LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 62 (Naia)
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CAPÍTULO 62 (Naia)

Media hora más tarde, de vuelta en el estudio del barrio, la tensión de la mañana seguía flotando en el ambiente cuando la puerta principal se abrió de golpe.

Maka entró en el taller con el abrigo desabrochado, el maletín de cuero bajo el brazo y unos tacones que resonaban con furia sobre el suelo de cemento. No venía en plan abogada defensora; venía con los ojos encendidos y el rostro enrojecido por la rabia de haber estado a punto de perder el control.

—¡¿Se puede saber qué demonios tenías en la cabeza, Aritz?! —estalló Maka nada más cruzar el umbral, plantándose frente a él con el dedo índice apuntándole al pecho—. ¡Te dije que abortaras la misión en cuanto apareciera el coche!

Dani, que estaba limpiando una de las máquinas de tatuar en la trastienda, salió con un trapo en la mano, arqueando una ceja ante el show.

—Tranquila, señoría, que el perito sigue entero —intervino Dani con tono socarrón, apoyándose contra la pared—. No hace falta que saques el código penal en el estudio.

Maka se giró hacia Dani con la misma fiereza con la que le había gritado a Aritz.

—Tú cállate, tatuador de pacotilla, que fuiste el primero en salir corriendo hacia aquí como si fueras un héroe de película de serie B. Podrían haberle partido la cámara en la cabeza.

Dani la miró fijamente durante un segundo, sorprendido por su genio, antes de que una sonrisa divertida y lenta le cruzara la comisura de los labios.

—Vaya... Conque te importaba y todo —respondió Dani con sorna, acercándose un paso sin achantarse ante la abogada—. Pensaba que los de tu gremio solo os preocupabais por las cláusulas de indemnización y las costas judiciales.

Maka entrecerró los ojos, midiendo la insolencia de Dani con la precisión milimétrica de un interrogatorio en sala.

—Los de mi gremio sabemos valorar cuando un idiota pone en peligro una prueba pericial clave para el juicio —replicó ella, aunque el tono había bajado un punto de intensidad, dejando asomar una evidente tensión de otra índole—. Pero veo que la ironía la traes de serie.

—De serie y sin extras —respondió Dani, sosteniéndole la mirada con una chispa de complicidad que no pasó desapercibida para Aritz, quien observaba la escena desde la mesa de trabajo en completo silencio.

Maka carraspeó, apartando la vista de Dani con un leve color en las mejillas que no encajaba nada con su habitual coraza de hierro. Dejó el maletín sobre la mesa de Aritz.

—En fin... El informe técnico está a salvo, que es lo que importa —dijo Maka intentando recuperar la compostura profesional—. Mañana presentamos la ampliación de pruebas en el juzgado. Buen trabajo, Aritz. Y... gracias por llegar a tiempo, Dani.

Se dio la vuelta con la misma prisa con la que había entrado, pero al llegar a la puerta, giró ligeramente la cabeza.

—Por cierto, Dani... si algún día te apetece discutir sobre leyes en vez de hacer dibujos en la piel, avísame. Te daré una paliza dialéctica que recordarás todo el mes.

—Cuando quieras, abogada —respondió Dani guiñándole un ojo con absoluta naturalidad—. Pero avísame antes para prepararme un café bien cargado. Soportar tanta retórica jurídica exige resistencia.

Maka resopló con una media sonrisa que no pudo evitar y salió cerrando la puerta tras de sí.

Dani se quedó mirando el marco de la puerta durante un par de segundos largos, negando con la cabeza mientras se reía por lo bajo.

—Joder con la letrada... Tiene más carácter que la mitad de los macarras que entran por este barrio —murmuró Dani para sí mismo antes de volverse hacia la trastienda.

Aritz los miró desde su mesa y sonrió. Dani dijo algo más y Maka le dio un golpe suave en el brazo para que se callara.