La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Daniel miró a su abogada.

—¿Ves?

Ella no respondió.

Mara siguió.

—Con la hora de salida que diste inicialmente, alrededor de las 17:45, esa misma secuencia queda muy comprimida y apenas deja margen para un encuentro, una agresión y lo que ocurriera después.

Daniel se tensó.

—Porque os habéis inventado el encuentro.

—Los mensajes no están inventados.

—No dicen dónde.

—No.

—Ni dicen que nos viéramos.

—Tampoco.

—Entonces estáis montando una historia.

Mara dejó que la frase quedara en la sala.

—Estamos comprobando si puedes ofrecer una explicación alternativa que integre los mismos hechos.

Daniel abrió las manos.

—Ya la he dado.

—Dámela completa.

—Salí de Los Barreros. Fui al taller. Reposté.

—¿Y Teresa?

—No la vi.

—¿Y el material de tu furgoneta?

—De antes.

—¿Y el material compatible en el coche y el calzado de Teresa?

—No sé. Ella podía entrar por caminos.

—¿Y la lesión anterior a la Curva?

—No sé quién le hizo eso.

—¿Y que la pista que niegas usar ese martes sea precisamente el lugar que mejor encaja con la dirección de Teresa, los tiempos y los materiales?

Daniel miró a Mara.

—Casualidad.

Nadie habló durante unos segundos.

La abogada rompió el silencio.

—Mi cliente no tiene obligación de explicar hechos que desconoce ni de proponer un autor alternativo.

—Correcto —dijo Mara.

—Entonces deje constancia de que niega haber visto a Teresa, niega haber estado en la pista esa tarde y desconoce el origen de los restos hallados en la víctima.

—Quedará.

Daniel habló antes de que Mara pudiera seguir.

—Y el barro es viejo.

Su abogada lo miró.

—Daniel.

—Es viejo.

Mara se inclinó apenas.

—¿Cómo lo sabes?

Daniel abrió la boca y tardó en contestar.

—Porque estuve allí hace meses.

—No has podido precisar cuándo.

—Hace meses.

—¿Y puedes saber que esos restos proceden de aquella visita?

Daniel cambió la formulación.

—Pueden proceder de entonces.

—Eso sí es distinto.

La abogada intervino.

—Está planteando una posibilidad, no afirmando una fecha.

—De acuerdo.

Mara anotó.

El cambio de «es viejo» a «puede ser antiguo» no resolvía nada. Tampoco constituía una contradicción decisiva.

Era simplemente otra explicación posible.

La pausa llegó a petición de la defensa.

Daniel salió al pasillo con su abogada.

Mara se quedó con el instructor, Noelia y Andrés.

—No va a cambiar la versión —dijo Andrés.

—No necesitamos que la cambie.

—Ha contestado a cada pieza por separado.

Noelia miró la hoja de cuatro bloques.

—Pero no ofrece una explicación conjunta que podamos verificar.

El instructor apoyó los brazos en la mesa.

—Procesalmente no tiene obligación de hacerlo.

—Lo sé —dijo Mara.

—Entonces la diligencia ya ha cumplido su función.

Mara asintió.

Daniel había tenido la oportunidad de responder a los elementos que habían cambiado de valor desde sus primeras declaraciones. No habían buscado agotarlo ni provocar una contradicción. Tampoco le habían ocultado una prueba para sorprenderlo.

Sus explicaciones seguían siendo las mismas: error de memoria, taller sin testigos, encuentro no cerrado, restos antiguos, Teresa podía haber estado en otro camino y desconocimiento de quién la agredió.

Cada una podía existir aisladamente.

La cuestión era si podían mantenerse todas a la vez sin exigir una cadena de coincidencias.

Noelia señaló sus notas.

—¿Le preguntamos directamente por el traslado?

Mara pensó unos segundos.

—Sí. Sin describirle nuestra reconstrucción.

Cuando regresaron, Daniel parecía más distante.

Mara fue directa.

—¿Condujiste el coche de Teresa el martes?

—No.

—¿Entraste en él en algún momento?

—No.

—¿La moviste después de que resultara herida?

—No.

La abogada dejó el bolígrafo.

—¿Estuviste en la Curva del Castañar antes de que apareciera el coche?

—No.

—¿Regresaste andando desde la Curva hacia la pista del molino?

Daniel soltó una risa breve.

—No.

—¿Recuperaste allí tu furgoneta?

—No.

—¿Hiciste alguna parada entre tu supuesto paso por el taller y la estación de servicio que no hayas declarado?

—No.

—¿Viste a Teresa después de que saliera de casa de Mateo?

—No.

La serie de negativas quedó limpia.

La abogada intervino.

—¿Hay alguna pregunta más sobre hechos concretos?

