LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 30 (Aritz)
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CAPÍTULO 30 (Aritz)

Ahí estaba. Con su chaqueta impecable de marca, su libreta de trabajo en la mano y esa expresión de estupefacción que solo pone la gente cuando se le rompe el esquema del día.

El impacto fue mutuo, un choque frontal a trescientos kilómetros por hora.

Ninguno de los dos esperaba encontrarse al otro al cruzar esa puerta de cristal.

Me quedé helado a dos metros de ella, apoyado contra la mesa de reuniones.

El olor a perfume caro y el zumbido antiséptico del aire acondicionado de la oficina acabaron de rematar la escena.

—¿Naia? —la voz me salió más áspera de lo que pretendía.

—Aritz... ¿qué hace tú aquí? —preguntó ella, dando un paso impulsivo hacia atrás, mirando a su alrededor como si temiera que las paredes tuvieran ojos—. Maka me dijo que venía un perito... un fotógrafo externo...

Solté una risa amarga, corta, negando con la cabeza.

—Trabajo para la aseguradora, Naia. Llevo tres semanas haciendo los informes técnicos del taller. ¿De verdad creías que el fotógrafo del que te hablaba tu compañera era un desconocido?

—¡No tenía ni idea! —se defendió de inmediato, apretando la libreta entre sus dedos con los nudillos blancos—. ¡Si hubiera sabido que eras tú jamás habría bajado a esta sala!

—Claro que no habrías bajado —le espeté, dando un paso hacia adelante y cruzándome de brazos—. Habrías cancelado la reunión. Habrías mandado a un ayudante para no tener que cruzarte con la oveja negra de tu familia en tu oficina impecable.

—¡No me hables así, Aritz! —dijo ella en un susurro rabioso, bajando el tono pero apretando los dientes—. Esto es mi centro de trabajo. No puedes venir aquí a montar un espectáculo.

—Yo no he venido a montar nada. He venido a entregar mi trabajo —le dije, señalando la carpeta negra sobre la mesa de cristal—. La que se pone a la defensiva en cuanto me ve eres tú. Como siempre.