LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 36 (Aritz)
44%

CAPÍTULO 36 (Aritz)

A las cuatro de la tarde, el aire de la calle ya olía a humedad de tormenta.

Iba conduciendo la furgoneta del estudio por la travesía cuando sonó el teléfono por el manos libres. Era el número del colegio de Liam. El estómago se me apretó instintivamente, un reflejo condicionado de los años en los que cualquier llamada a deshoras significaba que algo se había torcido.

—¿Aritz? Habla Sonia, la tutora de Liam —dijo la voz al otro lado, con un murmullo de patio de colegio de fondo.

—Sí, Sonia. Dime. ¿Pasa algo? —pregunté, apretando el volante.

—Nada grave, tranquilo. Es que la madre de Liam ha tenido un imprevisto de última hora en el trabajo y no va a llegar a tiempo para recogerlo a las cuatro y media. Nos ha pedido que te avisemos por si te venía bien hacerte cargo tú del resto del día.

Giré en la siguiente rotonda sin pensarlo dos veces.

—Voy para allá. Llego en diez minutos.

Cuando aparqué frente a las verjas de hierro del colegio, los niños ya estaban saliendo en tropel. Liam me vio desde el porche, con su mochila de dinosaurios colgada a la espalda y los cordones de una zapatilla desatados. En cuanto me reconoció, echó a correr hacia la puerta saltándose los charcos.

—¡Papá! —gritó, abalanzándose sobre mis piernas.

Lo cogí en brazos, sintiendo el peso de sus nueve años, el olor a tiza y a lana de su jersey. Fue como si de golpe todo el aire viciado de la mañana en la firma de abogados, los reproches de Naia y el cansancio de la consulta con Marta se disiparan.

—Hola, fiera —le dije, dándole un beso en el pelo y bajándolo al suelo para atarle el cordón—. ¿Qué tal el colegio?

—¡Bien! Dibujamos un mapa del mar —dijo emocionado, enseñándome las manos manchadas de cera azul—. ¿Podemos ir al estudio con Dani?

—Podemos ir —sonreí, pasándole la mano por la cabeza—. Pero primero hay que merendar.