merecía investigarse. La diferencia parecía pequeña, pero era la única forma de que el informe no se convirtiera en otra versión interesada de los hechos.