Capítulo 28 #3
—El valor de la diligencia es otro. Ha podido responder a los elementos nuevos y no ha aportado ninguna explicación verificable que los integre.
—Exacto.
—Eso no es una prueba nueva.
—No.
—Pero deja cerrada esta fase.
Mara asintió.
A primera hora de la tarde empezaron el informe de integración para el juzgado.
Noelia quiso abrir con la cronología, pero Mara la detuvo.
—Primero el objeto del informe.
El instructor escribió:
Valoración conjunta de indicios relativos a la muerte de Teresa Roldán Vega y a la posterior simulación de un accidente de tráfico.
Sin adjetivos.
Después incorporaron los bloques: la lesión previa a la salida de vía, la conversación profesional pendiente, la dirección tomada por Teresa, el cierre de Los Barreros, la hora inicial dada por Daniel y su posterior corrección, los tiempos de recorrido, la pista del molino, los materiales compatibles en Teresa y en su vehículo, la negación de Daniel, los materiales hallados en la furgoneta, el motivo documentado, el repostaje de las 19:06 y el cierre de las otras líneas de investigación.
Al final añadieron la diligencia de aquella mañana.
Daniel había mantenido sus negativas y ofrecido explicaciones separadas, pero no había aportado una secuencia alternativa verificable que integrara los datos.
Mara leyó la frase dos veces.
—Así sí.
El lenguaje importaba.
Daniel no tenía obligación de demostrar su inocencia. La carga seguía estando del lado de la investigación.
Solo podían recoger qué había declarado y cómo encajaba con el resto.
El instructor habló con el juzgado.
La conversación fue breve.
Después dejó el teléfono.
—Quieren el informe completo antes de decidir cualquier medida.
Mara asintió.
—Normal.
—Lo tendrán hoy.
—Sin sacrificar la revisión.
Desde el ordenador, Noelia levantó la vista.
—Gracias.
Andrés sonrió por primera vez desde la entrevista.
La tensión bajó algo.
A las cinco, el informe estaba terminado.
Cuarenta y dos páginas con anexos.
Mara fue directamente a la conclusión provisional.
Los indicios disponibles situaban a Daniel Paredes Llorente como la única persona que reunía contacto acordado con la víctima, motivo documentado, oportunidad temporal suficiente, capacidad de desplazamiento compatible, una contradicción relevante en su versión horaria, vínculo material con el escenario probable y una negación específica sobre dicho escenario.
La lesión mortal de Teresa era anterior al episodio de carretera.
El vehículo había sido utilizado después en una secuencia compatible con la simulación de un accidente.
La pista del molino resultaba el escenario probable de la agresión por la convergencia entre dirección, tiempos y materiales.
La secuencia reconstruida era físicamente compatible con los intervalos objetivos y con el repostaje de las 19:06.
Mara señaló una frase.
—Aquí deja claro que «escenario probable» es una conclusión integrada, no una identificación material exclusiva.
Noelia corrigió el párrafo.
—Mejor así.
Mara volvió a leerlo.
Ahora sí.
Enviaron el informe a las seis menos cuarto.
Después no ocurrió nada.
Andrés fue a por café. Noelia revisó que los anexos hubieran salido completos. Mara se quedó junto a la ventana mientras empezaba a oscurecer.
Pensó en la Curva del Castañar y en el primer día, cuando el coche parecía ofrecer una explicación demasiado sencilla para la muerte de Teresa.
Habían tardado más de una semana en desmontar aquella apariencia.
No lo habían hecho con una prueba brillante, sino con pequeñas resistencias que terminaron apoyándose entre sí: una dirección que no correspondía, una lesión anterior a la salida de vía, una hora que cambiaba, una pista físicamente viable, materiales compatibles y una negación concreta que había adquirido peso cuando la furgoneta aportó su propia información.
También había cinco personas que habían mentido por razones completamente distintas del homicidio.
La investigación no dependía de una pieza perfecta.
Dependía de que cada nuevo dato redujera el número de explicaciones capaces de sostener todo el conjunto.
A las seis y veinte, el instructor llamó desde el pasillo.
Mara salió.
—El juzgado ha recibido el informe.
—Bien.
—Van a resolver sobre la medida.
—De acuerdo.
Él la miró.
—¿Nada más?
—¿Qué quieres que diga?
—No sé. Que hemos llegado.
Mara miró la puerta de la sala donde Daniel había declarado aquella mañana.
—Todavía falta comprobar que lo que hemos construido aguanta fuera de esta mesa.
El instructor asintió.
Eso era lo único que importaba ahora.
Antes de marcharse, Mara volvió a la pizarra del día anterior.
HECHOS ACREDITADOS.
INFERENCIAS.
Seguía intacta.
Añadió una última línea:
Daniel mantiene su negativa. Sus explicaciones parciales no aportan una alternativa verificable que integre el conjunto.
Se quedó mirándola unos segundos.
La investigación ya no dependía de que Daniel confesara, se contradijera de forma espectacular o les diera una pieza que faltaba.
El caso tenía que sostenerse con lo que habían probado y con las inferencias que podían defender.
Eso era lo que llegaba ahora al juzgado.