CAPÍTULO 58 (Naia)
El despacho de Maka olía a café frío y a papel impreso acumulado durante días. Eran casi las ocho de la tarde cuando Aritz dejó sobre la mesa de caoba la última carpeta con las ampliaciones fotográficas del caso.
Maka encendió una lámpara flexo y examinó las imágenes con lupa de precisión. En las fotografías se apreciaban las marcas de fricción y los metadatos alterados de un informe pericial falso que la parte contraria intentaba colar en un procedimiento de fraude mercantil e industrial.
—Esto es impecable, Aritz —murmuró Maka, exhalando un suspiro de alivio mientras se recostaba en su sillón de cuero—.
Con esto desmontamos el montaje de la aseguradora contraria.
Pero te aviso de una cosa: se han dado cuenta de que el perito que lleva el caso no se deja sobornar ni traga con ruedas de molino.
Aritz cruzó los brazos, apoyándose contra el marco de la puerta del despacho.
—¿Qué quieres decir?
—Que andan con pies de plomo, pero también están desesperados —respondió Maka, frunciendo el ceño con gesto analítico—.
El empresario que hay detrás de esta trama mueve muchos hilos en el sector industrial de la periferia.
Ayer mismo me llegó un aviso indirecto de que deberíamos "revisar" los criterios del informe si no queríamos tener complicaciones innecesarias.
—¿Una amenaza? —preguntó Aritz, con una calma extraña, sin rastro del temblor que le habría dominado meses atrás.
—Más bien un aviso de presión —matizó Maka, mirándole fijamente a los ojos—.
Sé que no te asustan los pleitos, pero quiero que vayas con cuidado.
Mañana tienes que hacer la última tanda de fotografías comparativas en el descampado industrial junto al viejo almacén de la distribuidora.
Es una zona solitaria. Prefiero que vayas acompañado o que busquemos otro día.
Aritz negó despacio con la cabeza.
—No hace falta. Si lo dejamos para otro día, perderemos la luz exacta de la madrugada que necesito para demostrar la falsedad de las sombras en las imágenes originales. Iré temprano, haré mi trabajo en veinte minutos y listo.
Maka sopesó la idea unos segundos antes de asentir con reticencia.
—De acuerdo. Pero en cuanto termines, me mandas un mensaje. Si a las nueve no sé nada de ti, llamo a Dani y montamos un operativo de rescate.