LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 11 (Naia)
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CAPÍTULO 11 (Naia)

El café de los miércoles con Maka en la terraza cubierta de la plaza siempre mantenía el mismo ritmo, pero esta vez se sentía distinto.

Maka llegó diez minutos tarde, soltando el maletín sobre la mesa con el cansancio pegado a los hombros tras una mañana entera en los juzgados.

—Si vuelvo a ver a un procurador sonreírme hoy, le pido una orden de alejamiento —dijo sentándose de golpe y pidiendo un café solo al camarero que pasaba por allí.

—Te dije el otro día que no te complicaras con ese caso de familia —le recordé, dando un sorbo a mi té.

Maka agitó la mano en el aire, restándole importancia.

—Qué va, si al final ha salido bien. Te conté el otro día que había contratado al fotógrafo ese que me recomendó el tatuador, ¿no?

—Sí, me lo dijiste —respondí, manteniendo la mirada fija en mi taza para que no notara el leve cambio en mi tono de voz.

—Pues es un tipo curioso —comentó Maka, apoyando las manos en la mesa mientras esperaba el café—.

Analizó cincuenta fotos en una tarde. Pero tiene algo...

no sé. Una especie de peso encima que se le nota en la forma de andar, en cómo mira las cosas.

Le dio un vuelco al caso, pero a él se le ve hecho polvo.

De esos tíos que parece que llevan años intentando apagar un incendio por dentro.

Sentí una punzada helada en el estómago. Sabía perfectamente a quién estaba describiendo, aunque ella no tuviera la menor idea de que estaba hablándome de mi propio hermano.

—Hay gente que no sabe apagar sus propios incendios, Maka. Solo aprenden a vivir entre las cenizas —dije en voz baja.

Maka me miró unos segundos, entornando los ojos con esa capacidad suya tan afilada para calar a las personas.

—Qué poética te pones a veces, Naia. Pero no le falta razón a tu frase. A veces me da la sensación de que a ese chaval le falta alguien que le dé un sacudón de verdad. En fin... me dijo el tatuador que el perito tuvo una época jodida hace un tiempo. Caídas feas.

Apreté los dedos alrededor de la taza hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

—Mikel siempre dice que cada uno tiene que hacerse cargo de sus propios errores —intervine rápidamente, buscando refugio en la lógica fría de mi pareja para no desmoronarme.

Maka soltó una carcajada corta y sin ganas.

—Mikel vive en un mundo donde la gente no se equivoca, Naia. Pero la realidad es bastante más sucia.

No contesté. Cambiamos de tema y empezamos a hablar de las fechas de las vacaciones de agosto, pero la sensación de urgencia y de culpa retenida me acompañó durante todo el camino de vuelta a la oficina.