La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

Después hablaron del equipo, de la documentación pendiente y del tiempo que calculaban que necesitarían para cerrar el trabajo en Las Hurdes.

Cuando terminó la llamada, Mara vio a Andrés esperándola unos metros más allá.

—¿Qué ha dicho?

—Que mejor sin confesión.

—Empiezo a pensar que os ponéis de acuerdo sin avisarme.

—No sería difícil.

La noticia llegó a Ayuda Sierra Norte antes de que pudieran hablar con Lucía.

No se habían difundido todos los detalles, pero en una comarca pequeña bastaban los vehículos oficiales, una detención y una comparecencia judicial para que empezaran los comentarios.

Lucía llamó a Noelia.

—¿Es Daniel?

Noelia miró a Mara antes de responder. Mara asintió.

—La investigación se centra en él y ha pasado a disposición judicial —dijo Noelia—. No podemos darte más detalles por teléfono.

—¿Y Teresa?

Noelia tardó un instante.

—¿Qué quieres decir?

—Si ya sabéis qué le pasó.

Mara cogió el teléfono.

—Sabemos que Teresa no murió por el accidente.

—Eso ya me lo habíais dicho.

—Ahora podemos sostener que la agresión ocurrió antes y que la salida de vía se preparó después para ocultar lo sucedido. La investigación ha reunido indicios suficientes para atribuir esa secuencia a Daniel.

Del otro lado no se oyó nada durante unos segundos.

—¿Por las facturas?

—Las facturas explican el conflicto. No demuestran por sí solas el homicidio.

—Entonces, ¿qué lo demuestra?

Mara miró a Noelia y Andrés.

—Los tiempos, los recorridos, el lugar hacia el que Teresa se dirigió, los materiales, la lesión y las contradicciones de Daniel. Todo junto.

Lucía respiró.

—Teresa solo quería hablar con él.

—Eso indica la documentación.

—Cinco minutos.

Mara recordó el mensaje.

—Sí.

Lucía no preguntó nada más.

Elena fue más difícil.

La citaron en dependencias para evitar que recibiera la información a través de rumores deformados. Mara prefirió hablar con ella personalmente.

Elena llegó con los brazos cruzados y una expresión de desconfianza que cambió en cuanto vio a Mara.

—Es él.

No sonó a pregunta.

Mara le pidió que se sentara.

—La investigación ha reunido indicios suficientes para atribuir a Daniel la agresión que causó la muerte de Teresa y la posterior simulación del accidente. Hoy ha pasado a disposición judicial.

Elena no reaccionó de inmediato.

—¿Ha dicho por qué?

—No ha confesado.

—Entonces, ¿cómo lo sabéis?

Mara se tomó unos segundos.

No quería recitarle el caso entero ni darle una respuesta vacía.

—Teresa iba a hablar con él porque estaba revisando sus facturas.

Hemos podido reconstruir hacia dónde se dirigió después de la visita a Mateo y cuándo salió Daniel de su último trabajo.

Los dos podían coincidir en una pista donde aparecen elementos compatibles con Teresa, su coche y la furgoneta de Daniel.

Además, sabemos que la lesión que la mató ocurrió antes de la Curva y que el coche fue utilizado después para preparar una apariencia de accidente.

Elena tragó saliva.

—¿La mató por dinero?

—El conflicto empezó por una revisión profesional y económica. No podemos saber qué palabras se dijeron ni en qué momento exacto comenzó la agresión.

—Pero fue él.

Mara sostuvo su mirada.

—La investigación lo atribuye a él por el conjunto de pruebas e indicios.

Elena bajó la cabeza.

—Yo pensé que podía haber sido cualquiera.

—Tuvimos que comprobarlo.

—Hasta yo.

Mara no negó.

—También.

Elena soltó una risa breve que se apagó enseguida.

—Teresa habría odiado todo esto.

—Probablemente.

—Que mirarais sus papeles, su casa, sus llamadas.

Mara pensó en los últimos días.

—Seguramente.

Elena levantó la vista.

—Pero también habría querido que lo hicierais bien.

Aquello sonaba más a Teresa que muchas de las frases que habían escuchado sobre ella.

—Eso hemos intentado.

Elena se marchó poco después.

No hubo abrazo.

Mara regresó a la sala donde Noelia terminaba de ordenar los últimos documentos. Andrés estaba borrando la pizarra y había empezado por la columna de inferencias.

—Déjala hasta mañana —dijo Mara.

—¿Para qué?

—Todavía tenemos que trasladar bien todo a los documentos de cierre.

Andrés dejó el borrador.

—Eso es muchísimo menos emocionante.

—Y bastante más útil.

Noelia levantó la vista.

—A mí me parece emocionante.

—Tú no cuentas.

—Eso explicaría muchas cosas.

La conversación se perdió entre carpetas, firmas y ordenadores.

Mara agradeció que fuera así.

No quería que la resolución convirtiera de pronto al equipo en personas distintas de las que habían sido durante toda la investigación. Habían trabajado, discutido, corregido hipótesis y esperado informes.

Ahora les tocaba cerrar.

Al salir, el aire olía a tierra húmeda.

Las nubes se habían abierto sobre las laderas y dejaban zonas de luz entre los barrancos. Mara caminó hasta el coche sin prisa.

Pensó en la primera vez que había visto la Curva del Castañar.

Un coche fuera de la carretera, una carretera estrecha, humedad y un trazado capaz de ofrecer una explicación sencilla.

Lo que había desmontado aquella apariencia no había sido una intuición brillante.

La lesión los obligó a buscar un lugar anterior; la dirección de Teresa y el cierre de Los Barreros estrecharon los tiempos; la pista del molino proporcionó una geografía posible; los materiales relacionaron vehículos y terreno; las facturas explicaron el conflicto; y las respuestas de Daniel terminaron chocando con aquello que la realidad física permitía reconstruir.

Ninguna pieza habría bastado por separado.

Juntas habían llevado el caso hasta el juzgado sin necesidad de una confesión.

Mara abrió el coche, pero no arrancó enseguida.

Todavía quedaban informes, entregas de material, coordinación con la UOPJ y documentación por devolver. El cierre siempre parecía menos importante desde fuera de lo que era para quienes habían estado dentro.

Después volvería a Madrid.

Antes quería pasar por Peñahonda.

Y probablemente una vez más por la carretera de la Curva.

No para comprobar nada.

Solo para verla sabiendo ya por qué aquella primera apariencia no había resistido.