LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 7 (Naia)
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CAPÍTULO 7 (Naia)

Cuando llegué a casa, Mikel estaba en el estudio terminando de rellenar unos formularios de la gestoría.El suelo del salón estaba limpio. El mueble que habíamos montado el fin de semana presidía la pared, perfectamente recto, con los libros alineados por orden de altura.Entré sin hacer ruido.

-Hola, cariño -dijo, levantando la vista y dedicándome una sonrisa limpia, de las que transmiten que el mundo es un lugar donde nunca pasa nada grave.Se levantó para darme el beso de siempre.

Olía a su colonia de los sábados. A orden.

-¿Qué tal con Maka? -preguntó, volviendo a ordenar sus folios en una carpeta transparente.

-Bien. Estaba estresada con un caso de familia.

Ha contratado a un fotógrafo forense para desmontar unas pruebas.Mikel asintió mientras cerraba la carpeta.

No le gustaban los problemas que no podían resolverse con una llamada o una decisión clara; aun así, cuando yo tenía una dificultad práctica, era el primero en ofrecerse a solucionarla.

-Maka se busca unos problemas... Con lo fácil que es divorciarse de mutuo acuerdo y no complicarse la vida.

En fin, tú no pienses en eso. Bastante tienes con el trabajo como para cargar con dramas ajenos.

No lo dijo para hacerme daño. Mikel había crecido en una casa donde los problemas se hablaban a la hora de cenar y al día siguiente se seguía con lo previsto.

Cuando algo se torcía, buscaba una solución concreta; era una de las cosas que yo había admirado de él.

También era la que más me costaba explicarle ahora.

—Si te hace daño, pon distancia. Bastante hiciste —me había dicho más de una vez.

Para él, cuidar de mí significaba evitar que volviera a sufrir.

No sabía qué hacer con un dolor que yo misma no quería dejar atrás.

Aquella mañana había dejado preparado mi café en el termo porque sabía que saldría con prisa.

No me preguntó si lo quería; lo había hecho como siempre.

-Sí, supongo -le contesté, dejando el bolso en el recibidor.-He reservado en el italiano nuevo del centro -añadió, mirándome con su habitual optimismo práctico-. A las nueve y media. Así nos despejamos y celebramos que ya tenemos el salón terminado. ¿Te apetece?-Claro. Me cambio en un momento.

Me fui a la cocina a preparar un vaso de agua. Mientras el grifo corría, el teléfono vibró en el bolsillo de mi pantalón.Era un archivo de audio de WhatsApp.Liam.

Miré hacia el pasillo. Escuchaba a Mikel en el baño, lavándose los dientes con parsimonia, silbando una melodía cualquiera. Su vida no tenía grietas.Pulsé el play muy bajo, pegando el altavoz de mi móvil a la oreja.

-Hola, tía Nai -la voz del niño sonaba entusiasmada, se escuchaba un ruido de fondo, como de coches-.

Estoy con el trabajo del cole otra vez. Papá me ha dicho que antes la música no estaba en el móvil, que la escuchabais en unos discos que se llamaban CD y que os sabíais todas las canciones de memoria.

Dice que había una que cantabais siempre que iba de una guerra.

¿Eso es verdad? ¿Cómo se llamaba? Es para buscarla. ¡Adiós!

El audio terminó con un chasquido.Me quedé quieta, con el vaso de agua a medio llenar en la mano.

La canción de la guerra.Hacía casi veinte años que no pensaba en aquel CD de la carátula rayada.

Aritz y yo nos lo turnábamos en el radiocasete del coche y cantábamos “No dudaría” a gritos, desafinando en los estribillos.

La letra hablaba de no volver a usar la violencia. Entonces nos parecía fácil prometerlo.

-¿Estás lista, Naia? -preguntó Mikel desde el pasillo, ya con la chaqueta puesta, impecable-. Si salimos ya, podemos ir dando un paseo tranquilo.-Sí, dame un segundo -respondí, bloqueando la pantalla.

Miré el chat de Liam.Mikel prefería dejar el pasado quieto. Yo también lo había preferido durante años. Guardé el móvil cuando oí sus pasos en el pasillo.

Pero Liam no me estaba pidiendo que arreglara el pasado. No me pedía que salvara a su padre, ni que pidiera perdón, ni que cambiara mi vida perfecta.Solo quería saber el nombre de una canción para un trabajo del colegio. Era una pregunta limpia. Sin trampas.

Pulsé el botón de grabar audio antes de salir de la cocina. Mi voz sonó más baja de lo normal, en un susurro que Mikel no alcanzara a escuchar desde la puerta.

-Hola, Liam. Sí, tu padre tiene razón. El disco era un CD y lo llevábamos siempre en la guantera.

La canción es de Antonio Flores y se llama “No dudaría”.

Es la que dice eso de... si pudiera olvidar todo aquello que fui.

Nos poníamos muy pesados cantándola. Dile a tu padre...

dile que me alegro de que todavía se acuerde de ese disco. Un beso, mi amor.

Le di a enviar justo cuando Mikel asomaba la cabeza por la cocina, con su sonrisa de siempre, listo para una noche perfecta, predecible y sin un solo incendio.