LA ÚLTIMA VERSIÓN DE NOSOTROS CAPÍTULO 4 (Naia)
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CAPÍTULO 4 (Naia)

Esperé a que Liam desapareciera por el portal antes de arrancar. Lo vi girarse una última vez para saludar con la mano y respondí del mismo modo. Después la puerta se cerró y la calle volvió a quedarse igual que unos segundos antes, demasiado tranquila para ser domingo por la tarde.

Ane seguía allí. Había dejado la mochila apoyada en el suelo mientras buscaba las llaves en el bolso.

-Gracias por traerlo.

-No había mucho que traer. Ha venido dormido medio camino.

Ella sonrió.

-Eso es porque contigo no se calla nunca.

-Eso también.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

No era uno de esos silencios incómodos que aparecían al principio, cuando todavía intentaban averiguar cómo hablarse después de separarse.

Era un silencio distinto, casi aprendido.

El de dos personas que habían dejado de ser pareja sin dejar de conocerse demasiado bien.

-¿Cómo estás? - me preguntó Ane.

Tardé un instante más de lo normal en responder.

-Bien.

Ella asintió despacio, como si aceptara la respuesta únicamente porque ya sabía que no iba a obtener otra.

-Si algún día necesitas algo...

Sonreí con cansancio.

-Lo sé.

Liam abrió la puerta desde dentro y asomó la cabeza.

-¡Papá! ¿El viernes traemos otra vez la cámara?

-Claro.

-Pero esta vez voy a hacer una foto en la que no salgas respirando.

Solté una carcajada.

-Lo intentaré.

El niño volvió a desaparecer escaleras arriba mientras Ane negaba con la cabeza.

-No sé de dónde ha sacado ese sentido del humor.- y me dio cariñosamente con el codo.

-Yo tampoco.

Ella me miró un segundo más antes de entrar al portal.

-Cuídate.

-Tú también.

Volví al coche y conduje despacio hasta casa. Pensé en tomarme un café, pero no me apetecía. Lo tomaría en casa.

Llegué a casa, puse una lavadora, recogí los juguetes, doblé la ropa… Fui dando vueltas por la casa sin un rumbo claro hasta sentarme delante del ordenador para descargar las fotografías.

Había una de Dani, Liam y yo. Estaba torcida, mal encuadrada y medio cortada, pero también era la única en la que los tres salíamos riéndonos sin mirar a la cámara.

Decidí imprimirla.

Era la primera fotografía de verdad que había hecho Liam. La mía era técnicamente mucho mejor, perfectamente encuadrada, con la luz donde debía estar. Pero aquella era la importante. Algún día él también entendería por qué.

Abrí el cajón.

Miré el bote de pastillas.

No lo cogí.

Cerré el cajón.

Después abrí WhatsApp.

Manu: El viernes tienes hora en el centro. Voy contigo.

Sonreí. Como siempre, no era una pregunta. Era una afirmación.

Yo: No hace falta. Ya voy yo. Estoy bien.

Manu: No te he preguntado cómo estabas. Te recojo a las diez y desayunamos juntos.

Dejé el teléfono sobre la mesa.

Ni un mensaje de Naia.

Suspiré.

Seguía sin entender por qué Liam no había elegido a Dani para el trabajo. Era lo primero que me había venido a la cabeza cuando la profesora lo explicó. Quizá solo era lógica de adulto. O quizá me estaba perdiendo algo.