Mara miró la hoja.

—Una.

Volvió a Daniel.

—¿Por qué cambiaste tu estimación de salida de Los Barreros después de conocer el registro de las 17:18?

Daniel apretó los labios.

—Porque me di cuenta de que recordaba mal.

—¿Antes de conocer el registro no tenías ninguna razón para pensarlo?

—No.

—¿Y después sí?

—Pues claro.

—¿Qué te hizo recordar con más seguridad la parada en el taller?

La pregunta lo incomodó.

—Ya lo recordaba.

—En la primera declaración dijiste que podía haber sido antes o después del repostaje.

Daniel miró a su abogada.

Ella buscó el pasaje en una copia.

—Es correcto —dijo.

Daniel bajó la vista.

—Pues me acordaría después.

—¿De qué exactamente?

—De dejar material.

—¿Qué material?

—Herramientas.

—La otra vez hablaste de cajas y herramienta.

—Eso.

—¿Qué cajas?

Daniel levantó la voz.

—No sé qué cajas. Han pasado días.

Su abogada le tocó el brazo.

—No hace falta que especifiques si no lo recuerdas.

Mara asintió.

—Exacto.

La tensión bajó.

No había aparecido una contradicción espectacular. Solo una versión cuyos detalles se habían ido modificando a medida que surgían anclajes objetivos.

Eso ya estaba documentado.

Mara sacó la última hoja.

No contenía una prueba nueva, sino un resumen de lo que debían integrar.

—Voy a exponer la secuencia que estamos comprobando. No tienes obligación de aceptar nada. Si consideras que algún dato es falso, puedes decirlo.

La abogada frunció el ceño, pero no se opuso.

Mara continuó.

—Sales de Los Barreros poco después de las 17:18.

No ves a Teresa, a pesar de que habíais hablado de veros y ella te había dicho que estaba cerca.

Dices que vas al taller, aunque no existe ningún registro ni testigo que confirme esa parada.

La pista del molino es compatible con la dirección de Teresa y con material hallado en su calzado y en su coche.

Tu furgoneta conserva material compatible con ese mismo terreno, aunque niegas haber estado allí el martes.

Teresa sufre una lesión mortal antes de la Curva y su coche aparece después en una salida de vía de baja energía.

A las 19:06 repostaste dentro de una franja que permite físicamente ir desde Los Barreros hasta la pista, desde allí a la Curva, regresar y alcanzar la estación.

Daniel la miraba fijamente.

—¿Qué parte de todo eso puedes explicar de manera verificable sin depender de varias coincidencias?

La abogada intervino de inmediato.

—Mi cliente no tiene obligación de responder a una pregunta argumentativa.

—Correcto.

Mara miró a Daniel.

—Puedes no contestar.

Él tardó unos segundos.

—No maté a Teresa.

Mara no se movió.

—Constará.

—No la vi.

—También.

—No estuve en esa pista.

—También.

—Y no sé qué queréis que diga.

Su voz había cambiado, más por desgaste que por miedo.

Mara cerró la carpeta.

—No buscamos una frase concreta. Queríamos darte la oportunidad de explicar los elementos que se han acumulado.

—Ya los he explicado.

—Has dado una explicación para cada uno.

—Porque son cosas distintas.

Mara lo miró.

—Eso quedará reflejado.

La diligencia terminó a las once y cuarenta y tres.

Daniel revisó el acta con su abogada y firmó donde correspondía.

La defensa pidió que constara expresamente que negaba haber visto a Teresa aquella tarde, haber utilizado la pista del molino el martes, haber conducido el coche de la víctima y haber intervenido en la salida de vía.

También quedó recogido que atribuía su primera hora de salida a un error de memoria, que mantenía haber pasado por el taller y que consideraba posible que los restos de la furgoneta procedieran de usos antiguos de caminos rurales, incluida la pista del molino.

No hubo confesión ni derrumbe.

Tampoco apareció una frase capaz de resolver el caso por sí sola.

Mara no la esperaba.

Daniel salió con su abogada sin mirar atrás.

El instructor cerró la puerta.

—Ya está.

Andrés permaneció de pie.

—Pensaba que en algún momento iba a...

No terminó la frase.

Mara sabía qué había esperado: quizá una grieta, una respuesta mal colocada o un cambio evidente que convirtiera la entrevista en el final del caso.

No necesitaban nada de eso.

—Ha mantenido su negativa —dijo Noelia.

—Sí.

—Y sus explicaciones siguen siendo las mismas: memoria, taller, restos antiguos y desconocimiento de lo que le ocurrió a Teresa.

—Sí.

Andrés se sentó.

—Ninguna es imposible.

—Por separado, no.

El instructor recogió el acta.